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(Nociones sobre la muerte) Saludo matinal Martes 3 de diciembre del 2013

Queridos amigos, hola buenos días, todos los días al llegar la noche nos disponemos al descanso, y no siempre lo conseguimos, porque muchas veces perturbados por los acontecimientos del día, no conseguimos serenarnos y padecemos como cuando estamos en vigilia. Todos “moriremos un día” y dicen que lo hacemos todas las noches, que es una experiencia tan natural que muchos ni se dan cuenta de que están muertos, que suele parecerse al trance del sueño, solo que el hilo que nos mantiene unido al cuerpo para retornar a la vida, en el caso de la muerte ya no está.

La muerte no es una opción, ni una posibilidad. Es una certeza. Es curioso señalar que en nuestro tiempo solo nos preocupamos de la


Educación para la Vida. Nos olvidamos de que vivimos para morir. La muerte es nuestro fin inevitable. Generalmente llegamos a ella sin prepararnos, las religiones nos preparan, bien o mal, para la otra vida. Y después que morimos encomiendan nuestro cadáver a los dioses, como si él no fuese precisamente aquello que dejamos en la Tierra al morir, el fardo inútil que no sirve para más nada. Quien primero se preocupo por la Psicología de la Muerte y de la Educación para la Muerte, en nuestro tiempo, fue Allan Kardec. El realizó una pesquisa psicológica ejemplar sobre el fenómeno de la muerte. Por años consecutivos habló al respecto con los espíritus de los muertos. Y, considerando al sueño como hermano o primo de la muerte, investigó también a los espíritus de personas vivas durante el sueño. Esto porque, según verificó, los que duermen salen del cuerpo durante el sueño. Algunos salen y no vuelven: mueren. Llegó, con anticipación de más de un siglo, a esta conclusión a que las ciencias actuales también llegaran, con la misma tranquilidad de Sócrates, a la conclusión de Víctor Hugo: “Morir no es morir, sino solo mudarse”. El mayor pavor de la muerte proviene de la idea de soledad y oscuridad. Mas los teólogos creyeron que esto era poco y oficializaron las leyendas remotas del Infierno, del Purgatorio y del Limbo, a las que no escapan ni siquiera los niños muertos sin bautizar. La muerte transforma al hombre en cadáver, lo tacha del número de los vivos, le quita todas las posibilidades de acción y, por lo tanto, de significación en el medio humano. “El muerto está muerto”, dicen los materialistas y la población ignorante. Jesús enseñó y probó que la muerte se resuelve en la Pascua de la resurrección, que ninguno muere, que todos tenemos el cuerpo espiritual y viviremos más allá del túmulo como vivos más vivos que los encarnados. Pablo de Tarso proclamó que el cuerpo espiritual es el cuerpo de la resurrección (Cap. 12 de la primera Epístola a los


Corintios), mas la permanente imagen del Cristo crucificado, de las procesiones absurdas del Señor Muerto, – herejía clamorosa –, las ceremonias de la Vía-Sacra y las imágenes aterradoras del Infierno Cristiano – más impío y brutal que los Infiernos del Paganismo – marcados a fuego en la mente humana a través de dos milenios, aplastan y envilecen al alma supersticiosa de los hombres. En vano el Cristo enseñó que las monedas de César solo valen en la Tierra. Hace dos mil años estas monedas impuras vienen siendo aceptadas por Dios para el rescate de las almas condenadas. L criatura humana es un ser definido, que se refleja en el mundo en su consciencia y se ajusta a él, no para permanecer en él, mas para conquistarlo, sacar de él el jugo de las experiencias posibles y transcenderlo, o sea, pasar más allá de él. El hombre que vive sin tomar conocimiento de este proceso no ha vivido, pasó apenas por la vida, como dice el poeta: “Pasó por la vida y no vivió”. Una criatura así no ha entrado aún en la especie humana, no se ha integrado en ella. La integración se hace por la educación, y por esto la Educación para la Vida será la primera en serle dada. En esta educación el ser se amolda al mundo, comenzando por la educación familiar, en el hogar, y pasando después por la educación social en la escuela y por la educación profesional o experiencial, en la cual se hace ciudadano del mundo, apto para escoger su oficio o su que hacer y dedicarse a él. También por esto Simone de Beauvoir observó, con razón, que la Humanidad no es una especie, más si un devenir. “El hombre se completa en la muerte”. “La muerte es la puerta de la Vida”. La muerte libera al ser de las condiciones de la existencia y en él se completa la realidad del ser. La Educación para la Muerte será, por lo tanto, la preparación del hombre durante su existencia, para la liberación de su condicionamiento humano. Liberándose de este condicionamiento, el


hombre se reintegra a su naturaleza espiritual, tornĂĄndose espĂ­ritu, en la plenitud de su esencia divina. Amigos como todos los dĂ­as os deseo un feliz martes, que Dios os bendiga Merchita


Saludo matinal martes 3 de diciembre del 2013 (nociones sobre la muerte)