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(Bendición de la traición) Saludo matinal Lunes 19 de mayo de 2014 Queridos amigos, hola buenos días, una nueva semana se inicia, y esperamos ilusionados poder seguir aquí en este mundo, trabajando y progresando, porque cuando todo se hace con esfuerzo y dedicación es posible realizar el peregrinaje por este planeta y conseguir los logros y objetivos que vinimos a conquistar. Aunque nuestro escenario no sea muy agradable, debemos bendecirlo, porque en el se encuentran todos los intérpretes para realizar la obra que vinimos a realizar. De ahí las palabras de Cristo cuando dicen: “Bendice la mano que te hiere, porque es a través de ella que conseguiremos despertar, mientras estamos bien, no nos acordamos de mirar al Cielo y agradecer todo lo que Dios nos ha dado. La ingratitud es muy normal en el hombre.


Muchas veces nos sentimos decepcionados, con aquellos que nos rodean, y todo es porque no tomamos en cuenta las lecciones del Evangelio, sobre todo cuando la traición viene de un ser querido, en estos terribles tiempos postreros todos tenemos el propio Judas personal; el hermano falso. Asimismo, la traición es la experiencia común de cada hombre a quien Dios ha usado alguna vez para Su gloria. Abel fue traicionado por su único hermano; Esaú por su hermano gemelo; Isaac por su hijo; Urías por su rey en quien confiaba y por su esposa encantadora; Jesús por su discípulo consagrado; Pablo por «falsos hermanos». No necesitamos seguir, porque esta solemne verdad permanece: a menudo son nuestros amigos los que se levantan contra nosotros, y así se multiplican nuestras aflicciones en la vida cristiana. La traición viene de parte de «padres, y hermanos, parientes y amigos». Espantoso, pero real, y por una buena razón. Primero, nuestros enemigos no pueden traicionarnos. Ellos no están lo bastante cerca de nuestros corazones. No somos lo suficientemente íntimos con ellos. Es con nuestros hermanos y amigos que abrimos nuestro corazón. Nuestros enemigos no pueden herirnos; son nuestros amigos los que nos hieren. Así lo expresa Lucas 21:16 El método siempre será el mismo. Primero, nuestros traidores escogerán cuidadosamente la hora. En el caso de Jesús, él fue traicionado en el momento exacto de su vida en que él tenía la mayor necesidad de compañía humana (Marcos 14:37); en la hora de su más grande necesidad; y cuando estaba en el umbral de su mayor obra (el Calvario). Nuestros traidores también conocen el lugar donde atacarnos. Juan 18:2 muestra que Judas sabía el lugar secreto donde Jesús se retiraba. Ellos nos observan y conocen nuestro lugar de agonía y oración; y así, teniendo la ventaja de la intimidad, nos golpean con violencia en el lugar oportuno. Su forma de traición siempre será el beso. Ellos alientan nuestro amor, de modo que pueden golpearnos en el momento más inesperado. La palabra de Dios dice: «Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que de mi pan comía, alzó contra mí el calcañar» (Sal. 41:9). Jesús le dio a Judas total reconocimiento y nunca lo delató como su traidor futuro, sino que se refirió a él como su «amigo». La meditación cuidadosa sobre los eventos que llevaron a la traición, revelará que Jesús ofreció a Judas toda


muestra de amor y no estuvo dispuesto a repudiarlo ni aun en el momento de su crimen. Nuestra obligación no es abrir el corazón a todo hombre que busca entrada a nuestro hombre interior, necesitamos la experiencia de la traición para aprender la verdadera sumisión al Señor. ¿Sabía usted que la mayor oración que un hijo de Dios puede decir es la oración del Hijo perfecto: «Sí, Padre, porque así te agradó» (Luc. 10:21)? Cuando podamos clamar así de lo íntimo de nuestros corazones heridos, sabremos que el aguijón ya se ha ido y que hemos triunfado, porque nuestra sumisión al deseo del Padre en nuestras vidas trae la victoria sobre todo ataque que venga contra nosotros (2ª Cor 2:14). A menudo temblamos bajo el temor de las «consecuencias que esto podría traer a nuestra vida», y olvidamos que en los tiempos angustiosos nada puede dañar a nuestro hombre interior si nos hemos vestido de toda la armadura de Dios. Estas cosas duran sólo un momento comparadas con la eternidad, y un día traerán un eterno peso de gloria. Estas aguas profundas sólo servirán para alzar nuestra mirada de los lazos y «cosas» terrenales, y ponerla en los valores eternos. Al enemigo le gustaría agobiarnos y nublar nuestra razón, conduciéndonos a mirar los detalles horribles de la experiencia exterior; así, mientras nos ocupamos con preocupaciones inútiles sobre lo exterior, somos a veces golpeados con violencia en el hombre interior, y derrotados. Muchos santos han sobrevivido a los ataques exteriores sólo para caer mortalmente heridos por amarguras, resentimientos, malicia, y un corazón rencoroso. En tiempos de traición, los santos deben aprender primero a ceñir los lomos de su mente en Cristo y a apropiarse de toda la armadura de Dios, lo cual realmente significa vestirse de Cristo en toda Su fuerza y poder. A través de la traición somos preparados para la bendición de ser usados alentando a otros en la misma prueba de fe, con la misma consolación que nosotros hemos recibido de Dios (2ª Cor 1:4). A través de la traición a manos de un «amigo», he recibido la bendición de tocar en este mensaje las verdades preciosas que he aprendido en la comunión de Cristo Jesús, mi Señor. De este modo, tal como la flor pisoteada cuyo perfume sube para bendecir el pie que la aplastó, así nuestros corazones no encuentran amargura, no buscan ninguna venganza, no desean ningún mal. Cuando se concreta la bendición de la traición, miramos hacia atrás y vemos cuánto hemos segado en creciente gozo, amor, gracia, fuerza y comunión con el amado Señor Jesús; nos sentimos


abismados por la comprensión de cuánto bien nos ha hecho nuestro traidor. No importa cuáles fueron sus intenciones. Lo que importa es el fruto bendito que él ha traído a nuestras vidas. Amigos os deseo un feliz inicio de la semana, que dios nos bendiga a todos. Merchita


Saludo matinal lunes 19 de mayo de 2014 (bendición de la traición)