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Los tibios de corazón Saludo matinal Jueves 15 de mayo del 2014 Queridos amigos, hola buenos días, todos los que se han reafirmado en el bien, aspiran a los bienes espirituales, la mayoría entusiasmados procuramos crecer para sentir dentro de nosotros el regocijo que nos proporcionan los buenos hechos, esa satisfacción nunca podremos decir que es la última, estamos continuamente, creciendo, a no ser que decidamos pararnos, no avanzar, por eso amigos, nunca olvidéis que el agua se da a quien tiene sed, y como aun somos muy imperfecto, siempre habrá nuevos cometidos a ser conseguidos. No seamos tibios de corazón. Lo asombroso de los tibios es que no se dan cuenta de su necesidad o del peligro en el que están. Atraídos por la televisión, por los goces terrenales, no se deciden a dar un primer paso, la indiferencia les distrae y pierden su tiempo, regresando muchas veces con las manos vacías


La tibieza espiritual hoy es común verla, el cristiano tibio es aquel que no quiere comprometerse mucho con el Señor y quiere llevar una vida cristiana a su manera. Y lo más tremendo de una persona tibia es que cree estar bien. La Biblia dice que los tibios espirituales son un problema porque nunca se deciden en lo que quieren, ahora el tibio espiritual tiene dos personalidades mitad de Dios y mitad del mundo. Los tibios los reconocemos, porque nunca están dispuestos a introducirse en el Evangelio, en las enseñanzas de Cristo, el las rechaza, porque al no conocerlas, su conciencia sigue dormida, justificándose, es tambien una especie de estancamiento. Para salir de la tibieza espiritual tenemos que buscar al Señor y desear lo que él tiene para nosotros esto hará que el fuego de Dios se encienda en nuestras vidas. La tibieza se considera la enfermedad más peligrosa de la vida espiritual. Existía en el cristianismo del primer siglo y existe todavía en la actualidad. Se podría definir la tibieza como una carencia de fervor en el amor. Los síntomas de la tibieza son el desaliento o frialdad de la indiferencia: Se apodera de la voluntad en forma paulatina hasta hacerla caer en un estado de terrible indiferencia. - La relajación del espíritu: El joven y el adulto vanidosos y hambrientos de notoriedad, se convierten, especialmente, en presas fáciles de este letargo o conformismo. El individuo se conforma con valores, actitudes y comportamientos lejanos del ideal cristiano. No hacer ningún bien ya es un mal. Si no incurrimos en hacer el mal, pero nos reclinamos cómodamente en nuestras sillas, y permanecemos inertes olvidando hacer el bien, caemos también en una forma de tibieza espiritual. La necesidad de satisfacciones inferiores: La persona siente un gran disgusto al hacer las cosas que anteriormente le llenaban de satisfacción: la oración, leer el Evangelio, evangelizar, mostrar los frutos del espíritu etc. Empieza a claudicar y cambia sus valores por otros menos valiosos. Esta enfermedad se vuelve degenerante por qué no nace de un día para otro. Todo comienza por detalles mínimos hasta llegarse a convertir en un hábito. Se


vive con tranquilidad, y no se hace nada para salir de ella. La tibieza se convierte así en un proceso donde la conciencia se va apagando poco a poco hasta llegar al punto donde ya no reclama, donde todo lo justifica, donde ya sólo se ve la propia conveniencia. Cuando descuidamos la fe, dejamos de comer el pan de vida, dejamos de creer en Jesús y de beber el agua de la vida; como resultado, enfermamos espiritualmente. No existe una cura inmediata para la enfermedad espiritual. Jesús es el único remedio. Él es el médico supremo. En su evangelio de amor, podemos encontrar llamadas de atención, para no caer, para no sucumbir en caprichos que nos pueden robar, Dios se esfuerza hoy por restaurar y revivificar a muchos que están dispuestos a someterse a él, a aceptar su voluntad y a colaborar en la gran obra de salvación. Habrá que volver a amar a Dios como se amó. Es decir, nacer de nuevo. Un nuevo comienzo, un volver a arder como una llama, incendiando el corazón nuevamente. No permitamos que una losa, sepulte nuestra alma, en el foso del olvido, del letargo, Removamos la piedra que nos mantiene en el sepulcro de la muerte espiritual, y no permitamos que nadie ni nada nos separe de Cristo. El sigue siendo la resurrección y la vida. Co El, no dormiremos aletargados, al mantener su evangelio con sus lecciones vivos en nuestro corazón, nuestro espíritu se mantendrá despierto y vigilante procurando las cosas del cielo que no perecen y se aumentan día a día. Amigos os deseo un feliz jueves que Dios nos bendiga Merchita

Saludo matinal jueves 15 de mayo del 2014 (los tibios de corazón)  

SALUDO MATINAL JUEVES 15 DE MAYO DEL 2014

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