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Rezar y orar - Vinicius.

Rezar es repetir palabras según fórmulas determinadas. Es producir eco que la brisa disipa, como sucede a la voz de la campana que en el espacio se espera y muere. Orar es sentir. La sensación es intraducible. No hay palabra que lo defina con absoluta precisión. El más rico vocabulario del mundo es pobre para traducir la grandeza de un sentimiento. No hay fórmula que lo contenga, no hay molde que lo guarde, no hay modelo que lo plasme. El sentimiento es, por naturaleza, incoercible. Como el relámpago predicando temporal, el sentimiento hiere el campo de nuestra conciencia; y, en un instante dado, penetra el núcleo del infinito. ¿Quién lo retiene? ¿Quién se atreve a interpretarlo? ¿Quién lo pesa y quién lo mide? Sólo Dios lo conoce, sólo Dios lo juzga con justicia, porque sólo Dios sabe lo que son esas vibraciones de nuestra alma, cuando para él apelamos en el lenguaje misterioso del sentimiento.


Nuestro espíritu sintetiza en una sola vibración lo que el vocabulario terreno no diría después de haber agotado el último elemento de todos sus recursos. Orar es irradiar a Dios, firmando así nuestra comunión con Él. La oración es el poder de los fieles. Los creyentes oran. Los impostores y los supersticiosos rezan. Los creyentes oran a Dios. Los hipócritas, cuando rezan, se dirigen a la sociedad en cuyo medio viven. Difícil es comprenderse el creyente en sus coloquios con la Divinidad. Los fariseos rezaban en público para ser vistos, admirados, alabados. Jesús amaba la oración y detestaba la oración. Dice a sus discípulos: Vigilad y orad constantemente para no caer en tentación. Pero cuando oréis, no hagáis como los hipócritas, que rezan en pie, en las sinagogas y en las calles, para ser vistos de los hombres. En verdad os digo que los tales ya recibieron la recompensa. Entra en tus aposentos, cierra la puerta, y ora en secreto a tu Padre que está en los Cielos. No debéis, tampoco, usar repeticiones ociosas, como lo hacen los gentiles, que entienden que por mucho hablar serán oídos. Vuestro Padre sabe lo que os es menester, antes que se lo pidáis. Aprendamos, pues, con Jesús a amar la oración y repudiar la oración. Libro: En las Huellas del Maestro. Vinicius.

REZAR Y ORAR  
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