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RELACIONES SEXUALES EN EL MATRIMONIO “Que cada hombre tenga su mujer y cada mujer, su marido. Que el marido realice su deber en relación a la mujer y de la misma forma la mujer en relación a su marido. La mujer no dispone de su cuerpo, pero si el marido. De la misma suerte, el marido, no dispone de su cuerpo, pero si la mujer. No os rechacéis el uno al otro, a no ser que sea de común acuerdo y por algún motivo… Después retornad a la vida en común, para que seáis tentados a prevaricar. (Paulo) La perfección moral, entre nosotros, solo existe como una luz distante que ilumina nuestros pasos, que son tardíos y vacilantes, por las asperezas y los escollos del camino. Urge que reconozcamos, sin hipocresía, que el impulso sexual es todavía uno de los factores predominantes de la conducta humana, debiendo ser tomado en la debida cuenta, tal como es y no como nos gustaría que fuese, ya que ejerce gran influencia en la vida conyugal. Un perfecto ajustamiento sexual garantiza el equilibrio sentimental de los cónyuges, predisponiéndoles a una reciproca tolerancia, del mismo modo que


las insatisfacciones, en este dominio, les hace sentirse desarmonizados, con ellos mismos, inclinándoles a considerar imperdonables las más mínimas delicadezas. Las relaciones sexuales de los recién casados, de los esposos de mediana edad y de los que estén próximos a conmemorar las bodas de oro, aunque crecientes en lo tocante a frecuencia, pues cada edad tiene su ritmo propio, deben conservar, siempre, el mismo valor, o sea, deben continuar siendo la expresión máxima del amor que los unió un día, prometiendo la felicidad. Es lamentable que algunos cónyuges, encaren el matrimonio como una especie de negocio que, una vez cerrado, les dispensa del cualquier cuidado en el sentido de agradar, amarrar, seducir al compañero, con lo que matan todo el encanto de la vida en común. Muchos olvidan que el contrato matrimonial les impone deberes recíprocos, unilateralmente rompen los compromisos asumidos, sin la menor atención para con el compañero, ofendiéndole, así, en sus legítimos derechos. Las dos causas mayores de la declinación de la vida de casado son la desvalorización del acto amoroso y la negligencia del clima sentimental. El hombre y la mujer no toman en debida consideración las exigencias de la naturaleza del otro; el amor masculino, al lado de un tierno impulso hacia un objeto definido, supone una necesidad física cuya satisfacción no depende enteramente del objeto que la provoca. El amor femenino es igualmente hecho de una necesidad personal, (necesidad de atenciones delicadas y pequeños cuidados afectuosos) que se ven acrecentar en la elección amorosa, pero no depende enteramente de ella. Por no aceptar esas verdades y no querer comprender , muchas mujeres se enojan por tener que satisfacer una necesidad para la cual no se siente insustituible y acaba por repeler los agrados de los maridos, mostrándoles impiadosamente el poco placer que tiene en eso, muchos maridos, igualmente, incomprensibles, se olvidan de mostrar a la esposa el lugar elección que ella ocupa en su vida; más, arto de sentir que su amor es soportado como una tediosa obligación, lo reducen cada vez más, apenas a lo que parece esencial, pudiendo esa actitud aumentar así la decepción de aquella de quien le gustaría sentirse amado. El hombre, no comprende, el valor de los “pequeños obsequios” y se olvida de que se puede dar regalitos incluso a la esposa; esta no comprende que hay en las necesidades físicas de su marido algo de mucha importancia, incluso desde el punto de vista moral, para la felicidad del hogar, e , incluso para el interés de los hijos. Hay esposas que se enorgullecen casi de saber evitar las tentativas de aproximación del esposo; no se admiren después de que haya tantas parejas


desajustadas o que, aparentemente unidas, viven dominadas por un nerviosismo creciente, siempre a punto de traducirse en un mal humor, cuyo origen escapa a los observadores superficiales: los niños sufren los efectos del ambiente insoportable que reina en casa , sin poder comprender la razón. Después entran en juego las decepciones, los rencores se acumulan y raros son los que saben subir la cuesta fatal. Tanto uno como otro cónyuge pueden hasta llegar a buscar fuera compensaciones que oscurecen todavía más el horizonte. A veces, el hombre huye,consagrándose cada vez más en su profesión; o la mujer se dedica solo a los hijos. Esa solución del problema no satisface, porque si es normal, bueno y útil que el hombre tenga una profesión por la cual se interese y se apasione, que la mujer tenga ternura con los hijos a quienes ama y de quienes se ocupe con amor, ternura y dedicación, no deja de ser muy triste que la profesión ultrapase la vida conyugal o que el amor de los hijos se contraponga al amor conyugal. “La comunión sexual injuriada o pérfidamente interrumpida acostumbra a generar repercusiones en la conciencia, estableciendo problemas cármicos de solución, a veces, muy difícil, pues nadie hiere a alguien sin herirse a sí mismo.” Francisco Cándido Xavier “la Vida en Familia”


Relaciones sexuales en el matrimonio (chico xavier)