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Pecado sin perdón - Vinícius. Libro: en las pisadas de Jesús "Todo pecado y blasfemia serán perdonados a los hombres, pero el pecado contra el Espíritu Santo no les será perdonado, ni en este mundo, ni en el venidero. De las palabras arriba transcritas, otrora dirigidas por Jesús a los fariseos, concluimos que existen dos categorías de pecados: una que hace justicia al perdón, otra que no lo hace. Veamos cómo distinguirlas. ¿Qué es pecado? - Pecado es toda infracción a la Ley de Dios. Esta Ley es perfecta, es integral; abarca la verdad en su plenitud, la suprema razón, la infinita justicia. El hombre, ser relativo, no es pasible de culpa por las infracciones de la Ley sino de aquella que en parte conoce. Su responsabilidad se


mide por la extensión exacta del saber adquirido. "A quien mucho se ha dado, mucho será pedido." Toda falta, cometida en la ignorancia de la Ley, será, pues, perdonada al hombre. Toda la falta, sin embargo, practicada con conocimiento de causa, constituye pecado sin perdón. ¿Estará entonces el pecador irremediablemente perdido según el dogma de las penas eternas? De algún modo. Pecado que no tiene perdón es pecado que debe ser reparado, es deuda contraída cuyo pago será exigido. Se ve que, una vez pagado el último ceitil, el deudor quedará exento de carga. ¿Por qué clasifica Jesús tal pecado como practicado contra el Espíritu Santo? Porque importa en actos reprobados por la conciencia. No nos referimos a la conciencia en la acepción psicológica, pero si en su sentido moral, ese testimonio íntimo o juicio sobre nuestras propias acciones y pensamientos por más secretos que sean. A través de esa facultad de nuestra alma es que se reflejan los rayos de la soberana justicia. La Ley se manifiesta allí palpitante y viva, dilatando los horizontes de nuestra libertad espiritual, y al mismo tiempo, aumentando nuestra responsabilidad. "A los Espíritus del Señor, que son las virtudes del Cielo", compete actuar sobre las conciencias, despertándolas para el conocimiento de la verdadera vida. Cada vez, pues, que el hombre recalcitra contra la influencia de los mensajeros celestiales, peca contra el Espíritu Santo, visto como peca contra la luz de su propia conciencia. Semejante culpa no tiene perdón; exige reparación, tanto en este mundo, como en el venidero. Creemos, por consiguiente, en nosotros mismos, nuestro cielo o nuestro Hades. Grabamos en nuestro astral, en caracteres indelebles, toda la historia de nuestra vida a través de las múltiples existencias transcurridas, aquí o más allá. Nuestra responsabilidad es rigurosa y escrupulosamente aquilatada por la Ley, según nuestro grado de adelanto intelectual y moral.


La Ley es una fuerza viva que se identifica con nosotros y va acompañando el brote de evolución que ella misma imprime en nuestro espíritu. Es insoportable en sus juicios, es inalienable en sus consecuencias. Libro: En las Huellas del Maestro. Vinicius.

Pecado sin perdon  

PECADO SIN PERDÓN

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