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PAPEL DEL DIRIGENTE Y ADOCTRINADOR DE LAS REUNIONES MEDIÚMNICA (23/01/20109 Mercedes Cruz Reyes En toda experiencia delicada, en todo estudio psicológico y así mismo como es la dirección de un grupo mediúmnico hay todo un conjunto de reglas que observar y de precauciones que tomar, para eso la dirección de un grupo mediúmnico debe confiarse a una persona bien dotada respecto a las atracciones psíquicas y que además sea digna de confianza y simpatía. Una reunión mediúmnica es un trabajo que se desenvuelve entre los dos planos de la Vida, el espiritual y el físico, habiendo, por tanto, dos equipos unidos para la obtención de los resultados. “No basta que se evoquen a los buenos Espíritus; es preciso, como condición expresa, que los asistentes estén en condiciones propicias, para que ellos consientan en venir.


Siendo así, todo el esfuerzo de organizar reuniones debe comenzar por la selección adecuada de sus integrantes, como enseña Kardec en “El Libro de los Médiums”, Capitulo XXIX, ítem 327 “Una reunión es un ser colectivo, cuyas cualidades y propiedades son la resultante de sus miembros y forman como un eje. Ahora, este eje tendrá más fuerza cuanto más homogéneo sea.” Nelson de Souza Pereira nos dice: que el trabajo mediúmnico es para las personas integradas en lo cotidiano del Centro Espirita, entendiendo como integración, una relación permanente, un esfuerzo continuado de vivencia del ideal y de convivencia fraterna. La tarea de dirigir un grupo es de las más delicadas, exige cualidades raras, grandes conocimientos y sobre todo una larga practica de las cosas. El dirigente es el legitimo representante en el plano físico de la Dirección espiritual, recibiendo, a través de la inspiración sus orientaciones, las que transmitirá a los demás componentes como un profesor dedicado, envolviendo a todos en un clima de confianza, delante del tratamiento ecuánime dispensado como padre amoroso y gentil. El funciona como un jefe de un equipo médico o de terapias psicológicas especializadas, supervisando y también actuando con su arte-ciencia de socorrer-dialogando con los Espíritus. El director, además de participar en todas las actividades del centro, debe también estimular a todo el grupo, y para alcanzar sus objetivos con resultados satisfactorios, no puede estar exento de una dirección estructurada en el siguiente perfil moral: autoridad fundamentada en el ejemplo, hábito de estudio y oración, afecto sin privilegios, ternura, firmeza, sinceridad y entendimiento. Con esos requisitos, la dirección será detentora de todas las posibilidades para adquirir la credibilidad del grupo, ganándose la confianza y la buena voluntad de todos.


Ningún grupo puede funcionar sin estar sometido a cierta disciplina. Esta se impone no solo a los experimentadores sino también a los espíritus. El se hará responsable de las responsabilidades que estén bajo su custodia, como son: integrar al equipo y estimularlo al estudio, escoger los textos de lectura preparatoria, además de promover la reflexión y la armonización de los pensamientos, cohibiendo los comentarios inconsecuentes, la prodigalidad y la polémica, siempre inoportunas. El jefe de grupo, director de la sala, debe estar secundado, asistido por un espíritu guía que establecerá el orden en el centro, ocultamente como lo ha de mantener él en el centro terrestre humano. Estas dos direcciones deberán complementarse la una por la otra, inspirarse en un pensamiento igualmente elevado y unirse en la prosecución de un bien común. Cuando no se obtiene esta protección oculta, la misión del jefe del grupo se hace mucho más difícil. Necesita toda la experiencia necesaria para discernir la naturaleza de los espíritus que intervienen, desenmascarar a los impostores, moralizar a los atrasados, oponer una voluntad firme a los espíritus ligeros y perturbadores y dar una apreciación ilustrada de las comunicaciones obtenidas. La tarea del dirigente de la sala es de las más arduas, pues los miembros de la sala le causaran desazones. Deberá refrenar sus exigencias y las miras demasiado personales de los unos, los celos posibles de los otros, especialmente de los médiums entre sí, evitar la intromisión de los sentimientos egoístas que atraen a los elementos nocivos del más allá quedan a los fenómenos aspectos extraños y desordenados. El director de las tareas mediúmnica deberá tener siempre en mente los magnos objetivos del intercambio espiritual que son: instruirse y perfeccionarse moralmente, con vistas al futuro espiritual; producir comunicaciones convincentes para que la Doctrina pueda convencer a los incrédulos y por fin colaborar con los Espíritus Superiores en la tarea de aliviar y aconsejar a los Espíritus sufridores, facultándoles el


perfeccionamiento moral a través de buenos consejos y ejemplos saludables. Estará la dirección del plano físico satisfactoriamente sintonizada con la dirección espiritual para ejercer el comando de la palabra en los pedidos a la cooperación mental y sobre todo en la adoctrinación, cuando estará rescatando vidas, retirándolas de los grupos de sufrimiento y del desespero. Solicitará, en ocasión oportuna, instrucciones a los Mentores Espirituales y se sentirá apto para controlar las situaciones más difíciles, experiencia que poco a poco va siendo absorbida por los compañeros por esa dirección escogidos para la adoctrinación, los cuales, así, se van capacitando para asumirla en los impedimentos del dirigente. Es de capital importancia el esfuerzo de analizar con el grupo las pasividades y adoctrinación ocurridas en la práctica mediúmnica, después de los trabajos o en reuniones periódicas de evaluación, con la intención de desenvolver la autocritica, estimular una mentalidad de evaluación y crear el gusto de percibir los ricos cambios del trabajo mediúmnico, ensayando el crecimiento de esta labor bien como de las personas que en él se integran. En la cuestión de la educación mediúmnica, el director de la sala debe concienciar a todos los participantes de su papel dentro de las funciones específicas. Situando en primer lugar el del médium, que es el que da paso a los espíritus, será fundamental, que este sea consciente, del papel que asumió y del compromiso adquirido, concienciándose para crecer gradualmente en el sentido moral y espiritual, esforzándose incesantemente. Esto es fundamental que pase, para que su facultad no se envuelva en las telas de los pensamientos disgregadores de los Espíritus perezosos y perturbadores. El médium merece una cuidadosa y eficiente atención, por ser la suya una función portadora de peculiaridad personal. La floración de la facultad mediúmnica requiere el apoyo, el estimulo, la comprensión y orientación segura de la dirección de la reunión.


En el surgimiento de reacciones psicológicas, en el médium, respecto a las dudas de autenticidad de las comunicaciones, inhibición ocasionada por conflictos íntimos que impiden el desdoblamiento de la sensibilidad nerviosa provocando exacerbaciones en la exteriorización de las comunicaciones, y en la convivencia social, volviéndola en una persona esquiva, desconfiada y llena de susceptibilidades. Cada uno de esos episodios que surgen en la vida del médium, le suscita esfuerzos por superarlos, naturalmente con el auxilio eficiente de la dirección. Todos los conflictos del médium, podrán ser superados, cuando se trabaje con un grupo afinizado y con una dirección fraterna e interesada, capaz de ofrecer explicaciones lucidas, a fin de despejar el camino a ser trillado por el médium en su proceso de perfeccionamiento mediúmnico. Una dirección equilibrada, sensata, experimentada y segura de los aspectos teóricos y prácticos de la mediúmnidad sabrá distinguir con claridad y orientar al médium en las situaciones extravagantes, evitando la crítica sin tacto psicológico, generadora de serios bloqueos en la instrumentalidad mediúmnica. El director deberá instruir al adoctrinador dentro de la forma coloquial sin exceso de información, manteniendo el trabajador que a ella se dedica un compromiso personal de perfeccionamiento moral de la auto iluminación, desenvolviendo prioritariamente las cualidades afectivas, a fin de sintonizar con facilidad, en el desempeño de la función, el campo de la inspiración e intuición procedentes de los Instructores Espirituales. El director debe mantener una relación personal con este tipo de participante, para la orientación necesaria, inclusive en la cuestión de comportamiento mental durante la reunión, para que el siempre sea una pieza actuante y útil. Tratará, en las ocasiones oportunas, darle estimulo y la exhortación para que el torbellino de la rutina no lo envuelva en un proceso de saturación.con estas directrices se notará el reflejo practico de la educación mediúmnica en los resultados de las reuniones, cuando serán hechos los siguientes registros: pasividades con buen filtro mediúmnico, en tono de voz moderado y con un


contenido definido y perfecto; adoctrinaciones conforme la identificación del móvil de la comunicación; las terapias de socorro a los desencarnados siendo aplicadas con conocimiento de causa, ayudando, a través de las técnicas especificas, las entidades sufridoras a salir de los abismos de la ignorancia y del desespero, muchas de ellas volviendo para dar gracias; y, finalmente, la sustentación del tenor vibratorio de la reunión siendo hecha en equipo auxiliar de forma efectiva y saludable, para permitir una buena productividad en el numero, en la calidad y en el ritmo de las comunicaciones. El director deberá hacer una evaluación de las reuniones mediúmnica, verificando así, si sus objetivos son alcanzados y en qué grado. Allan Kardec, nos dijo que los objetivos de una reunión mediúmnica son los siguientes: 1º Dar a los creyentes ideas más exactas sobre la vida futura 2º Convencer a los incrédulos 3º Colocarnos en contacto con Espíritus sufridores a los que podamos aliviar y cuyo adelantamiento podemos facilitar por medio de buenos consejos. Los dirigentes deben guardar en el corazón el progreso de las personas, las luchas vencidas, las vacilaciones que sirvieron de base para las victorias que vinieron después o que aun vendrán. En ese “interesarse por el otro”, o “estar juntos”, o el “caminar al lado” lo que caracteriza a los verdaderos cristianos, aquellos al respecto de quien Jesús afirmó que serian conocidos por lo mucho que se amaban. Al lado del dirigente se encuentran asistentes o terapeutas auxiliares, teniendo la función de esclarecer a los Espíritus, aconsejarlos simultáneamente, cuando es necesario, aplicar a favor de ellos, las terapias especializadas de la plegaria, del pase, de la hipnosis y de la regresión de la memoria. Es de fundamental importancia su función, es el terapeuta del esclarecimiento y de la consolación, es la persona que atiende a los espíritus que se comunican. El primer paso del director de la sala debe


ser esclarecer que esta función requiere la conquista de atributos directamente relacionados con los valores espirituales de la paciencia, sensibilidad amorosa, tacto psicológico, energía moral, vigilancia, humildad, sin temor y prudencia. Es el auxiliar del trabajo mediúmnico, el que ofrece las energías vitales y pensamientos elevados, lo que, además es obligación de todos los componentes del equipo mediúmnico. No es raro, entre los asistentes que se revelen preciosas mediumnidades a cultivar, sea para el ejercicio de psicofonía, psicografia, videncia, o aun mismo, para la tarea de adoctrinación. Considerando las diversas situaciones en que se encuentran los espíritus sufridores, tienen necesidad de la palabra que los fortalezca e ilumine, a fin de que su conciencia despierte, facilitando la aceptación del acontecimiento irreversible. No es una tarea fácil, exigiendo que los que se encargan de ejercer la adoctrinación y el esclarecimiento a sus almas, estén equipados de recursos hábiles, a fin de no empeorar su situación interior, sino, liberándolos de las cargas afligentes que los aturden. El mejor lenguaje para utilizar en cualquier tipo de realización edificante a favor del bienestar de alguien, es el amor, ese sentimiento que se exterioriza y es portador de altas cargas de energía saludable, que renueva a aquellos a quienes es dirigido. Al mismo tiempo, la palabra ungida de la fraternidad y del interés por la renovación del desencarnado es la ideal, de forma a que sean evitadas las expresiones rebuscadas y profundas, pues no se trata de un momento de exhibicionismo cultural, que es perfectamente dispensable. Debiendo utilizar informaciones claras y concisas, orientando al paciente a realizar la auto-reflexión, el despertar intimo frente a la coyuntura en la cual se encuentra. Cuantas menos averiguaciones se hagan, será mejor, incluso no utilizando sistemáticamente la terminología espírita, ni tampoco insistiendo en insinuar que el comunicante adopte la actitud de oración, pues quién está viviendo sensaciones de desesperación no tiene la mínima condición para entender o asimilar conceptos y consejos con los


que no está interesado. El adoctrinador debe tener siempre presente que la finalidad del fenómeno de la psicofonía, prioritariamente, es el contacto del Espíritu sufridor con el fluido animalizado del médium para que ocurra lo que se llama el “choque anímico”. Allan Kardec utilizó el término de fluido animal porque en la conexión periespiritual entre el comunicante y el médium, para que se produzca la psicofonía se produce una transferencia de elevada carga de energías animalizadas que son absorbidas por el desencarnado, produciéndole un choque energético que promueve su despertar a una realidad nueva de la que no se daba cuenta. Por eso el adoctrinador debe ser muy cauteloso en el momento de comunicar la situación en que se encuentra el Espíritu que está siendo atendido. Precipitar el conocimiento de su muerte biológica puede causarle un trauma emocional desestabilizador de consecuencias desagradables, tanto para él como para el médium que recibe las descargas psíquicas del sufridor. En la desencarnación el ser inteligente se lleva consigo innumerables impresiones físicas y mentales que permanecen en su campo periespiritual después de la muerte biológica. De ahí el concepto doctrinario de que morir definitivamente es tener conciencia y familiaridad con el mundo que pasa a habitar. En la mayoría de los casos, la persistencia del malestar, de los dramas domésticos y necesidades sociales permanecen dominando, llevando al delirio y a la desesperación, cuando no a la locura. Es indispensable evitar las discusiones improductivas. La psicoterapia más eficaz para ser utilizada por los adoctrinadores, es aquella que fluye de una argumentación gentil y honesta, que el interés en atenderlo no es para liberar a aquellos que son sus perseguidos, sino que se trata de compasión por el propio verdugo. Como el trabajo transcurre en un campo de vibraciones especiales, donde la ideoplastia se manifiesta con facilidad, es necesario que la mente del adoctrinador se encuentre en armonía, a fin de proyectar las imágenes que son vestidas por sus palabras, alcanzando el blanco, que es el comunicante desencarnado.


El adoctrinador no debe olvidar nunca que está conversando con un individuo que, no poseyendo ya un cuerpo físico conserva reacciones psicológicas similares a las de aquellos que aún están encarnados, necesitando, en aquel instante, una atención especial. Entonces es cuando debe transmitírsele comprensión y optimismo para que pueda superar sus dificultades en el tránsito desde la sepultura. No se debe preocupar en identificar quien es la personalidad sufridora que se comunica, pues el trabajo de intercambio espiritual tiene por base la caridad anónima. Es necesario explicarle la razón de su sufrimiento actual antes de disminuir sus dolores, trayendo a colación el comportamiento incorrecto durante su existencia carnal, porque esto tiene un efecto semejante al de un ácido al quemar las fibras íntimas de la criatura sufridora. Si el adoctrinador insiste en la idea de convencer al Espíritu podrá desencadenar el miedo, y a continuación el pánico patológico, no resultando de esta revelación nada positivo para el bienestar de la Entidad sufridora. Sobre este particular, la función de adoctrinador es el de un efecto preparatorio, dejando a cargo de los Benefactores Espirituales la elección del momento adecuado para conseguir que el desencarnado tome conocimiento de su nueva realidad. Durante el diálogo con los Espíritus endurecidos en el mal, la técnica de la adoctrinación también exige cuidados especiales en cuanto a la forma en que debe ser practicada. Esas Entidades saben el estado en que se encuentran, y actúan intencionadamente para perturbar el desarrollo del programa previamente establecido por los Instructores Espirituales.

De inmediato, es necesario hacerse una pregunta: “¿Por qué razón permiten los Mentores Espirituales esta intromisión, aparentemente inoportuna?”.


Simplemente para que aprendamos las lecciones derivadas de esa convivencia, y al mismo tiempo neutralizar la influencia maléfica de esas Entidades sobre los encarnados.

Mientras permanecen enlazados a los médiums pierden fuerza, descargando una parte considerable de las energías que antes dirigían hacia sus víctimas.

El adoctrinador debe estar prevenido a fin de no dejarse envolver por la táctica usual de esos Espíritus, que es la de provocar la discusión con el propósito de robar el tiempo disponible para la atención a los sufridores, y al mismo tiempo, perturbar el ambiente mediúmnico por medio de radiaciones desagradables que a todos irritan, provocando el mal generalizado. El tratamiento ideal en relación con un visitante de ese tipo es el de la amabilidad, pero siendo conciso, manteniendo la superioridad moral, demostrando no estar atemorizado por las amenazas que profieran, y no dejándose influenciar por la violencia del lenguaje vulgar y desafiante. Sobre todo hay que mantener una confianza sin límites en la protección de los Benefactores Espirituales. Recordar que no se deben utilizar argumentos falsos para hacerles desistir de sus propósitos, sino llevarlos a una reflexión por medio de consideraciones y advertencias honestas y verdaderas. En el trabajo de adoctrinamiento, el encargado de esa tarea debe estar concienciado de la gran responsabilidad que asume, no solamente en lo que respecta a los desencarnados, sino también en lo relativo a los daños físicos, emocionales y espirituales que se le pueden causar al médium cuando la atención no es hecha de forma correcta. Otro tipo de circunstancia que debe ser evitada a toda costa, es que el adoctrinador toque al médium en el transcurso de la comunicación. Este es un hábito inconveniente bajo cualquier aspecto que consideremos, el cual produce al médium una molestia muy desagradable, perjudicando,


en ciertos casos, su enlace mediúmnico y nervioso. Incluso hasta una aproximación exagerada, inclinándose sobre el médium para oírle mejor, puede provocar esas irritaciones al invadir el campo del aura del sensitivo, expandida en ese momento crítico de su trabajo de entrega.

Ningún pretexto justifica que el médium se deba sentir más seguro por la proximidad del adoctrinador, pues no es la fuerza física y sí la psíquica la que actúa con efectividad para controlar los impulsos de la Entidad comunicante, reflejados en el comportamiento del intermediario.

Finalmente, el adoctrinador, después de atender al sufridor debe dirigir inmediatamente su atención al médium, pues no es raro que para reajustar la envoltura carnal después de un estado de trance, necesite una transfusión de energías magnéticas por medio de los pases. En cualquier situación , la conducta moral del orientador, su desarrollo espiritual y sus buenas acciones, constituirán siempre los recursos más valiosos para el buen cumplimiento del compromiso, en razón de las irradiaciones que promoverá y además, porque muchos de los pacientes, cuando son sensibilizados por el auxilio permanecen en el recinto o acompañan a aquel que les suministró los recursos, de manera a verificar motu proprio, si quien así se expresaba vive la enseñanza impartida, particularmente en el caso de los obsesores y de los religiosos aun vinculados a la perversidad y al fanatismo. La preparación de un psicoterapeuta espiritual es dilatada y cuidadosa, pues es necesario que sea dotado de un buen sentido psicológico, a fin de que fácilmente pueda detectar la problemática del comunicante, dándose cuenta del mejor derrotero a aplicar con relación al tratamiento del mismo, procurando perfeccionándose cada vez más, de forma a tornarse instrumento maleable bajo la inspiración de los Buenos Espíritus, quienes en realidad, son los responsables por los resultados de la actividad mediúmnica de socorro o de obsesión, en razón del conocimiento que tienen de las causas del acontecimiento,


cuyo reflejo ahora se manifiesta en el momento de la reunión dedicada a este o aquel menester. Serenidad, armonía interior, conocimiento del Espiritismo, vivencia de sus postulados, son las condiciones necesarias para la función de adoctrinador. La psicoterapia aplicada a los desencarnados es muy valiosa, porque al mismo tiempo, alcanza también a los miembros del grupo del trabajo mediúmnico, estimulándolos a la transformación moral y al desarrollo de las virtudes, por el hecho de ofrecerse al ejercicio de la caridad. El adiestramiento, es muy valioso y debe comenzar en las actividades más simples, aquellas en las cuales, el médium, realiza la educación de la facultad, a fin de registrar bien las comunicaciones, disciplinando el sistema nervioso y los impulsos automáticos que ocurren durante la unión de los fluidos, periespiritu a periespiritu, entre el Espíritu y el instrumento especializado. . En ese campo el psicoterapeuta adquiere la habilidad necesaria para tratar a los desencarnados, tornándose un eficiente instrumento para realizaciones más profundas, particularmente aquellas que se llevan a cabo en el área de las cirugías espirituales, que son precedidas por los Mentores en los recesos del ser obsedido, cuando se extraen implantes que fueron ejecutados por los Espíritus del mal, que se perfeccionaron en las técnicas de las obsesiones. Cada día se identifican más las técnicas seguras, comportamientos variados, medios de atención más rigurosos, de forma a disminuir las angustias y los dolores que tienen vigencia en el Mundo Espiritual. Todas las Entidades que son esclarecidas en las reuniones especializadas del Espiritismo, reencarnaran en mejores condiciones íntimas y morales, porque traerán las enseñanzas que fueron archivadas en la memoria profunda del ser, pudiendo recomenzar la futura jornada mejor preparados para los enfrentamientos y desafíos que le están reservados. Los adoctrinadores, reflexionando en los casos que atendieron, evaluaran si las terapias fueron beneficiosas. Intercambiaran ideas


entre si y oirán a los más experimentados de forma a profundizar los criterios de evaluación y perfeccionaran la donación que hacen. Los psicoterapeutas espirituales constituyen una clase de dedicados servidores de la Causa Espirita, a favor de la humanidad de ambos lado de la vida, necesitada de consuelo y orientación en cuanto a su futuro espiritual, dirigiendo con seguridad sus pasos hacia el deber, el amor, la plenitud que a todos nos aguarda. Ellos deberán ser dóciles a los pensamientos de los Buenos Espíritus, emocionalmente empáticos, a semejanza de corazones amigos que escuchan con paciencia y racionalmente como analistas criteriosos que socorren. Como integrantes de la reunión Mediúmnica, todos los componentes, directivo, adoctrinador y médiums, y para merecer el concurso de los Buenos Espíritus, deberán cumplir los siguientes requisitos: 1ª Perfecta comunión de miras y sentimientos; 2º Cordialidad reciproca entre todos los miembros; 3ª Ausencia de todo sentimiento contrario a la verdadera caridad cristina; 4ª Un único deseo: el de instruirse y mejorarse, por medio de las enseñanzas de los Espíritus y del aprovechamiento de sus consejos. Quien esté persuadido de que los Espíritus Superiores se manifiestan con el fin de hacernos progresar, y no para divertirnos, comprenderá que ellos necesariamente se apartan de los que se limitan a admirarles el estilo, sin coger provecho de ahí, y solo interesarse por las sesiones, de acuerdo con el mayor o menor atractivo que les ofrecen, según los gustos particulares de cada uno de ellos. 5ª Exclusión de todo lo que, en las comunicaciones pedidas a los Espíritus, apenas expresen el deseo de satisfacción de la curiosidad. 6ª Recogimiento respetuoso, durante las confabulaciones con los Espíritus. 7ª Unión de todos los asistentes, por el pensamiento, al apelo hecho a los Espíritus que sean evocados.


8ª Actuación de los médiums con excepción de todo sentimiento de orgullo, de amor propio y de supremacía y con el solo deseo de ser útiles. Ambos se deberán dedicar en lo posible a la utilización saludable y eficiente de ese bendito recurso e inaplazable ministerio para su propio bien. Por cuanto, a semejanza de un puente despreciado que la herrumbre desgasta, o la lámpara que por falta de combustible se apaga, o el medicamento expuesto a la acción de varios agentes, destructivos, se convertirá en inutilidad o foco malsano. Nunca deberán olvidar tanto el director como el adoctrinador y todos los componentes de una reunión mediúmnica, que la mediúmnidad es bendición de Dios, colocada en sus manos, para las aflicciones humanas del cuerpo y del Alma, facultando el encuentro con la conciencia e intensificándola, ya que hace más amplios los horizontes infinitos, mostrando el rumbo cierto de la paz y de la plenitud. Este trabajo ha sido extraído de las siguientes fuentes: Del libro “En lo Invisible” de León Denis “Médiums, Fenómenos Mediúmnico, Mediúmnidad y Reuniones Mediúmnica, libro organizado por el Departamento de Orientación de Minas Generales. Del libro “Terapia Espirita para los Desencarnados” de Nelson de Souza Pereira. D de “El Libro de los Médiums” de Allan Kardec. Del prologo del libro “Cadenas Rotas” de Divaldo Pereira Franco

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Papel del dirigente y del adoctrinador en las reuniones mediumnicas (conferencia) mercedes cruz)  

PAPEL DEL DIRIGENTE EN LAS SESIONES MEDIUMNICAS (CONFERENCIA) MERCEDES CRUZ

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PAPEL DEL DIRIGENTE EN LAS SESIONES MEDIUMNICAS (CONFERENCIA) MERCEDES CRUZ

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