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No es sano juzgar al prójimo Libro: Somos lo que hicimos de nosotros Waldenir Aparecido Cui

"No juzguéis, para no ser juzgados, porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, vosotros seréis medidos." (Jesús - Mateo, 7: 1 a 3) Ciertamente, actuaríamos mucho mejor y con mucha más madurez si observáramos nuestros defectos, con la firme propuesta de eliminarlos, en vez de buscar por las faltas ajenas. Es una conducta equivocada de los hombres destacar las imperfecciones que aún maculan a las criaturas, cuando sabemos perfectamente que la mayoría todavía vive dando demostraciones de conducta en desacuerdo con los preceptos de la moralidad. En verdad, ¿qué ganamos o qué beneficios sumamos cuando juzgamos el comportamiento de los demás? ¿ Nos agrada cuando alguien hace alguna crítica en cuanto a nuestro modo de vida?


Por la lógica y ante el sentido común, podemos identificar los desequilibrios que hieren a nuestros hermanos de camino. Eso cuando llevamos el sano propósito de ayudarlos, dentro de lo posible, sin alarde. De otra forma, es mucho más útil utilizar las fuerzas que ostentamos para sondear nuestro íntimo en busca de los puntos desajustados, teniendo en vista la urgente necesidad de sanarlos. Sólo alcanzaremos la perfección a la que estamos destinados, dentro de las Leyes Divinas, cuando superemos las molestias que nos prenden a los círculos inferiores de la vida. Entonces, aprendamos con Jesús, "que bien sabía lo que existía en el "hombre" (Jesús - Juan, 2:25) y, aun así, trabajó arduamente para la edificación de un mundo mejor a partir del incentivo a la mejora de cada criatura. El Cristo acogió amorosamente a María Magdalena, la joven que se prostituía en la época, apuntándole, con su autoridad moral, un nuevo itinerario de vida, que ella aceptó, dignificando el resto de su vidala existencia en la Tierra. No abandonó Pedro, incluso después de haberle negado tres veces, depositando en el valioso discípulo la tarea de ayudarle en la implantación del Evangelio entre los hombres. Aceptó conversar con Nicodemo, el doctor de la ley, en las sombras de la noche, porque aquella autoridad no quería ser vista por populares, en el contacto con Jesús, temiendo por su reputación. Alentó a la renovación y la toma de nueva postura ante las oportunidades de la vida. Se hospedó en la casa de Zaqueo, el publicano cobrador de impuestos, como un hombre de mala vida, incluso ante la incomprensión de aquellos que lo seguían. Despertó a Zaqueo para la adquisición de valores nobles. Como podemos observar, Jesús no juzgaba a nadie, sólo servía. En cada criatura crecía un inmenso campo de trabajo y salía, resuelto, a trabajar. Como cristianos que somos, teniendo el Maestro como nuestro guía y modelo, ¿qué estamos esperando para seguirlo? Obviamente, no


podemos hacer como él lo hizo, pero no estamos impedidos de realizar tareas menores, de conformidad con nuestras condiciones evolutivas. Así, en lugar de juicios, críticas u observaciones vacías, en el comportamiento ajeno, busquemos una forma de contribuir a la construcción de una sociedad más justa, más fraterna y más humana, tomando cada hermano nuestro como alguien que también aspira por la paz y por la felicidad, aunque en el momento esté todavía caminando en la contra el progreso moral, pues que mañana todo podrá ser bien diferente. No juzguemos a los demás, juzguemos a nosotros mismos y busquemos, con determinación y coraje, detectar nuestras fallas, emprendiendo esfuerzos y sacrificios para sanarlas. Reflexionemos…

No es sano juzgar al projimo  

NO ES SANO JUZGAR AL PROJIMO

No es sano juzgar al projimo  

NO ES SANO JUZGAR AL PROJIMO

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