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MISIÓN DE LA PRENSA • Francisco Cándido Xavier Antes de nuestra reunión hablamos sobre la misión de la prensa. Y con sorpresa, iniciadas nuestras tareas, El Libro de los Espíritus nos dio para examinar la cuestión 904. El asunto fue debatido fraternalmente. Y al término de nuestras actividades nuestro querido Emmanuel escribió la página que hoy envío. Por lo inesperado de las reflexiones a que fuimos llamados, con las consideraciones de Allan Kardec, pasamos a sus manos la pagina del amigo espiritual, en el deseo de verla bajo sus comentarios, en nuestros estudios de


los domingos en el Diario de San Paulo, para nuestros más amplios raciocinios sobre el asunto. NOTA. En la cuestión 904 de El Libro de los Espíritus, Kardec hace varias preguntas sobre la responsabilidad de los que escriben para el público. Los espíritus responden comentando la responsabilidad de los autores cuando desvían del deber de esclarecer y orientar, entregándose a las intenciones exclusivamente personales que en nada benefician a los lectores.

ESCRIBIR• Emmanuel ¿Escribir dignamente: será eso tan solo elevar a quien se exterioriza, a través de las letras, las alturas literarias, fijando imágenes con palabras preciosas? Ciertamente todos los escritores, aun mismo aquellos que se caracterizan por el sentido absolutamente hermético, son acreedores de respeto. Lícito, sin embargo, es considerar la importancia, por encima de todo de; escribir edificando. Entendemos que la idea gratificante materializada se destina de preferencia a los salones nobles, entre los cuales transita, suscitando creaciones educativa que honorifican a la Humanidad. Eso, sin embargo, no le suprime la función en otros sectores, con mucha más extensión de fuerza, donde atiende a objetivos diferentes. Observemos, de relance, los campos de experiencia en que se agitan millones de seres, aguardando pensamiento que se les ajuste a las necesidades. No encontramos ahí los temas de simposio o los asuntos altamente específicos, aunque siempre digno e indispensable. En esas líneas de pruebas y luchas edificantes identificamos el hambre de ideas renovadoras que derraman consuelo y esperanza, orientación y fe, arrebatando corazones de las tinieblas de la inmoderación y de la rebeldía. Letras que traduzcan apoyo y socorro a los accidentados de orden moral, a fin de que se rehagan, ancora a los que se arrastran en la aflicción, remedio a los enfermos de espíritu, salvavidas a los náufragos de la Tierra, que se debaten


en el pesado mar del desequilibrio, para que se afirmen en la playa de la seguridad. Escribir, si, más saber lo que escribimos, como escribimos, para que y a quien escribimos. Porque el sentimiento genera la idea, la idea plasma el verbo, el verbo establece la acción y la acción crea el destino. A la vista de eso, es preciso recordar que de todo cuanto escribimos en los cuadros de hoy, la vida nos traerá el reflejo claramente exacto en las telas del mañana.

LECCIÓN A LOS MAESTROS. Hermano Saulo Eça de Quiroz, en páginas que envió a la Tierra, después de muerta, a través de la mediúmnidad admirable de Fernando de Lacerda, cuenta que su bagaje literario fue considerado, en la aduana del más allá, como averiada. Humberto de Campos, sirviéndose de la psicografia de Chico Xavier, advirtió que los valores despreciados en la Tierra por el escritor son los más importantes en el mundo espiritual. Emmanuel confirma eso en el presente mensaje, que encierra con una síntesis de la mecánica de la comunicación. Vemos, por esa síntesis, que la comunicación no es apenas transmisión de ideas, más es también creación. En el proceso que va del sentimiento a la acción, creando el destino, se evidencia la pesada responsabilidad de quien escribe. Lo que más importa en el acto de escribir no es el perfeccionamiento de la forma, ni el descubrimiento, hoy obsesivo, de nuevos caminos estéticos. La originalidad artificial es flor de estufa. Solo es original lo que brota espontaneo de la facultad creadora. Y el éxito literario o periodístico nada vale, si no es determinado por el esfuerzo legítimo de servir, enriqueciendo el patrimonio espiritual de la Humanidad. La fascinación de las conquistas inmediatas alimenta la vanidad del autor y perturba su visión de la realidad. La vida pasa rápida y la muerte le llevará para el plano de la introspección, en un mundo en el que las apariencias se deshacen como las burbujas en el aire. Más lo peor es que las obras ilusorias


persisten en el plano terreno de la ilusión, suscitando sentimientos que van a crear nuevos destinos y desviar otras vocaciones de su camino cierto. La responsabilidad del autor, que en la Tierra se disfraza en espejismos estéticos, en el más allá se desnuda a sus ojos espirituales de manera indisfrazable. Por eso podemos decir que ese pequeño mensaje de Emmanuel es una lección enviada del más allá a los maestros. En una hora en que multitudes ansiosas procuran palabras de orientación y estimulo, el deber de quien escribe es atender a esas exigencias en vez de explorar la desorientación general. Los mandarines de la cultura moderna, refinados creadores de artificios que brillan en las letras como broches metálicos, y los exploradores del sensacionalismo podrán encontrar en esa página de Emmanuel – si tuvieran humildad ambos- la advertencia oportuna de que necesitan. Se reproduce aquí el artículo titulado Misión de la Prensa, publicado en la columna dominical “Chico Xavier pide Licencia” del periódico Diario de S. Paulo, en la década de 1970 El presenta el mensaje Escribir, dictado a Chico Xavier por el Espíritu Emmanuel, que Herculano Pires (con el pseudónimo de Hermano Saulo) comenta por medio de su texto Lección a los Maestros

Misión de la prensa (analizando con chico xavier y j herculano pires)  

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ACTUALES FACILITAN LA DIVULGACIÓN DE LA DOCTRINA ESPIRITA

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