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El estudio de la situación espiritual de la criatura humana, después de la muerte del cuerpo físico, no puede ser relegado a un plano secundario. Todas las civilizaciones que antecedieron a la gloria occidental en los tiempos modernos, consagran especial atención a los problemas del Más Allá. La sombra nace de pensamientos, emociones o impulsos que nos desagradan o nos avergüenza reconocer. Al envolvernos con la bruma de la inconsciencia, nos permite seguir pensando que somos honestos, generosos, evolucionados… que somos buenos. Pero a cambio nos priva de la libertad de elección y nos empuja al camino de la autodestrucción. Cuando desarrollamos adicciones o gastamos demasiado, cuando nos enzarzamos en relaciones destructivas o no somos capaces de poner en práctica nuestros buenos propósitos… es la sombra quien decide. La sombra nos convence de que culpemos a los demás en vez de hacernos responsables. Nos dice que no merecemos amor y respeto. Nos


pide que ignoremos nuestra propia debilidad y la proyectemos en los demás. La Tierra para el espirita es una valiosa arena de servicio espiritual, así como un filtro en el que el alma se purifica poco a poco en el curso de los milenios, adquiriendo cualidades divinas para la ascensión a la gloria celeste. Por eso, hay que sustentar la luz del amor y del conocimiento, en el seno de las tinieblas, tal como nos es necesario mantener el remedio en el foco de enfermedad. La salvación solo es importante para el que desea salvarse. Más allá del túmulo, se encuentran fieras humanas que habilitan en cuerpos carnales como las personas comunes. Si ellas fueran recogidas en los parajes de paz, sin la necesaria preparación, atacarían a los que allí moran espiritualmente, pues no debemos olvidar que el orden es la base de la caridad. Las criaturas que se encuentran desprovistas después del túmulo tienen en su interior un torbellino tenebroso, semejante a la tormenta externa con motivo de los pensamientos desorganizados de que se alimentan. Odian y aniquilan, muerden y hieren, alojarlos en los santuarios de socorro establecidos en el plano espiritual, equivaldría a introducir tigres hambrientos entre fieles que oran en un templo. Semejante fase de inconsciencia y desvarió, pasa aunque persevere a veces por muchos años. Combatida por el temporal de las pruebas que le imponen el dolor de afuera hacia dentro, el alma se refunde, poco a poco, tranquilizándose hasta abrazar, por fin, las responsabilidades que creo para si. Las densas tinieblas, solamente son ocupadas por las conciencias que se oscurecieron en la práctica del crimen deliberado, apagando la luz del equilibrio de si mismas. En esas regiones inferiores, no transitan las almas simples, sencillas, que se encuentran sufriendo los errores naturales de las experiencias primitivas. Cada ser esta adherido, por imposiciones de la atracción magnética, al circulo de evolución que le es propio. Los salvajes, en su gran mayoría, hasta que no se desenvuelva en ellos el mundo mental, viven casi siempre confinados en la floreta que resume sus intereses y sus sueños, retirándose lentamente del campo de la tribu, bajo la dirección e los Espíritus


benevolentes y sabios que los asisten….Las almas notoriamente primitivas, en gran parte, caminan al influjo de los buenos genios que las sustentan e inspiran, trabajando con sacrificio en las bases de la institución social y aprovechando los errores, hijos de las buenas intenciones, a la manera de enseñanzas preciosas que garantizan la educación de esas almas. En las zonas infernales propiamente dichas, apenas residen aquellas mentes que, conociendo las responsabilidades morales que les competían, se alejaron de ellas, deliberadamente, con el loco propósito de escarnecer al propio Dios. El infierno puede ser definido como un vasto campo de desequilibrio, establecido por la maldad calculada, nacida de la ceguera voluntaria y de la perversidad completa. Hay viven, esos espíritus a veces hasta siglos. Espíritus que se bestializaron, fijándose en la crueldad y el egocentrismo. Las criaturas perversas están allí por muchos años, las almas extraviadas en la delincuencia y en el vicio, que tengan posibilidades próximas de recuperación permanecen allí por periodos regulares o ligeros, aprendiendo que el precio de las pasiones es demasiado terrible. Las criaturas desencarnadas de este tipo que alcanzan el sufrimiento, el arrepentimiento y el remordimiento, la dilaceración y el dolor, no obstante no hallarse libres de las complejidades oscuras con que han sido arrojadas a las tinieblas, las casas fraternales y de asistencia a los espíritus arrepentidos en el plano espiritual funcionan activas y diligentes, acogiéndolos en todo lo que les es posible, y habilitándolos para que vuelvan a las experiencias de naturaleza expiatoria en la carne.

Reconocemos por tanto que la oscuridad es el molde que imprime brillo a la luz, el infierno, como región de sufrimiento y de desarmonia, es perfectamente posible, constituyendo un establecimiento justo de filtración, al espíritu que se haya en el camino de la Vida Superior. Todos los lugares infernales surgen viven y desaparecen, con la aprobación del señor que tolera semejantes creaciones en las almas humanas, como un padre que soporta las llagas adquiridas por sus hijos, y que se vale de ellas para ayudarlos a valorar la salud. Las inteligencias consagradas a la rebeldía y a la criminalidad, aun admitiendo que trabajan para si, permanecen al servicio del Señor, que corrige el mal con el propio mal. Todo en la vida es movimiento hacia la victoria del bien supremo.


Esto nos lleva a la conclusión de que nuestras posibilidades de hoy, nos vinculan a las sombras del ayer, exigiendo de nosotros trabajo infatigable en el bien, para la construcción del Mañana sobre las bases redentoras de Cristo.

Trabajo realizado por Merchita Extraído del libro Acción y Reacción, De Francisco Candido Xavier

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