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LOS SECRETOS DE DIOS Richard Simonetti Libro: Quien tiene miedo a los Espíritus ¿Los espíritus se forman espontáneamente, o proceden uno de los otros? Dios los crea, como a todas las otras criaturas, por su voluntad. Más repito una vez más, el origen de ellos es un misterio. Cuestión nº 81 Cara a las dudas sobre sus propósitos, la teología dogmática descarta cualquier cuestionamiento en la declaración inapelable: misterio – un secreto de Dios – revelable apenas cuando el Creador se disponga a obsequiar al Hombre con una revelación. Y no siempre eso resuelve el problema. El Dogma de la Santísima Trinidad, por ejemplo – una “revelación” para justificar porque Jesús, siendo Dios, como se pretende, se refería a sí mismo como simple siervo y mensajero del Eterno – es una solución tan misteriosa como el enigma que pretende revelar. Baluarte inexpugnable del dogma, el misterio reina, soberano, frente a delirantes fantasías teológicas que subestiman la razón.


Si contestamos la resurrección de Jesús, considerando la irreversible desagregación celular impuesta por la muerte, se informa: misterio. Si confrontamos la equidad divina con la diversidad de las situaciones humanas, donde hay ricos y pobres, santos y desesperados, buenos y malos, sanos y enfermos, genios e idiotas, atletas y tetrapléjicos - desde la cuna – se proclama: misterio. Si extrañamos la doctrina de las gracias, según la cual Dios habría escogido para la salvación, contrariando el más elemental principio de justicia, ven la misma cantilena: misterio. Así como los dogmas, los misterios generan descreencia en la medida en que, desenvolviendo su inteligencia, el Hombre rechaza convivir con la fantasía. Para la Doctrina Espírita el misterio no es fruto prohibido en el jardín de las cavilaciones humanas. Apenas está verde y podrá perfectamente ser digerido a la medida en que maduremos nuestras facultades intelectivas. El niño de tres años no está prohibido de resolver los misterios del álgebra. Lo que la impide es la ausencia de agudeza mental para eso. Así como ella lo hará también el Hombre descifrará los enigmas del Universo, en la medida en que desenvuelva sus potencialidades como hijo de Dios. Era un misterio de la razón por la cual los cuerpos sólidos se desploman en el espacio, siempre que pierden la sustentación, hasta que Newton formuló la Ley da Gravitación Universal: ”La materia atrae a la materia en razón directa de su masa e inversa del cuadrado de sus distancias”. Por eso los astronautas fluctúan cuando son apartados de la fuerza gravitacional terrestre. Insondable misterio, supuesto castigo divino, eran determinados males de la antigüedad, que se esparcían con la rapidez del rayo, diezmando poblaciones inmensas, hasta la invención del microscopio, que permitió penetrar el universo de los microorganismos, diseminadores de epidemias donde hay ausencia de higiene, asepsia y profilaxis. Asustadores misterios eran las


casas mal-asombradas, donde se oían barullos inexplicables, muebles moviéndose, lluvias de piedras se precipitaban sobre el tejado, objetos entraban en combustión, hasta que el Espiritismo demostró la existencia de Espíritus que provocan esos fenómenos, a partir dela presencia, en esos locales, de individuos portadores de una sensibilidad especial, la mediumnidad de efectos físicos, que ofrecían, inconscientemente, los recursos fluídicos necesarios. En la antigüedad había el misterio de la generación espontánea, que daba cobertura a la fantasía creacionista de la Biblia. Se concebía hasta una experiencia comprobatoria: se dejaba al aire libre un pedazo de carne y, en poco tiempo, allí surgían gusanos en gran cantidad. El engaño/fue deshecho cuando los observadores constataron que el fenómeno solamente ocurría con la presencia de moscas, que se posaban en los tejidos en descomposición. Los gusanos eran larvas del insecto, que tenían en la carne putrefacta su vivero. Sabemos hoy que los seres vivos invariablemente proceden de otros seres vivos, reproduciéndose a partir de órganos adecuados y que la multiplicidad de las especies vivas, en la Tierra, es fruto de un proceso evolutivo que se inició hace millones de años, con organismos unicelulares, alcanzando su ápice en la especie humana. En cuanto a los Espíritus, por su naturaleza, no pueden proceder unos de los otros, como los hombres. La razón nos dice que no fueron creados instantáneamente. Si la vestimenta carnal, el cuerpo que usamos en la Tierra, demando, como la Ciencia demuestra, millones de años de perfeccionamiento, hasta llegar a la complexidad necesaria para la manifestación de la inteligencia na Tierra, seria inconcebible que el Espíritu, infinitamente más complejo, fuese creado con un “estallar de dedos” por Dios. El origen de los Espíritus es un misterio, no en el sentido teológico asunto prohibido, que no debemos cuestionar. Apenas es asunto impenetrable en nuestro actual estado evolutivo. ***


Cierto día me distraía con palabras cruzadas. El nivel era muy elevado, con conceptos absolutamente indefinibles para mí. No en tanto, cuando leí “escrita por los Espíritus sin que intervenga la mano del médium” no tuve duda. Eso yo lo sabía. La palabra era pneumatografía. Un otro concepto - escrita en alto-relevo para ciegos - fue fácilmente definido por un amigo especialista en Braille: Ana gliptografía. Así ocurre con el “rompe cabezas” que es el Universo. A la medida en que se alargan los horizontes de nuestros conocimientos, con la madurez intelectual y espiritual, definimos sus leyes, comprendemos su funcionamiento, desciframos sus misterios. El cruzado tiene en su auxilio el diccionario. La Doctrina Espírita es el diccionario sublime que nos ayuda a descifrar la farsa de nuestra existencia: de donde venimos, lo que hacemos en la Tierra, para dónde vamos. Avanzando en ese conocimiento, nos explica que donde hay vida existe un principio espiritual que la sustenta. Él se desenvuelve en los milenios sin cuenta, hasta llegar a la complejidad necesaria para el aparecimiento del Espíritu, el ser pensante de la Creación. No sabemos cuánto tiempo demanda esa metamorfosis, cuando, como y donde ocurre, más si llegaremos allá, cuando completaremos la transición en que nos encontramos – de la inferioridad a la perfección, de la humanidad a la angelitud, cuando no más habrá misterios para nosotros. Traducido por: M. C. R

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