Page 1

Los peligros de la fama – mucho más de 15 minutos Wilson Garcia Publicado el 6 de septiembre de 2017 por abpedagogiaespirita Los factores de riesgo del éxito están presentes en la construcción del mito, pero pocos son capaces de sustraerse de ellos o de considerarlos con la debida atención. ¿Por qué? Esto es algo para analizar con cariño. El movimiento espírita -se entiende ahí los espíritas- entraron en un ritmo frenético de producción de mitos desde que Chico Xavier partió en 2002, antes de que el silencio de las gradas cayera sobre la selección brasileña de fútbol. Chico estaba en camino del centenario en el cuerpo físico, pero la colectividad espírita como un todo esperaba que se convirtiera en una especie de carácter bíblico que no muere antes de los 150 años. Como se vio, fue en vano, a pesar de la sorpresa que la muerte causó. El mito Chico, sin embargo, ganó fuerzas con la ausencia del espíritu, de modo que continúa ahí estando sobre las cabezas coronadas de los que creen en la reencarnación con ideas fijas de


vidas anteriores y esperanza vana de un futuro en la inmortalidad amparado por el extraordinario médium minero. Los amigos del rey mantienen la llama con el combustible moldeado por la ilusión, a fin de no perder un contacto que, al final, les llena el vacío de la ignorancia doctrinal y de la falta de coraje para cambiar y construir con la propia sangre el camino del Ser. Toda ausencia necesita nuevas presencias, especialmente cuando se trata de mitos. Si la inevitable mortalidad carga el cuerpo y hace desaparecer del escenario visible el espíritu inmortal, en esta inter existencialidad repleta de diversidad de caracteres en que los que quedan no pueden huir de la convivencia con los seres invisibles y, tal vez más dramáticos todavía, no pueden definir tales personalidades con la misma seguridad que lo hacen con los visibles, entonces resta fortalecer el mito que partió y sustituirlo por otros capaces de alimentar la continuidad de los sueños y de las ilusiones. Se explica, pues, porque el momento es de construcción en línea de los nuevos mitos. Hay un anhelo desenfrenado por ellos, por lo que ellos pueden significar y por todo lo que, aunque irracionalmente, pueden ofrecer como esperanza. El mito muerto va al lugar reservado a la admiración y al culto y por más que sea alabado, dejó de ser de carne y hueso, se convirtió en una individualidad sin la materialidad plausible al tacto, a la sonrisa, al mirar, en fin a los sentidos de los físicos. Y el hombre cuerpo no vive sin los sentidos de lo inmediato. Pero, repitiendo Herculano Pires cuando trató del terrible cerco de los liderazgos al médium Chico Xavier, lo que los espíritas hacen con las nuevas inteligencias que despuntan en el escenario de la doctrina es de una maldad sin fin. En vez de crear condiciones para que desarrollen sus tareas con tranquilidad y seguridad, comprendiéndolos como seres humanos frágiles y sometidos a un sistema incapaz de amparar el espíritu en el cuerpo, sistema lleno de peligrosas trampas, las rodean como aves emplumadas y arrastran, para los escenarios iluminados del éxito vano. El mito de Chico no basta, porque el mito de Chico es un mito muerto. Los viejos dirigentes mediúmnicos elevados a la misma condición mitológica como sustitutos pasan a símbolos próximos a


la soledad tumular. Es decir, el mismo destino dado al cuerpo del saludable Chico amenaza la vejez del mito sustituto y nadie soporta la posibilidad de otra ausencia sin que haya candidatos listos para llenarla de inmediato. Las viudas del Chico que lo digan, pues no cesan de llorar en este velorio interminable, en este luto rápido en el que las entrañas del cuerpo hace mucho hecho polvo continúan aspirando por el lamento dolorido de los que no aceptan la pérdida. Muchas de las nuevas inteligencias, que aquí aportan llenas de proyectos renovadores, son engullidas por el desbordado ritmo de los líderes espíritas desorientados. Ofrecen, bajo el velo de una supuesta misión, la certeza del éxito. C<las rodean, repito, y no le dan tiempo de pensar. Programan su destino, llenan sus días, sus horas, las colocan en las redes sociales, graban sus representaciones en los escenarios que sustituyen a las antiguas tribunas, pagan sus pasajes aéreos y sus hoteles, las asesoran indicando lugares, temas, visten y las alimentan. En poco tiempo, están totalmente entregados y dominados, por un lado creyendo en la misión de que fueron revestidos y en la libertad de elección que de hecho no tienen. Se convirtieron en actores cuando debían ser educadores. Reciben aplausos y son engañados por el sonido frenético de los aduladores, cuando deberían recibir el abrazo afectuoso que ampara y reanima. En definitiva, el escenario sustituyó a la tribuna, la imagen pasó a valer más que la palabra. ¿Dónde está el tiempo del estudio y de la reflexión, el momento del Ser con el Ser, la manifestación de las inquietudes filosóficas, la búsqueda de respuestas que sólo ocurren en el silencio de la conciencia? ¿Cómo construir y renovar, si la condición humana es sustraída antes hasta de la propia maduración de la personalidad? El sistema que las engulle es el mismo que toma de asalto a los constructores del mito. Es un sistema perverso, corrompido y corruptor, que alimenta la incesante necesidad de consumir, que predica la felicidad con el tener, el existir con la posibilidad de aparecer a las miradas deslumbradas. Por último, se crea la ilusión de que los candidatos a mito, nuevos actores de los escenarios-tribunas, tienen capacidad ilimitada de conocimiento, de modo que pasan a la etapa de sabios que todo lo


pueden y a todo responden. Se convierten en portavoces del espiritismo y pasan a frecuentar los programas mediáticos donde son incensados, los mediocres congresos espíritas donde son presencias repetidas a defender temas lugares comunes, las redes sociales donde admiradores comparten masivamente las mismas imágenes por días y días seguidos, en una forma de masacre de la audiencia completamente incapaz de huir a este cerco. Resta la esperanza de aquellas inteligencias que, valiente y sabiamente, se niega a participar del sistema, prefiriendo el camino del trabajo serio y discreto, consciente de la importancia de la doctrina espírita, que está por encima de las individualidades. Más -es ahí la perversa condicional -precisan enfrentar otro tipo de lucha: la del desprecio de los liderazgos comprometidos con el mito y el éxito pasajero, pues son marginados y señalizados como intelectuales de las élites, que deben ser evitados por representar un supuesto peligro al espiritismo. No aceptando la condición de actores de los escenarios-tribunas, encuentran dificultades inmensas para publicar sus libros, exponer sus estudios, ver sus ideas debatidas y, por encima de todo, tener su condición humana respetada, lejos de las exageraciones y de la maldad de los parcos 15 minutos de fama. Sufren con las acciones arduas que le son armadas, que les cerraban puertas y con aquellos que huyen a su contacto como si fueran portadores de terribles enfermedades contagiosas. A pesar de ello, se resisten -y han de resistir- por el bien del futuro de la doctrina, del Ser y de su planeta. Wilson Garcia

Profile for CRUZ REYES

LOS PELIGROS DE LA FAMA POR WILSON GARCIA  

LOS PELIGROS DE LA FAMA POR WILSON GARCIA

LOS PELIGROS DE LA FAMA POR WILSON GARCIA  

LOS PELIGROS DE LA FAMA POR WILSON GARCIA

Profile for merchita
Advertisement