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MALOS TRATOS Y LA VIOLENCIA Mercedes Cruz La ola creciente de violencia que se esparce por toda la Tierra asume grandiosas e imprevisibles proporciones, irrumpiendo, intempestivamente, se torna avasalladora, en vigoroso testimonio de barbarie, difundiéndose en la inexperta Juventud, en condiciones inimaginables aflictivas. ¿Por qué ocurren los malos tratos y la violencia? Sociólogos, educadores, psicólogos y religiosos, se preocupan especialmente con la expresiva mole de delincuentes que actúan con una actitud perversa y violenta, profundizando en pesquisas , improvisando soluciones, experimentan métodos mal elaborados, adhiriéndose a impositivos precipitados, ofrecen


sugestiones que triunfan por un día y sucumben a siguiente, prosiguiendo todo lo mismo, incluso más turbulento, más inquietante. El violento padece, no raramente, de disturbios endógenos o exógenos que lo impelen o predisponen a la violencia, que se desborda ante las demás contribuciones sociales, económicas, nosológicos… Por el complejo de la personalidad, en muchos individuos existen traumas sicológicos e inhibiciones que proceden del propio espíritu, además los disturbios orgánicos, las secuelas de enfermedades varias, los traumatismos ocasionados por golpes son otra fuente de desarreglos del discernimiento, enseñando la fácil eclosión de la violencia y de la agresividad. Los malos tratos pueden ser físicos, sexuales, psicológicos, verbales o una combinación de estos. La falta de atención, que ocurre cuando los padres no atienden las necesidades básicas de los menores que dependen de ellos, puede ser una forma de maltrato. La violencia familiar puede afectar a cualquiera y puede ocurrir en cualquier tipo de familia. En algunos casos, los padres se maltratan entre ellos, algo que puede ser difícil para los niños que son testigos. Algunos padres maltratan a sus hijos y recurren a la crueldad verbal o física como una manera de imponer la disciplina. Pero el maltrato y la violencia no sólo se dan dentro de la familia. El comportamiento “abusivo” es una forma de violencia. Abusar de otro por medio de la intimidación, las amenazas o la humillación puede ser un maltrato equivalente al de una golpiza. Las personas que se comportan de este modo a menudo han sido víctimas de maltrato. Esto también es cierto cuando el maltrato se da en el seno de la pareja. Pero el hecho de haber sido víctima de malos tratos o de violencia no es ninguna excusa para maltratar a nadie. El maltrato y la violencia también pueden adoptar la forma de delitos motivados por prejuicios, cuando se dirigen contra determinadas personas sólo por su raza, religión, capacidades, género u orientación sexual. Si eres una de las miles de personas que viven una situación de malos tratos, es posible que te sea de ayuda comprender por qué algunas personas son abusivas y darte cuenta de que la violencia no es culpa tuya. A veces, las


personas abusivas manipulan a las personas a quienes maltratan y les dicen que hicieron algo malo o que “se lo buscaron”. Pero esto no es cierto. No hay una única razón para los malos tratos, aunque hay algunos factores que parecen incrementar las probabilidades de que una persona se convierta en violenta. Uno de estos factores es haber crecido en una familia donde ha habido malos tratos. Otras personas recurren al maltrato y la violencia porque no pueden controlar adecuadamente sus sentimientos. Por ejemplo, una persona incapaz de controlar su ira o que no puede manejar las situaciones personales de estrés (como la pérdida del trabajo o los problemas matrimoniales) puede atacar a otros. El consumo de alcohol o de drogas puede hacer que resulte difícil para una persona controlar sus actos. Algunos tipos de trastornos de la personalidad o enfermedades mentales también pueden interferir con la capacidad de una persona para relacionarse con otros de manera saludable o pueden provocar problemas de agresividad o autocontrol. Por supuesto, no todas las personas que padecen un trastorno de la personalidad o una enfermedad mental se vuelven violentas o abusivas. Afortunadamente, el maltrato se puede corregir. Todos pueden aprender a detenerse. Cuando una persona es víctima de malos tratos, éstos pueden repercutir sobre todos y cada uno de los aspectos de su vida, especialmente sobre su autoestima. La medida en que los malos tratos afectan a una persona depende de las circunstancias y, en algunos casos, del grado de violencia al que ha sido sometida. A veces, una nimiedad puede desatar una reacción desmesurada. Por ejemplo, ser tocado de manera inadecuada por un integrante de la familia puede ser una experiencia sumamente confusa y traumática. En todas las familias hay discusiones. De hecho, lo raro es que en una familia no haya nunca momentos difíciles, desacuerdos y enfados. Es normal recurrir a castigos, como quitar privilegios a los hijos, prohibirles que salgan de su habitación o que salgan con sus amigos. También es normal que haya gritos entre padres y adolescentes, aunque pelear con un amigo o con los propios padres suele hacernos sentir mal. Pero, si el castigo, la discusión o los gritos van demasiado lejos o se prolongan durante mucho tiempo, pueden derivar en estrés y otros problemas graves.


Los adolescentes que son o fueron objeto de malos tratos suelen tener problemas para conciliar el sueño, alimentarse y concentrarse. Y su rendimiento académico puede verse negativamente afectado porque están enfadados o asustados, o porque no se pueden concentrar o no les interesa hacerlo. Muchas personas que han sido víctimas de malos tratos desconfían de los demás. Algunos sienten mucha ira contra sí mismos y contra los demás, y les cuesta mucho entablar amistades. Los malos tratos y la violencia son una causa importante de depresión en jóvenes. Algunos adolescentes se involucran en comportamientos autodestructivos, como autolesionarse o abusar de sustancias, como las drogas o el alcohol. Y hasta es posible que intenten suicidarse. Es normal que una persona que ha sido maltratada se sienta dolida, enojada y confundida por lo que le ha ocurrido. Es posible que se sienta culpable o avergonzada por lo ocurrido e, incluso, que se culpe a sí misma. Pero los malos tratos nunca son culpa de quien los recibe, por mucho que el maltratador intente echarle la culpa. A menudo, los maltratadores intentan manipular a sus víctimas para que mantengan la situación en secreto y tal vez recurran a frases como las siguientes: "esto será un secreto entre tú y yo" o "si se lo cuentas a alguien, te haré daño o le haré daño a tu mamá" o "si se lo cuentas a alguien, tendrás problemas. Nadie te creerá e irás a la cárcel por mentiroso". De esta forma, el maltratador consigue que la víctima cree que no hay nada que pueda hacer y evita que lo denuncie. A las personas que son víctimas de violencia puede resultarles difícil obtener ayuda, porque para ello tienen que acusar a alguien a quien quieren; alguien que puede ser maravilloso con ellos gran parte del tiempo y desagradable sólo en algunos momentos. Es posible que teman las consecuencias de realizar una denuncia, ya sea por temor al maltratador o porque la familia depende económicamente de esa persona. Éste es uno de los motivos por los cuales los malos tratos no se suelen denunciar. ¿Qué debería hacer una persona que es víctima de malos tratos o violencia?


Las personas que son víctimas de malos tratos o de violencia necesitan ayuda. El hecho de mantener la situación en secreto no las protege de futuros malos tratos sino todo lo contrario; lo único que consiguen ocultándolos es incrementar las probabilidades de que la situación continúe. Si tú o alguien que conoces es víctima de violencia o malos tratos, habla con alguien en quien tú o tu amigo confíen: un familiar, un profesor de confianza, un médico o un consejero escolar o religioso. Hay muchos profesores y psicólogos escolares que tiene la formación necesaria para detectar y denunciar los malos tratos y las situaciones de violencia. En los directorios telefónicos encontrarás los números de teléfono de atención a las víctimas de maltrato infantil y violencia familiar a los que puedes llamar en busca de ayuda. En algunos casos, las personas que son víctimas de violencia familiar tienen que buscar un lugar seguro para vivir temporalmente. Tener que irse de casa nunca es fácil, pero a veces es necesario para evitar mayores malos tratos. Las personas que necesitan abandonar su casa para estar seguras pueden encontrar los datos de refugios y casas de acogida de su localidad en el directorio telefónico o pueden comunicarse con las líneas de ayuda de su localidad para casos de violencia. En algunos casos, podrán quedarse en casa de un familiar o un amigo. Las víctimas de violencia o malos tratos suelen sentirse asustadas, perdidas o solas. Buscar ayuda y apoyo es un primer paso sumamente importante para cambiar la situación. Muchos adolescentes que han sido víctimas de violencia se dan cuenta de que las emociones dolorosas pueden persistir incluso después de que cesan los malos tratos. Trabajar con un terapeuta es una forma de elaborar y afrontar los complejos sentimientos y reacciones que conlleva el hecho de haber recibido malos tratos, y el proceso puede ayudar a recuperar la seguridad, la confianza y la autoestima pérdidas. Amigos tengo poca experiencia en este tema, por eso estuve buscando y encontré una página, que habla muy bien sobre los malos tratos, un tema muy preocupante en la actualidad, cuando el hombre crezca en dignidad y


moralidad no necesitará de acudir a la violencia para hacer prevalecer lo que él quiere y desea. Cuando la mujer se dignifique, y sea consciente de su deber en la vida, como esposa, madre y mensajera de la familia, sabrá limar sus malas inclinaciones, y procurará ser dulce, amorosa, y fiel cumplidora de su papel dentro del ámbito familiar, sin agresividad hacia todo aquello que la contrarié.


Los malos tratos y la violencia (mercedes cruz)