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LA TELEPATÍA, ¿COINCIDENCIA O REALIDAD? Valerio Fauvel y Fabienne Ducourneau

La telepatía o transmisión del pensamiento intriga desde hace muchísimo tiempo y los sistemas espiritualistas de pensamiento han atribuido al hombre una doble naturaleza: un cuerpo físico y un espíritu no físico, que es el caso en la filosofía espírita. Sin embargo, nuestras sociedades modernas no lo entienden así: los progresos en el campo científico llevan a esclarecer muchos fenómenos naturales que antiguamente suscitaban creencias y supersticiones. Desde entonces, el quórum científico, soberano y depositario del conocimiento, considera que todo lo que no comprende, se explicará más tarde de manera materialista sin hacer intervenir de noción espiritual. Uno de los mejores ejemplos es la teoría sobre la deriva de los continentes. Alfred Wegener, un eminente geólogo alemán, creía que los continentes se


habían separado y es por eso que Sudamérica tiene aspecto de encajar tan bien en África. Nadie le creyó y se le tomó por loco. Pero resultó que había acertado. La telepatía, definición: En el Larousse, es definida como sigue: “Comunicación directa entre dos espíritus cuya separación impide toda comunicación por medio de las sensaciones usuales”. En la filosofía espírita la telepatía es definida como una facultad del espíritu, una fuerza del pensamiento, fenómeno que fue objeto de numerosos experimentos, realizados por diferentes personalidades científicas, a veces escépticas al principio y luego convencidas, y cuya realidad científica fue demostrada: Richet, Héricourt, Guthrie, Lodge, Schmoll, Desbeaux, W. M. Pickering, Warcollier, Gardner-Murphy, etc. La telepatía constituye la facultad que ha suscitado el mayor número de investigaciones científicas analizadas bajo diferentes nombres: “comunicación del espíritu”, “transmisión de pensamiento”, luego, en 1882 Frédéric Myers designó como telepatía, “la comunicación de las impresiones de un espíritu a otro fuera de las vías sensoriales conocidas”. El término tiene su origen en el griego “tele”: lejos y “pathos”: el afecto. Otros la llamaron fenómeno “psi”, “paranormal” o hasta “fenómeno extrasensorial” como el parapsicólogo J. B. Rhine. La percepción extra-sensorial conocida generalmente con el nombre de ESP se refiere a la aparente facultad de un ser humano de obtener informaciones sin recurrir a sus cinco sentidos y sin depender de un razonamiento lógico. Pruebas por miles: En 1880, con la creación de la Society for Psychical Research, el gran físico Sir William Barrett aplicó métodos estadísticos a esta investigación. Fue uno de los primeros campos de la ciencia donde realmente fueron utilizadas las estadísticas en el marco de la investigación experimental. Los experimentos de adivinación de cartas, desarrollados por Sir William Barrett, son un ejemplo de ello, reportado por una revista reciente que enumera todas aquellas primeras publicaciones: hubo 186 artículos publicados que describían 3.600.000 ensayos con más de 30 investigadores. El significado estadístico es astronómico dice Rupert Sheldrake, abogado de la realidad del fenómeno y autor de varios libros. Añade que la mayoría de estos experimentos son replicables, al contrario del argumento opuesto con frecuencia; y que,


según estudios ingleses, europeos, norteamericanos y un poco de todas partes del mundo, la mayoría de la gente cree que ha vivido estas experiencias. Merece la pena detenerse allí… En su libro Lo desconocido y los fenómenos psíquicos, el astrónomo Camille Flammarion relata decenas de casos de comunicaciones telepáticas, a menudo entre personas vinculadas por afecto o amor. Escribe: “No hay nada de anti-científico, nada de novelesco en admitir que un pensamiento actúe a distancia sobre un cerebro. Hagan vibrar una cuerda de violín o de piano: a cierta distancia, otra cuerda de violín o de piano vibrará y emitirá un sonido. La ondulación del aire se transmite invisiblemente. No es una sustancia que se traslada; es una onda que se propaga”. Relata decenas de experimentos realizados bajo hipnosis tal y como el de una chica que fue informada de que tendría que responder a una pregunta que le sería hecha mentalmente, sin la intervención de ninguna palabra ni de ninguna señal, lo cual hizo. Se han probado otras sugestiones en sujetos que ya no están bajo hipnosis, pudiendo el hipnotizador a distancia y por el pensamiento, pedir al sujeto que realice una acción (dormir, desplazarse a un lugar preciso, buscar un objeto…) Recordemos que el sujeto siempre es dueño de aceptar o no la sugestión del hipnotizador. “El 10 de diciembre de 1887, escondí, sin que Marie (el sujeto hipnotizado) lo supiera, un reloj parado, detrás de los libros en mi biblioteca. Cuando ella llegó, la dormí y le di la siguiente orden mental: “Ve a buscar el reloj que está escondido detrás de los libros en la biblioteca. Yo estoy en mi butaca, Marie está detrás de mí, y cuido de no mirar hacia el lado donde está escondido el objeto. Ella abandona bruscamente su butaca, va directo a la biblioteca, pero no puede abrirla, todas las veces que toca la puerta, y sobre todo el vidrio, se producen enérgicos movimientos regulares ¡Está allí! ¡Está allí! Estoy segura: ¡pero este vidrio me quema! Me decido a ir a abrir yo mismo; ella se precipita sobre mis libros, los saca, y toma el reloj que está muy contenta de haber encontrado”. Estos hechos que muestran la acción de la voluntad en los experimentos de hipnosis y de sonambulismo, han sido observados centenares de veces. “Ludovico X…, a la edad de cinco años, queriendo su madre que aprendiera las tablas de multiplicar, se dio cuenta, no sin sorpresa, ¡de que él las recitaba tan bien como ella! Pronto le tomaría el gusto y llegó a hacer, mentalmente,


multiplicaciones con un formidable multiplicador. Bastaba con leerle un problema tomado al azar de un conjunto y daba enseguida la solución: “El radio de la Tierra es igual en 6.366 kilómetros; encontrar la distancia de la Tierra al Sol, sabiendo que equivale a 24.000 radios terrestres. Expresar esta distancia en leguas”. El padre no tardó en observar que: - 1 El niño sólo escuchaba poco, y a veces nada, la lectura del problema; - 2 La madre, cuya presencia era una condición expresa para el éxito de la experiencia, debía tener siempre, ante los ojos o en el pensamiento, la solución solicitada. De donde dedujo que su hijo no calculaba, sino que adivinaba, o, para decir mejor, practicaba en su madre la lectura de pensamiento; de lo cual resolvió asegurarse. En consecuencia, rogó a la señora X. que abriera un diccionario y le preguntara a su hijo qué página tenía ante los ojos, y el hijo respondió enseguida: Es la página 456. Lo que era exacto. Diez veces lo repitió y diez veces obtuvo un resultado idéntico. Su notable facultad no operaba únicamente con los números. Si la señora X. marcaba con la uña una palabra cualquiera en un libro; el niño, interrogado a este respecto, mencionaba la palabra subrayada. Se escribía una frase en una libreta; y por larga que fuera, bastaba que pasara ante los ojos maternos, para que el niño, interrogado, aun por un extraño, repitiera la frase palabra por palabra, sin tener aspecto de sospechar que realizaba una hazaña. No era necesario que la frase, el número o la palabra fueran fijados en el papel; bastaba con que estuvieran muy claros en el espíritu de la madre para que en el hijo operase la lectura mental. En los juegos de salón, adivinaba una después de otra todas las cartas de un juego. Indicaba, sin vacilar, qué objeto se había escondido en una gaveta, sin que él lo supiera. Si se le preguntaba lo que contenía un bolso, mencionaba hasta la fecha de las monedas que se encontraban en él. En la traducción de lenguas extranjeras, se creería que entendía claramente el inglés, el español y el griego, pues podía retornar el sentido con soltura”. Otra clase de experimentos sobre telepatía es la transmisión de dibujos. Mucha gente ha hecho test donde una persona hace un dibujo y otra, en otra


habitación u otra ciudad debe tratar de reproducirlo. Ha habido éxitos espectaculares con este género de experiencias. El resumen más célebre es el del escritor norteamericano Upton Sinclair, que en 1930 publicó un libro titulado Mental Radio. Es difícil cuantificar las semejanzas aunque sean sorprendentes, y en conjunto esta vía no ha sido continuada por los parapsicólogos En los años 60 surgió un nuevo género de investigación en parapsicología experimental, que implicaba test sobre los sueños telepáticos. En estos experimentos, las personas venían a dormir en un laboratorio. Cuando comenzaban a soñar con movimientos oculares rápidos, un experimentador en un edificio distinto bastante alejado del soñador, miraba una imagen escogida al azar y se concentraba para transmitírsela. Estos experimentos dieron resultados positivos y altamente significativos: 450 ensayos, un significado estadístico de 1,3 X 10-8 o si lo prefieren, 75 millones de oportunidades contra 1 de que esto no se debía al azar, dice Rupert Sheldrake. Joseph-Banks Rhine Botánico y psicólogo del siglo XX, Rhine también realizó investigaciones profundas: “Imaginen al sujeto receptor sentado delante de un tablero de 48 casillas numeradas, con los ojos vendados y separado del tablero por una cortina. En otra habitación, el sujeto emisor, provisto igualmente de un tablero y fichas, elige una casilla pensando fuertemente en ella. Después de una serie de 187 ensayos, se obtuvieron 60 éxitos, resultado que se opone a las leyes de probabilidad que admiten sólo 4 éxitos”. En asociación con el parapsicólogo Pratt, desarrolló el test de Zener por medio de 25 cartas que comprenden 5 motivos diferentes. El experimento consiste en una sucesión de 25 tiradas de cartas por un sujeto. En los primeros tiempos las cartas eran mezcladas a mano, pero más tarde Rhine empleó una máquina para seleccionarlas. Un segundo sujeto, de ser posible en otra sala, debe tratar de “adivinar” la carta que el primer sujeto acaba de seleccionar. J. B. Rhine ha repetido miles de veces estos experimentos. Los resultados han resultado concluyentes, superando ampliamente el umbral de éxito que se puede conceder a un eventual azar o a coincidencias. Los test telepáticos “Ganzfeld”, desde los años 1970, consisten en que el sujeto sea acostado en una habitación en un estado de ligera privación sensorial, co


mitades de pelotas de ping-pong sobre los ojos, ruido blanco en los auriculares, luz roja y una atmósfera sosegada, mientras que alguien, en otra habitación u otro edificio, mira una foto o un videoclip, escogido al azar entre un grupo de fotos o de vídeos. La pregunta es entonces: “¿Puede decir el sujeto, identificar, entre 4 imágenes que le son mostradas al fin, cuál es la que la otra persona miraba?” Si no se tratara sino de adivinanza, la tasa de éxito sería del 25 %. Pues bien, los experimentos realizados entre 1974 y 1985, o sea 25 estudios publicados, 762 ensayos… muestran que globalmente la proporción estadística es de mil millardos contra uno. “Aunque me parezca que estas pruebas recogidas por los parapsicólogos, gracias a las investigaciones realizadas en laboratorio sean muy impresionantes y hasta convincentes, tienen sin embargo una gran desventaja, la de estar basadas en situaciones extremadamente artificiales. Queriendo ser científicos, muchos de estos experimentos están demasiado alejados de la telepatía de la vida corriente, cuando la mayoría de las veces la telepatía se produce entre personas que se conocen bien. En la vida real no ocurre entre extraños, o al menos, si se produce, es muy raro”.

La telepatía (valerio fauvel y fabienne ducourneau)  

TELEPATÍA¿COINCIDENCIA O REALIDAD?