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LA SÚPLICA DE LA NATURALEZA ¿Has imaginado, alguna vez, a la naturaleza en súplica? Y si la naturaleza rezara al Creador, ¿cómo se haría oír? Pues una poetisa logró describir, con razón y sensibilidad, su percepción de la naturaleza en súplica. Si lo deseas, también podrás escuchar esa oración silenciosa, aguzando los oídos de tu imaginación, y viajando en las palabras de esa sensible alma. “El sol que se proyecta de las tonalidades de la madrugada e inunda todo de claridad, ora al Creador. La brisa que susurra canciones perfumadas por todos las rincones, ora al Creador. La lombriz que fertiliza el suelo, tornando al surco fecundo para la siembra, ora al Creador. La semilla que irrumpe del suelo y se convierte en beneficio, en vestido, en pan, ora al Creador.


La luciérnaga que relumbra en el seno de la noche y el lobo que aúlla ante la luna fría, oran al Creador. El botón que se abre en risueña floración, que representa el jardín, ora al Creador. El bravío mar que enviste contra el peñasco, espumando, saciado, ora al Creador. Las lejanas estrellas que constelan los cielos del mundo, titilando sus colores, oran al Creador. Los cardúmenes que se orientan en una misma dirección y los bandos de aves que cruzan el espacio a la búsqueda de nuevos nidos, oran al Creador. Las ligeras centellas de luz que relampaguean distantes, atenuadas sobre el fondo oscuro de la tempestad, oran al Creador. La colmena y el hormiguero, mientras demuestran su fascinante articulación social, oran al Creador. La persona que labra la tierra y la que enseña; aquélla que alimenta otros seres y la que salva vidas; la que cuida con atención de todo lo que no es racional; aquélla que perdona, que comprende, que reprende para el bien y que trabaja de todas las maneras para que la vida se haga más hermosa, más vibrante, más feliz, incluso, está en régimen de oración, esté o no conciente de ello. Entendemos, de esta forma, que toda labor que nos haga avanzar para la felicidad, cuando acatamos las leyes divinas, representa un movimiento de plegaria, un sorbo de inspiración que rehace, un canto dirigido a Dios”. *** Orar, es más que pronunciar palabras… Es tener una actitud de reconocimiento, es colaborar con Dios haciendo la parte que compete a favor del bien, de lo útil y de lo bello. Por eso, vive intensamente imprimiendo en tus actitudes un ruego al Creador.


Sonríe, juega de una forma sana, canta, instruye e instrúyete, y coopera en las actividades útiles, ampara y sirve; actúa en la esfera del bien sin alegar cansancio y ten la seguridad de que eso representa tu oración. Actuando de esta manera, llevarás una vida en estado de oración, una vida de paz. Se desconoce el autor


La súplica de la naturaleza