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LA POBREZA EN SU ESENCIA CRISTIANA ES FELICIDAD Mercedes Cruz Reyes

“La pobreza según Francisco de Asís en su esencia cristiana, es la felicidad. “ La riqueza en el mundo de las formas es pura ilusión. Ella trae problemas de difícil solución para nuestros caminos, porque el dinero, en manos que no comprenden sus objetivos primordiales, pasa a dificultar los más puros ideales. Es bueno que comprendamos que existen muchos pobres ricos y muchos ricos pobres. El amaba la pobreza en un sentido diferente a los ojos de los materialistas y hacia todo para hacer circular las riquezas de Dios, el único dueño de todo lo que existe en la creación. La comunidad a la que el pertenecía tomaba directrices más drásticas acerca de la pobreza, para fijar en la mente de sus compañeros el desprendimiento, pero el desprendimiento que valora las cosas y no el que las desprecia. El hombre de bien debe


ser el contraste de lo que existe en las regiones organizadas por la política y por los intereses individuales. el hombre de bien, como Francisco lo fue, están en el mundo para dar todo de sí, para que los semejantes puedan por lo menos, dar de sí para los demás, lo que es ya un comienzo de la oferta cristiana, de caridad y de desprendimiento. Jesús fue el hombre más pobre de la Tierra. El mismo dice no tener una piedra para reclinar su cabeza, cuando necesita del descanso. Entretanto, era y el Mayor Donador que la Tierra conoció hasta ahora. Pobreza, en el sentido que hablamos, , es sinónimo de libertad espiritual. Aquel que consigue ser pobre, en lo que concierne a la filosofía de Cristo, verdaderamente es el más rico de los ciudadanos del mundo y del cielo, porque está perfectamente en paz con su propia conciencia. Pidamos a Jesús que nos ayude a entender que es la pobreza, en el escenario Evangélico. El hombre debe acumular bienes en el granero de su conciencia, aquellos imperecibles que adquirimos con los esfuerzos de cada día por la educación, por la instrucción, por la disciplina por el dolor y a través de todos los problemas. Las propiedades del mundo son engañosas, por prendernos a las reglas humanas, donde a cumulamos los bienes terrenos. Tenemos que defenderlos, arriesgando la propia vida, y ello nos lleva generalmente a determinadas acciones contrarias a nuestra moral, perjudicando nuestra dignidad. El verdadero sabio nada posee, para no quedar preso al oro; el verdadero santo es desprendido de la fortuna, para no ser su esclavo. La verdadera propiedad es aquella que podemos guardar en el corazón; son los talentos de que nos hablan los Evangelios, esos los llevamos a todas partes con nosotros, son conquistas que quedaran eternamente con nosotros, por las bendiciones del Padre Celestial. Esto no quiere decir que se deba despreciar el oro del mundo, pero debemos, cuando el llegue a nuestras manos, canalizarlo hacia los


lugares debidos, donde fueran necesarios. Todo, en el lugar apropiado, es bendición de Dios para la felicidad del hombre. La verdadera propiedad es discernimiento, es cordialidad, es saber oír, es entender sin herir, es trabajar por amor, es hablar ayudando, porque los valores de Dios no podrán estacionarse en el alma, presos por los egoísmos. El tesoro del cielo aumenta en nosotros en la proporción en que lo distribuyamos. Es dando que recibimos. El Espiritismo es la Doctrina que impulsa a sus adeptos al perfeccionamiento moral para evitar que estos dejen, por el camino recorrido, huellas negativas de su marcha, pues consciente de todas sus responsabilidades, especialmente de aquellas de naturaleza moral, que se aplican en razón de sus conquistas rumbo a la liberación total de los atavismos inferiores, de los instintos primitivos, les permite la conquista de la intuición, que es el paso inmediatamente superior de la razón, para alcanzar la sabiduría, la culminación del amor y del conocimiento. Por eso, ante las conquistas tecnológicas modernas, el espiritista se convierte en el eslabón del amor entre la inteligencia alucinada y los sentimientos controvertidos, ejemplificando en todas las situaciones, con nobleza de alma, mediante la aplicación de sus dones intelecto morales, - síntesis del verdadero progreso - que representan la más preciosa conquista para ser realmente feliz, construyendo a nuestro alrededor y en nosotros mismos, el templo de la paz y del amor, con ese amor que manifiesta el pensamiento de Dios en el Universo, vivificándolo todo. En estos momentos es imperioso restablecer el pensamiento cristiano en su pureza primitiva, demostrar la excelencia de su contenido ético que emana del Espiritismo como primer paso para unir a los hombres bajo la misma esperanza de paz, que el trabajo de solidaridad logrará junto a la iluminación de las conciencias delante de la Vida. ****************** Trabajo realizado por Merchita


Extraído del libro “Francisco De Asís” de Joao Nunes Maia, y del libro “Hacia las Estrellas” de Divaldo Pereira Franco


La pobreza en su esencia cristiana es felicidad (mercedes cruz)