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LA OPRESIÓN DE LA MUJER Y LA IGUALDAD NECESARIA JOAMAR ZANOLINI NAZARETH En el pasado los hombres valoraron más la fuerza bruta, y así en vez de proteger, amparar y compartir con la mujer, terminaron subyugándola, dominándola y abusando de ella, creando las condiciones de sufrimientos y constreñimientos que aún persisten en el universo femenino. Con su libre arbitrio, el Espíritu hombre instituyó una sociedad patriarcal y machista, causando sinsabores y angustias a los semejantes que portaban un cuerpo femenino. La experiencia femenina que serviría para ayudar a desarrollar en la Tierra valores nobles, que beneficiarían al Espíritu al venir al mundo en forma femenina, principalmente a través de la sublime experiencia de la maternidad, acabó por constituir para las almas que transitan en tal género, un pesado camino de dolor, injusticia, abuso y esclavitud a los caprichos masculinos. Sordo a los consejos de lo Alto que le alertaban sobre la Ley de acción y reacción, se olvidó el espíritu encarnado en los hombres que tendría que vivir todas las experiencias necesarias para fundir


las virtudes producto de la razón y del sentimiento, pasando para eso por la experiencia de la feminidad, la cual ellos mismos tendrían que vivenciar para su propio escarnio. De este modo, con la instauración del patriarcado –además, en un mundo de pruebas y expiaciones–, las vidas desarrolladas por hombres y mujeres se polarizaron al extremo, de manera que la razón ejercida en forma prepotente y exclusiva por los primeros, terminó desvalorizando y doblegando las tareas que propician el desenvolvimiento de los sentimientos sublimes para el Espíritu en el cuerpo femenino. Los espíritus que encarnan como hombres se vieron tentados al uso severo de la fuerza y, cuando no, a establecer el dominio con ayuda de la razón; mientras que los que encarnan como mujer se vieron forzados a disminuir sus dotes intelectuales y encontraron un campo fértil para el desarrollo de su sensibilidad a través del sufrimiento y la resignación. En estas condiciones se hizo más fácil al espíritu el progreso intelectual, que ante estas condiciones se hacía más rápido y menos doloroso que el desarrollo de sentimientos sublimes, que entonces se hizo más lento, gradual por el peso de la violencia y el sufrimiento. La capacidad más exaltada fue, en consecuencia, la intelectual, desvalorizándose así, por siglos, importantes realizaciones que proporcionarían una experiencia femenina no sometida a tales condiciones terribles. Esto explica por qué es tan necesaria a la misión libertadora y redentora de la mujer del yugo patriarcal. La respuesta sabia de los Mentores Espirituales a Allan Kardec en la pregunta 821 de El libro de los Espíritus indica la importancia de la misión de la mujer: 821 – Las funciones a las que está destinada la mujer por la Naturaleza, ¿tienen tanta importancia como las reservadas al hombre? –Sí, y mayores; ella es quien le da las primeras nociones de la vida. Lamentamos que en lugar de comprender la importancia de la experiencia liberadora de la tarea femenina, como escuela bendita


para el cultivo de la sensibilidad del espíritu, se promuevan discusiones infructíferas, estériles e interminables sobre la superioridad del hombre en relación con la mujer. Esto es insensato, pues el espíritu inmortal, en su trayecto hacia la perfección, solo tiene un género transitoriamente definido por el conjunto más acentuado de los valores de la masculinidad o de la feminidad en función de sus más recientes experiencias, porque, como se dijo anteriormente, en esencia el espíritu no tiene sexo. No es tan sencillo con la denigración del género femenino, el proceso de evolución del espíritu. La herramienta física indica posibilidades y aprendizajes, pero el aprendiz que no desee oír las orientaciones que lo conduzcan al buen aprovechamiento del instrumento y lo utiliza mal, no aprende casi nada bueno en el arte de vivir. En este sentido, nada bueno aprende al venir y ser tentados como hombres a hacer mal uso de la razón, en detrimento de su propio desarrollo como seres sensibles; y poco aprenden al encarnar como mujeres, llevando una existencia, en la cual no logran descubrir el amor con sus compañeros masculinos. Pero ello puede hacer que, como mujeres, busquen en Jesús la inspiración para el resguardo de sus sentimientos o unirse con sus congéneres para contrarrestar los abusos de los hombres machistas. La azada que tritura y cava la tierra, también puede herir al semejante. El libro que esclarece, también sirve para calzar una mesa desnivelada. El tenedor que facilita la alimentación saludable, también fue usado para herir el vientre de un misionero de la caridad en la Tierra (nos referimos al maltrato que sufrió Chico Xavier por parte de su madrina). La pluma que enriquece la lección, también firma la pena de muerte. El dinero que es invertido en hospitales y escuelas también puede ser empleado en la propagación de tóxicos. La energía eléctrica que ilumina la residencia también permitió la tortura a víctimas indefensas.


El agua que mantiene la vida también puede ser foco irradiante de enfermedades. La mano que acaricia puede ser la misma que agrede… Quien desee crecer, encontrará en el buen uso de la herramienta un instrumento propiciador de conocimientos y habilidades. Quien no lo desee desperdiciará el equipo, relegándolo a la inutilidad o a la herrumbre. Los siglos y milenios pasados fueron de mucha opresión para la mujer, por lo tanto, los que encarnaron en cuerpos femeninos, se vieron en medio de dolores y luchas agudas, iluminando, no obstante, las almas que supieron aprovechar la experiencia, incluso dolorosa, mientras otras, aunque sin premeditación, permanecieron en la rebeldía y en resentimiento, desperdiciando la ocasión de crecer en la adversidad y en el sufrimiento. Al avanzar la sociedad en sus leyes y patrones sociales, se libera a la mujer de la discriminación y el maltrato. Los derechos deben ser iguales para hombres y mujeres. Dios ejemplifica por medio de sus leyes, como informan los Instructores Espirituales en la pregunta 818 de la obra El libro de los Espíritus: ¿No ha dado Dios a ambos la inteligencia del bien y del mal y la facultad de progresar? Aún se debe hacer un gran esfuerzo en ese sentido. En Oriente la mujer es tratada todavía con prejuicios y con marcada desigualdad, no teniendo derechos análogos al hombre. En Occidente se avanzó mucho, pero aún no goza de igualdad plena de derechos. En unos países más, en otros menos, aún existen desigualdades que vencer. No es a causa de que se instituya la igualdad que perderá el espíritu la ocasión de desarrollar valores diferenciados cuando encarne en un cuerpo masculino o femenino. Incluso existiendo derechos iguales, la Naturaleza mantiene requisitos especiales que determinen experiencias diferentes. El hombre, por más que el espíritu encarnado en él, busque desarrollar su sensibilidad, no vivirá la sublimidad de la experiencia maternal, mientras que la mujer, incluso teniendo acceso total al conocimiento disponible en


el mundo, no posee la constitución masculina que le permita desempeñar determinadas tareas duras que solo el hombre puede afrontar. Asistiendo tiempo atrás a un documental sobre una empresa constructora de la capital paulista que contrata normalmente hombres y mujeres para trabajar en las obras y, naturalmente, evaluando las habilidades de cada uno, las mujeres asumieron plenamente la instalación de pisos y revestimientos en las paredes, pues sus habilidades de mayor delicadeza y tacto les permitían ser mejores en esa área, mientras los trabajos pesados eran mejor realizados por los hombres. Es obvio que encontraremos mujeres en tareas más ásperas y hombres haciendo labores más delicadas, pero eso será en la medida en que haya una natural adaptación de unos y otros. Del mismo modo encontramos mujeres en las autopistas conduciendo camiones gracias a los progresos de la dirección hidráulica y hombres cuidando niños en albergues, pero no será una regla general y dependerá de las habilidades individuales del espíritu ya desarrolladas en existencias anteriores. Por mucho tiempo aún será más seguro que los hombres conduzcan camiones y las mujeres, por tener más tacto, tendrán que lidiar con niños. La aclaratoria en cuanto a eso ya fue dada por los Espíritus también en la primera obra de la Codificación, en la pregunta 819: El hombre es para los trabajos rudos, como más fuerte que es; la mujer para los trabajos ligeros, y ambos para ayudarse mutuamente a pasar las pruebas de una vida llena de amarguras. Ciertamente surgirán voces exaltadas diciendo: pero las mujeres hoy día se fortalecen físicamente, entrenan en artes marciales, entre otras cosas. Respondemos que está ahí otra prueba. Necesitan de técnicas especiales y arduo entrenamiento para nuevas áreas de trabajo y deportivas, pero, naturalmente no pueden ni necesitan un mayor desarrollo muscular. También pueden los hombres estudiar pedagogía y educación y dedicarse a tales áreas. Pero la habilidad adquirida no se equipara al tacto natural de las mujeres para lidiar con niños.


EXRAIDO DEL ANUARIO ESPIRITA 2015

La opresión de la mujer y la igualdad necesaria joamar zanolini nazareth  

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