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LA MORATORIA Richard Simonetti Eronildo Gustavo era muy estimado en los círculos de sus relaciones, particularmente en la comunidad espírita de la cual participaba. Servidor incansable, permanecía atento a los sufrimientos ajenos, procurando aminorarlos con los recursos materiales y espirituales. En la tribuna a todos encantaba con su verbo fluido y esclarecedor. Escribía páginas bellísimas… Uno de los beneficiados de sus iniciativas le decía, impresionado: – ¡Admiro profundamente su trabajo! Su actividad es altamente meritoria… – Meritoria, no. Moratoria. – ¡?! – Estuve mucho tiempo enfermo hace quince años. Un mal que me amenazaba con la silla de ruedas. Como ocurre con mucha gente, busqué consuelo y cura en


el Espiritismo. Me dieron trabajo. El mentor espiritual que me atendió usó la sinceridad: “El amigo fue muy osado en el pasado. Siguió por caminos tortuosos. La inmovilidad se le diera benéfica. Veo, entre tanto, que detenta apreciables potenciales. Es un hombre de inteligencia e iniciativa. Le propongo una moratoria. Le restituiremos la posibilidad de andar, pero esperamos su dedicación a las tareas del Bien. Más tarde pasará por una reevaluación de sus débitos, asunto entre usted y el Creador.” – ¡Qué extraño! No sabía que podemos alterar el Destino de forma tan radical. Hubo un cambio de programación en su existencia… – En verdad modelamos diariamente el propio destino con nuestras acciones. E incluso en relación a los grandes eventos de la existencia, pueden ocurrir cambios significativos. Condicionados a nuestro comportamiento o a las iniciativas del Plano Espiritual en nuestro beneficio. No existe fatalidad absoluta, a no ser en cuanto al destino final. Fuimos creados un día para el Bien y allá llegaremos un día, queramos o no, porque es la Voluntad de Dios, que no falla jamás en sus objetivos. – ¿Y la cura? ¿Se dio pronto, desde que estuvo de acuerdo con la proposición? – Llevó tiempo, partiendo de un tratamiento espiritual que me restituyó la salud, al mismo tiempo en que los mentores espirituales evaluaban mis disposiciones íntimas, para verificar si yo estaba simplemente impresionado por las perspectivas de restablecimiento físico o me disponía a servir realmente. – ¿Y nunca pensó en desistir del servicio, después de la recuperación? Parece que es común que eso ocurra… – No soy una excepción. También pensé en “cuidar de la vida” varias veces. – Cultivó la perseverancia… – ¡No! ¡Fui “desgraciado” igualmente! El miedo de volver a la situación anterior. Acabó gustándome… La actividad en el campo espírita nos ofrece incomparables alegrías. Deja a la gente en paz con la existencia, pese a los problemas.


– ¿Ataques al Espiritismo? – Achaques de los espíritas. No somos diferentes del hombre común. En toda agrupación humana hay dificultades en la relación con otras personas. La vivencia cristiana, favoreciendo una convivencia perfecta, aun es un ideal distante. Y sonriendo, Eronildo se despidió: – A pesar de los percances, todo irá bien si mantenemos la disposición de enfrentar mares de irritación y falta de atendimiento, evitando incurrir en marcha atrás en el proceso de nuestra renovación. *********** Somos todos deudores en moratoria. Nos faltan condiciones para soportar el cobro integral de nuestras deudas para con la Justicia Divina. No todos, mientras tanto, tienen condiciones para recibir beneficios mayores. Desatentos a la necesidad de luchar contra la comodidad y la ilusión, el recurso es dejarlos con sus problemas, sufrimientos y dolores, a fin de que no se comprometan en endeudamientos mayores. CRUZANDO LA CALLE – Richard Simonetti


La moratoria (richard simonetti)