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LA CARIDAD ES EL ALMA DEL ESPIRITISMO Revista Espírita – Diciembre de 1868: ¿Cual es, pues, el lazo que debe existir entre los espiritas? Ellos no están unidos entre sí por ningún contrato material, por ninguna práctica obligatoria. ¿Cuál es el sentimiento en el cual se debe confundir todos los pensamientos? Es un sentimiento todo moral, todo espiritual, todo humanitario: el de la caridad para con todos o, en otras palabras: el amor al prójimo, que comprende a los vivos y a los muertos, pues sabemos que los muertos siempre forman parte de la Humanidad. La caridad es el alma del espiritismo; ella resume todos los deberes del hombre para consigo mismo y para con sus semejantes, razón por lo que se puede decir que no hay verdadero espirita sin caridad.


Más la caridad es aun una de esas palabras de múltiple sentido, cuyo entero alcance debe ser bien comprendido; y si los Espíritus no cesan de predicarla y definirla, es que, probablemente, reconocen que esto es aun necesario. El campo de la caridad es muy vasto; comprende dos grandes divisiones que, en falta de términos especiales, pueden designarse por las expresiones Caridad beneficiosa y caridad benevolente. Se comprende fácilmente la primera, que es naturalmente proporcional a los recursos materiales de que se dispone; más la segunda está al alcance de todos, del más pobre como la del más rico. Si la beneficencia es forzosamente limitada, nada más allá de la voluntad podría establecer límites a la benevolencia. ¿Que es preciso, entonces, para practicar la caridad benevolente? Amar al prójimo como a sí mismo. Ahora si se ama al prójimo tanto como a si, el amarse a sí mismo es actuar con el otro como se quiere que los otros actúen contigo. Amar al prójimo es, pues, abjurar todo sentimiento de odio, de animosidad, de rencor, de envidia, de celos, de venganza, en una palabra, todo deseo y todo pensamiento de perjudicar; es perdonar a los enemigos y retribuir el mal con el bien; es ser indulgente para las imperfecciones de sus semejantes y no procurar la paja en el ojo del vecino, en vez de complacerse en ponerlas de relieve, por espíritu de maledicencia; es no hacerse valer a costa de los otros; no procurar hacer de menos a nadie bajo el peso de su superioridad; no despreciar a nadie por el orgullo. Es la verdadera caridad benevolente, la caridad práctica, sin la cual la caridad es vana palabra; es la caridad del verdadero espirita, como la del verdadero cristiano; aquella sin la cual aquel que dice: Fuera de la caridad no hay salvación, pronuncia su condenación, tanto en este como en el otro mundo. ¡Cuántas cosas habría que decir sobre este asunto! ¡Qué bellas instrucciones nos dan los Espíritus incesantemente! No deseo alargarme mucho y abusar de vuestra paciencia, señores, sería fácil demostrar que, colocándose en el punto de vista del interés personal, egoísta, si se quiere , porque no todos los hombres están aun maduros para una completa abnegación, para hacer el bien únicamente por amor al bien, digo que sería fácil demostrar que tiene todo a ganar en actuar de ese modo, y todo que perder actuando diversamente, aun mismo en sus relaciones sociales; después, el bien atrae el bien y la protección


de los Espíritus buenos; el mal atrae al mal y abre la puerta a la malevolencia de los malos. Más temprano o más tarde el orgulloso será castigado por la humillación, el ambicioso por las decepciones, el egoísta por la ruina de sus esperanzas, el hipócrita por la vergüenza de ser desenmascarado; aquel que abandona a los espíritus buenos es abandonado por estos, de caída en caída, finalmente se ve en el fondo del abismo, al paso que los Espíritus buenos yerguen amparan a aquel que, en las mayores pruebas, no deja de confiar en la Providencia y jamás se desvía del camino recto; aquel, en fin, cuyos secretos sentimientos no disimulan ningún pensamiento oculto de vanidad o interés personal. Siendo así, por un lado, ganancia asegurada; por otro, perdida cierta; cada uno, en virtud de su libre albedrio, puede elegir la suerte que quiere correr, más no podrá quejarse sino a si mismo por las consecuencias de su elección. Creer en un Dios Todo Poderoso, soberanamente justo y bueno; creer en el alma y en su inmortalidad; en la preexistencia del alma como única justificación del presente; en la pluralidad de las existencias como medio de expiación, de reparación y de adelantamiento intelectual y moral; en la perfectibilidad de los seres más imperfectos; en la felicidad creciente con la perfección; en la equitativa remuneración del bien y del mal, según el principio: a cada uno según sus obras; en la igualdad de la justicia para todos, sin excepciones, favores ni privilegios para ninguna criatura; en la duración de la expiación limitada a la de la perfección; en el libre albedrio del hombre, que le deja siempre la elección entre el bien y el mal; creer en la continuidad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad de las relaciones entre el mundo visible y el mundo invisible; en la solidaridad que religa a todos los seres pasados, presentes y futuros, encarnados y desencarnados; Considerar la vida terrestre como transitoria es una de las fases de la vida del Espíritu, que es eterno; aceptar corajosamente las pruebas, en vista de un futuro más envidiable que el actual; practicar la caridad en pensamientos, en palabras y en obras en la más larga acepción del término; Esforzarse cada día para ser mejor que en la víspera, extirpando toda imperfección de su alma; someter odas las creencias al control del libre examen y de la razón, y no aceptar nada por la fe ciega; respetar todas las creencias


sinceras, por más irracionales que nos parezcan, y no violentar la conciencia de nadie; ver, en fin, en los descubrimientos de la Ciencia, la revelación de las leyes de la Naturaleza, que son las leyes de Dios: es el Credo, la religión del espiritismo, religión que puede conciliarse con todos los cultos, esto es, con todas las maneras de adorar a Dios. Es el lazo que debe unir a todos los espiritas en una santa comunión de pensamientos, esperando que ligue a todos los hombres bajo la bandera de la fraternidad universal. Con la fraternidad, hija de la caridad, los hombres vivirán en paz y se ahorraran innumerables males, que nacen de la discordia que a su vez es hija del orgullo, del egoísmo, de la ambición, de la envidia y de todas las imperfecciones de la humanidad. El espiritismo da a los hombres todo lo que es preciso para su felicidad aquí en la Tierra, porque les enseña a contentarse con lo que tiene. Que los espiritas sean, pues, los primeros en aprovechar los beneficios que el trae, y que inauguren entre si el reino de la harmonía, que resplandecerá en las generaciones futuras. Los Espíritus que nos rodean aquí son innumerables, atraídos por el objetivo que nos propusimos al reunirnos, a fin de dar a nuestros pensamientos la fuerza que nace de la unión. Ofrezcamos a los que nos son queridos un buen recuerdo y el compromiso de nuestro afecto, aliento y consuelo a los que de ellos necesitan. Hagamos que cada uno recoja su parte de los sentimientos de caridad benevolente, de que estuviéramos animados, y que esta reunión de los frutos que todos tienen derecho de esperar.

-Allan Kardec. Traducido por: M. C. R

La caridad es el alma del espiritismo (allan kardec)  

LA CARIDAD ES EL ALMA DEL ESPIRITISMO (ALLAN KARDEC)