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La bicicleta y el ciclista Richard Simonetti Libro: La Presencia de Dios ¿El Espíritu es independe de la materia, o es apenas una propiedad de esta, como los colores lo son de la luz y el sonido lo es del aire? Son distintos uno del otro; mas la unión del Espíritu y de la materia es necesaria para intelectualizar la materia. Cuestión n. 25 No hay controversia en expresiones así: - Fulano tiene espíritu - es inteligente. - Beltrano es espirituoso - posee sentido del humor. - Chiclano es espiritualizado - cultiva valores morales. La dificultad surge cuando empleamos la palabra espiritualista para designar a personas que admiten la existencia del Alma, la individualidad eterna que sustenta el cuerpo físico y lo sitúa como un ser pensante. Para muchos se trata de mera fantasía religiosa, sin base científica.


Conciben que la capacidad de pensar es mero resultado de la organización y del funcionamiento de células cerebrales, que producen el pensamiento, así como el hígado produce bilis o las glándulas de secreción interna producen hormônios. Afirma jocosamente el patologista: - Disequé centenas de cerebros. Jamás encontré el Espirito. Interesante frase de efecto que no dice nada. ¿Por ventura habría el descubierto misterioso mecanismo al generar el pensamiento en el interior de las células? ¿Alguna pesquisa habría sorprendido ideas siendo producidas por los neurônios, de la misma forma que el páncreas secreta a insulina? El cuerpo sin el Espíritu es mero aglomerado de células en desagregación. La unión del Espíritu con el cuerpo intelectualizó a la materia, transformando el ancestral simio antropoide en un ser pensante, de la misma forma que la presencia del ciclista torna la bicicleta en un vehículo andante. La materia no piensa. Situemos, el titulo de ilustración, algo bien simple: Se trata de un vehículo de transporte muy eficiente que, para moverse, no prescinde de la fuerza motriz generada por el ciclista. El cuerpo es la bicicleta que el Espíritu usa para la jornada humana. La bicicleta sin el ciclista es un objeto inanimado. En defensa de la tesis materialista que niega la individualidad espiritual que anima al ser humano, se habla en paralelismo psicofisiológico. En pocas palabras: el hombre es un producto de su propio cerebro. Por eso, lo que le afecta los sesos repercute en su actividad motora, sensorial, intelectual, mental... Proclama el materialista: - La prueba de que la inteligencia independe de la supuesta presencia del Espíritu está en el hecho de


que si ocurre cualquier con el tejido cerebral tendremos dificultad para ejercitar las funciones intelectivas y fisiológicas. Raciocinio simplista. Siendo el cerebro el instrumento de su manifestación en el plano material, obviamente el Espíritu estará en la dependencia de él. El ser inmortal puede ser muy inteligente, muy culto, más si la caja craniana presenta grave disfunción tendremos un deficiente mental. Algo semejante a un ciclista que se quedara imposibilitado de viajar en su bicicleta si se pinchase una rueda o se rompiese la cadena que mueve las ruedas. Debemos observar, aun, para otro aspecto que liquida la tesis materialista. Hay enfermos mentales sometidos a los más sofisticados exámenes que no revelan ninguna disfunción orgánica, ni aun mismo en los circuitos cerebrales. Son enigmas para los médicos, que se limitan a prescribirles tranquilizantes. La Doctrina Espirita explica que el problema generalmente proviene de la obsesión. El paciente tiene comprometida su integridad mental por la influencia de enemigos espirituales. El tratamiento en hospitales psiquiátricos espiritas - pase magnético, agua fluidificada, sesiones de desobsesión, reuniones evangélicas - opera prodigios, apartando a los obsesores y promoviendo la cura del paciente. Eso no ocurre solo con problemas mentales. Hay casos en que la acción del obsesor provoca males físicos que desafían a la Medicina. Durante meses un hombre sufrió dolores intensos en las piernas. Los médicos no conseguían un diagnóstico. Los exámenes clínicos y de laboratorio nada revelaban. El paciente se revelaba, cuando le decían que se trataba de un problema psicológico. Gritaba: - ¡El dolor no tiene psicología! Mismo así, en desespero, se sometió a un psicoanálisis.


Resultado nulo. Saturado de tanto sufrir pedía que le amputasen las piernas. Un amigo lo convenció a procurar el Centro Espirita. Allá le explicaron que estaba siendo asediado por un Espíritu que, a pretexto de vengarse de pasadas ofensas, le imponía aquella tortura. Quedó sabiendo que en una vida pasada asesinara aquel que hoy lo martirizaba. Quebrara sus piernas, abandonándolo en una región desierta, atormentado por dolores intensos. Durante algunos meses se sometió al tratamiento con pases magnéticos y agua fluidificada. Recibió orientaciones como el estudio, a la reforma íntima a la práctica del bien… Su empeño, aliado a las reuniones de desobsesión y a la interferencia de los Benefactores del Más Allá, modificaron las disposiciones de su perseguidor. Sensibilizado, dispuesto también a la renovación, él se alejó. En breve, como por encanto, los dolores desaparecieron. En el libro “Que es la Muerte” , Carlos Imbassahy va más lejos: Hay un hecho desconcertante para la Fisiología y sobre todo para los fisiologistas, en el caso de las lesiones cerebrales, esto es, cuando hay operaciones en partes esenciales del cerebro sin que la conciencia y la inteligencia fuesen suprimidas o mismo alteradas. De entre innumerables citaciones que ilustran su afirmación, se reporta a un suboficial de la guarnición de Antuérpia, durante la Primera Guerra Mundial, que durante años sufrió persistente dolor de cabeza. No obstante, cumplía normalmente sus obligaciones. Muerto repentinamente, fue sometido a una autopsia. El patologista constató, sorprendido, que el tenía un tumor en la cabeza. El cerebro estaba reducido a una pasta purulenta. ¡Era increíble que hubiese conservado la sanidad mental y motora, sobreviviendo a la desintegración de la masa encefálica! Comenta Imbassahy: En suma, lo que la Fisiología descubrió es que, normalmente, comúnmente, el cerebro es necesario para la manifestación del Espíritu. El estudio de determinados hechos fisiológicos, psíquicos o metapsíquicos, prueban, entretanto, que la dependencia no es constante, absoluta.


El espíritu nos hace, por veces, el efecto de ciertos mágicos a quien se amarre o encadene con lazos y cadenas inamovibles; hilos, sin embargo, que se desembarazan, no se sabe cómo, y se presentan en escena, sonrientes, completamente libres. El mecanismo cerebral es inútil como prueba a favor de las doctrinas materialistas. Más temprano o más tarde la Ciencia admitirá lo fundamental: el homo sapiens que hace mucho domina la Tierra es apenas una manifestación del Espíritu eterno que intelectualiza la materia en favor de sus experiencias evolutivas en los dominios de la carne. Sin el binomio cuerpo/espíritu jamás se daría el desenvolvimiento mental que retiró al hombre del fondo de las cavernas para elevarlo a las inminencias de la civilización tecnológica. Traducido: M. C. R

La bicicleta y el ciclista richarc simonetti  

LA BICICLETA Y EL CICLISTA RICHARC SIMONETTI

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