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LÁGRIMAS DE DECEPCIÓN Factores limitantes: Mi marido es incapaz de asumir responsabilidades para con la familia y vivimos en un ambiente de mucha hostilidad. Constantemente somos amenazados y agredidos sin ninguna razón. Durante años hago de todo para ayudarlo; ¿Cómo puede el tratarnos de esa manera? Él es intolerante y riguroso, nunca respeta la opinión ajena, estoy sumergida en sentimientos de auto piedad, decepción, resentimiento, vergüenza y, al mismo tiempo, impotencia. Sé que ante insultos y ofensas es preciso perdonar, sin embargo no lo consigo.

Expandiendo nuestros horizontes: Sé que su corazon pide, entre lágrimas de decepción, un alivio para su conflicto. La solución, invariablemente es – perdonar. Más el disculpar las ofensas no presupone pasividad, fuga u vivir en una eterna auto piedad. Perdonar es la comprensión de que, para enfrentar actitudes perturbadas o estructuras desajustadas, no precisa la criatura estar llena de odio, más si comprometida con la paz. Es, esencialmente, una manera de mostrar el otro lado, quiere decir, no enfrentar al mal con el mal. El rencor abrigado en el corazon causa estados destructores en el ser humano; por tanto, rechace el aceptarlo como solución del problema.


El acto de perdonar no exige que usted ignore o niegue su amargura o cualquier otro sentimiento, ni implica que el agresor no deba ser responsabilizado por sus accionesSi usted se mantuviera inflexible en la sustentación de la rabia, se ligaría aún más a esa situación infeliz. Si no aprende a perdonar, estimulará circunstancias de opresión en las que vive agravándose. Se trata de la ley de acción y reacción. Jesús, Maestro de la Vida Superior, que supuestamente fue ultrajado, no tuvo que perdonar. Quien ama verdaderamente jamás se siente ofendido. No le pido que se compare con Cristo o que se comporte como El, porque todos sabemos de la distancia evolutiva que existe entre nosotros y el Maestro. La invito apenas para que comprenda la enseñanza cristiana, a fin de que pueda superar las ofensas sin maltratarse. Las enseñanzas del Señor dicen que es indispensable esparcir la fragancia del perdón, aun mismo cuando es derramada sobre ingratos, pues ella siempre vuelve, en forma de ondas reconfortante, a la mente de quienes las emitió. No olvide, sin embargo, que soportar de forma sumisa constantes abusos, decepciones y humillaciones puede abrir brechas para que la violencia ocurra con más facilidad. Aun mismo curada la herida, aún permanece la fragilidad de la cicatriz. En el “Evangelio Según el Espiritismo” capitulo 12, ítem 8, afirma Kardec: “El propio instinto de conservación, que es una ley natural, dice que no es preciso extender benevolencia a exponer el cuello al asesino. Por estas palabras, por tanto, Jesús no prohibió la defensa, más si condenó la venganza.”


De la sumisión a su sensibilidad, que se encuentra en régimen de esclavitud, y no finja más que todo está bien. En verdad, usted está viviendo hace años una relación turbulenta. Haga un auto cuestionamiento para ampliar su conciencia. Si usted vive en ese drama, es porque usted misma contribuye para permanecer en el. La vergüenza está ligada a la falta de límites. Si usted está avergonzada es porque permite que personas invadan o violen sus sentimientos. Tal vez usted precise comprender sus derechos y cuidar más de sí misma. No adelanta nada llorar; desenvuelva la autoestima y tendrá un nueva visión de su problema familiar. Decir si cuando se quiere decir no es desvalorizar sus sentimientos. Si sus límites fueron ignorados por los otros, probablemente ellos no van a respetarla. Cuando expresamos con sinceridad lo que sentimos y deseamos hacer, no precisamos quedar eternamente acomodando las situaciones. Usted puede querer esconder todo aquello que le está aconteciendo, eso es una característica comportamental que se desenvuelve cuando se convive con criaturas problemáticas. Por tanto, usted puede estar: Disfrazando el miedo en el que vive, por estar siendo amenazada constantemente; no demostrando la vergüenza que siente, por no querer ser maltratada ante los otros; encubriendo los hechos groseros con el manto de la disculpa amenazadora, para no tener conciencia de la extensión de las agresiones vivenciadas; renunciando a sus derechos legítimos, porque ve los derechos de los otros como superiores a los suyos; defendiendo los actos hostiles de parientes, para no ser interpretada como insensible o desalmada.


Perdonar es diferente de enmascarar la realidad. En cualquier relacionamiento familiar, la confianza es esencial, así como la capacidad de ser honesto consigo mismo y con los otros. Donde no se comparte los sentimientos y las emanaciones no puede existir confianza. Es preciso entender que perdonar no significa aceptar la brutalidad de alguien. Perdonar, en muchas ocasiones, quiere decir. Tomar una actitud. Liberarse del resentimiento o del odio, para que ellos no se materialicen en su interior, trayéndole dolores y desequilibrios, tanto externos como y sobre todo internos. Los primeros cristianos designaron las rosas rojas como símbolo del dolor de los mártires, al paso que las rosas blancas siempre estuvieron asociadas a la pureza y a la dulzura. Las rosas rojas representan sentimientos ultrajados blancas; moderación, auto estima y dignidad.

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Mezcle las rosas y regáleselas a sí misma en un bello ramo. La unión de esas dos tonalidades le dará las medidas esenciales que van a asegurar su crecimiento en el amor y, también, su sobrevivencia, honradez y respetabilidad. CONVIVER E MELHORAR, FRANCISCO DO ESPÍRITO SANTO NETODITADO PELOS ESPÍRITOS LOURDES CATHERINE E BATUÍRA

Traducido por M. C. R


Lágrimas de decepción