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JUSTICIA DE LAS AFLICCIONES GEBALDO JOSÉ DE SOUSA gebaldojose@uol.com.br Goiânia, Goiás (Brasil) "Envaina tu espada; porque todos los que echan mano de la espada, a la espada perecerán. "- Jesús. (Mt. 26:52). Al ignorar la Ley de Causa y Efecto y las vidas sucesivas, dirá el hombre que Dios es injusto. O que no existe. Y dirá: (...) ¿Por qué sufren unos más que otros? ¿Por qué nacen unos en la miseria y otros en la opulencia, sin que nada haya hecho que justifique esas posiciones? ¿Por qué unos nada consiguen, mientras que a otros todo parece sonreír? "1 Pero él existe; y nuestros dolores provienen de transgresiones a Sus Leyes. (...) las vicisitudes de la vida derivan de una causa y, pues que Dios es justo, justa ha de ser esa causa. "(...)" Por medio de las enseñanzas de Jesús, Dios puso a los hombres en dirección a esa persona y hoy, (...) les revela completamente la aludida causa, por medio del Espiritismo (...). "2 - Grifos del original.


Respondemos por nuestros actos y sus efectos: "(...) el Hijo del hombre retribuirá a cada uno conforme a sus obras. - Jesús. (Mt. 16:27). Leon Denis, filósofo francés, amplía la comprensión del tema: "Cada uno de estos actos ejecuta su evolución y vuelve con sus efectos, buenos o malos, a la fuente que los produjo. El mal, al igual que el bien, vuelve a su punto de partida. (...) las pasiones y maleficios del ser humano producen resultados, siempre idénticos, a los que no puede sustraerse. El orgulloso prepara para sí un futuro de humillaciones, el egoísta crea el vacío o la indiferencia, y duras pruebas esperan los sensuales. (...) La historia de la Tierra es una urdimbre de homicidios y de iniquidad. Todos estos siglos ensangrentados, todas esas existencias de desórdenes se reúnen en la vida presente como afluentes en el lecho de un río. Los Espíritus que componen la sociedad actual no son más que hombres de otrora, que han venido a sufrir las consecuencias de sus vidas anteriores. Formada de tales elementos, ¿cómo podría la humanidad vivir feliz? (...) Eso nos hace sentir la necesidad de mejorar el medio social, aclarando a nuestros semejantes sobre la causa de los males comunes (...) ". (Subrayamos.) "El Padre no pone fardos pesados en hombros frágiles." Los Espíritus aclamó ese concepto: en las vidas sucesivas, sumamos experiencias que nos maduran. Sólo ahí, aptos para soportar pruebas y aprender las lecciones de ellas, nos somete a agudas expiaciones, para corregirnos. Al contrario de lo que se predica, Él no castiga, sino que educa. No fueron casuales las muertes de Juan Bautista y la de los 'inocentes' - niños de dos años hacia abajo, en Belén y sus alrededores, por orden de Herodes. Las "víctimas" sufrían efectos de acciones anteriores, practicadas por ellas mismas.


Revela Bittencourt Sampaio, Espíritu4, que Juan el Bautista, en la fortaleza de Herodes, vuelve en espíritu al pasado. Recuerda errores cometidos en la personalidad de Moisés; y aquellos en que fue el personaje Elías y mandó trucidar profetas del dios pagano, Baal. Rende gracias a Jesús por rescatar esas faltas; por ser el Precursor y, además, por venir a la Tierra, seguido por los hijos de la tribu de Levi - supuestos inocentes - para, como él, entregar sus cabezas y redimir de sus errores. Los orígenes de estos dolores: Éxodo 32-25 / 29: Moisés manda matar a los idólatras (adoradores del becerro de oro). Orden que los hijos de Leví - futuros 'inocentes' - ejecutaron; II) I Reyes 18-20: 40: Elías manda que se mate a los sacerdotes de Baal, al vencerlos en la disputa: incendiaría la leña en un altar, sin fuego, aquel cuyo Dios fuese verdadero. 5 Muchos perdieron la vida por sus decisiones; pero en las personalidades de Moisés, Elías y Juan el Bautista, practicó la caridad. Así, degollado sólo una vez, se redimió de esos errores; comprobando que la Ley sólo educa; que no es vengativa. Las pruebas personales son intransferibles, pero pueden ser suavizadas si practicamos el bien, "(...) porque el amor cubre multitud de pecados". (1Pe, 4: 8.) No hay, pues, injusticias en las Leyes divinas - todo tiene su causa -; ni privilegios, he aquí que, si existieran, Juan Bautista no habría sido degollado: "(...) Entre los nacidos de mujer, nadie es mayor que Juan (...)". - Jesús. (Lc, 07:28.)


Las aflicciones morales o físicas son creaciones nuestras. Resultan de nuestros pensamientos y obras, tanto si lesionamos a terceros, ya lo hagamos a nosotros mismos, como al suicidio. Emmanuel, Espíritu, responde a la indagación "¿La mente invigilante puede instalar enfermedades en el organismo? (...) ": "La mente es más poderosa para instalar enfermedades y desarmonías que todas las bacterias y virus conocidos (...), desequilibrios y molestias surgen también de la imprudencia y el desmayo, la revuelta y la pereza. Personas que se embriagaron (...); que olvidan la higiene hasta convertirse en presas de parásitos destructores; que se encolerizan por las menores razones (...); o que pasan todas las horas en redes y lechos, sillones y ventanas, sin coraje de vencer la ociosidad y el desánimo (...) generan enfermedades para sí mismas, en las actitudes de hoy mismo, sin ningún vínculo con causas anteriores de existencias pasadas”. (Grifamos). No hay perdón mágico, gratuito, sin transformación interior y reparación de los errores cometidos, como tradicionalmente pregonado. No hay demonios condenados a la condenación eterna: "De las ovejas que el Padre me ha confiado, ninguna se perderá". (Citación de Emmanuel 7). Jesús (Jo, 8:32) señala que el conocimiento de la verdad nos liberará de todos los males; entre ellos, del egoísmo, de la maldad y, ciertamente, del "infierno eterno". Nos ofrece en el Evangelio una directriz perfecta a la conquista de la salud espiritual -que se extenderá a los cuerpos de futuras encarnaciones-, al recomendar hacer a los demás lo que deseamos para nosotros y evitar la práctica del mal a los semejantes.


Referencias: 1. KARDEC, Allan. El Evangelio según el Espiritismo. 123ª ed. Y en el caso de las mujeres. 98. 2. Idem, ibidem. 3. DENIS, Léon. Después de la muerte. 11ª ed. Y en el caso de las mujeres. 238 a 241. 4. SILVA JÚNIOR, Federico Pereira da. Jesús ante el cristianismo. Por el Espíritu Francisco Leite Bittencourt Sampaio. 5ª ed. Y en el caso de las mujeres. 56-57. 5. Biblia Sagrada. Traducción de Juan Ferreira de Almeida. Brasilia: Sociedad Bíblica de Brasil, 1969. 6. XAVIER, F. Cándido y VIEIRA, Waldo. Leyes de Amor. Por el Espíritu Emmanuel. 7ª ed. En el caso de las mujeres. 17-18. 7. XAVIER, F. Cándido. Ruta. Por el Espíritu Emmanuel. 4ª ed. Y en el caso de las mujeres. 163.

Justicia de las aflicciones  

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