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JESÚS NO VINO A DESTRUIR LA LEY Mercedes Cruz Dios es único, y Moisés el espíritu que Dios envió en misión para darse a conocer, no sólo a los hebreos sino a los pueblos paganos. El pueblo hebreo, fue el instrumento del que Dios se valió para hacer su revelación por medio de Moisés y los profetas, pues las vicisitudes de este pueblo eran a propósito para impresionar y rasgar el velo que ocultaba a los hombres la divinidad. Los mandamientos de Dios dados por Moisés envuelven el germen de la más alta moral cristiana; los comentarios de la Biblia restringían el sentido, porque puesta en obra en toda su pureza, no se hubiera comprendido; pero los diez mandamientos de Dios no dejaron por esto de ser el frontispicio brillante, como el faro que debía iluminar a la humanidad en el camino que tenía que recorrer. La moral enseñada por Moisés era apropiada al estado de adelanto en que se encontraban los pueblos que debía regenerar, y estos pueblos, medio salvajes en cuanto al perfeccionamiento de su alma, no hubieran comprendido que se pudiese adorar a Dios de otra manera que por medio de holocaustos, ni que hubiese de


perdonarse al enemigo. Su inteligencia, notable respecto de las cosas materiales y aun respecto de las artes y de las ciencias, estaba muy atrasada en moralidad, y no se hubiera sujetado al imperio de una religión enteramente espiritual; les era necesario una representación semi-material tal como la ofrecía entonces la religión hebrea. Así es que los holocaustos hablaban a sus sentidos, mientras que la idea de Dios hablaba a su espíritu. En las palabras de Jesús que dicen: "No penséis que yo haya venido a destruir la ley o los profetas: no los he venido a destruir, sino a cumplirlos: - porque de cierto os digo que el cielo y la tierra no pasarán, sin que todo lo que se halla en la ley esté perfectamente cumplido, mientras que quede una sola y un solo punto”. (Mateo, Cap. 5, versículos 17 y 18) Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios. Él, sin embargo, no deroga la Ley de Moisés, sino que la lleva a plenitud, lo que hizo es modificarlas profundamente en los abusos de las prácticas exteriores y las falsas interpretaciones y no pudo hacerlas sufrir una reforma más radical que reduciéndolas a estas palabras: "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo", añadiendo: "Esta es toda la ley y los Profetas". Jesús vino a la Tierra para ayudar a sus hermanos los hombres, Él es la luz del Mundo y en su Evangelio de Amor dijo que “El no vino a destruir la Ley y si a darle cumplimiento. El habló de todo, pero en términos más o menos explícitos, porque para entender el sentido oculto de aquellas palabras, era preciso que ideas nuevas y conocimientos nuevos vinieran a dar la clave, y estas ideas no podían venir antes de cierto grado de madurez del espíritu humano. La ciencia debía contribuir poderosamente al nacimiento y al desarrollo de estas ideas; luego era preciso dar a la ciencia el tiempo para progresar. Es un deber de todo cristiano darle las gracias, por dedicarnos Su tiempo y dedicación. ¡Él espera aun por nosotros! La ley de Dios está formulada en los diez mandamientos (...) Es de todos los tiempos y de todos los países esa ley y tiene, por eso mismo, carácter divino.


Jesús habla de la ley y no de las adiciones que se le han hecho, de las tradiciones que le tomaron el lugar, de las máximas y mandamientos humanos, de los dogmas que los hombres decretaron y que, como frutos de sus interpretaciones, alteraron o falsearon el sentido y la aplicación de ella. Diciendo que no había venido a abolir la ley, sino a cumplirla, Cristo mostraba a los hombres que la moral que predicaba no era diferente de la que antes les había enseñado los enviados del Señor, Espíritus en misión o profetas. Se mostraba que, simplemente, todo tiene que seguir la marcha del progreso de la Naturaleza. La ley que hasta entonces había sido dada a los hombres era proporcionada a su desarrollo. Traía en sí una promesa a ser cumplida en el futuro. Jesús vino a cumplirla y, cumpliendo las profecías, profetizó a su vez para los siglos venideros. Hoy, manda el "consolador prometido", el anunciado "Espíritu de Verdad” a dar cumplimiento a las profecías por él enunciadas. Los Espíritus del Señor vienen a traer a los hombres la nueva revelación, a la que podéis llamar, como ya os dijimos, "revelación de la revelación", y, por medio de ella, aclarar y desarrollar las inteligencias, purificar los corazones en el crisol de la ciencia, de la caridad y del amor. Ellos les dicen, como dijo Jesús en otro tiempo: "No penséis que hemos venido a destruir la ley y los profetas". No. nada de lo que está en la ley pasará, porque la ley es el amor, que ha de crecer continuamente, hasta que os haya llevado al trono eterno del Padre. Venimos a recordar, explicar, hacer comprensible en espíritu y verdad -la doctrina moral, simple y sencilla, sublime, del Maestro, las enseñanzas veladas que él transmitió a los hombres, las profecías veladas que hizo durante su misión terrena. No venimos a destruir la ley y sí cumplirla, separando la de Cristo de las adiciones que le introdujeron, de las tradiciones que le tomaron el lugar, de los dogmas que, oriundos de las interpretaciones humanas, le alteraron o falsearon el sentido y la aplicación. Venimos a reintegrarla en la verdad, a establecer en la Tierra la unidad de las creencias, a invitaros y conduciros a todos, abstrayéndoos de los cultos exteriores que aún os dividen y


separan, a la fraternidad, por la práctica de la justicia, de la caridad y del amor recíproco y solidario. El Espiritismo es la nueva ciencia que viene a revelar a los hombres, con pruebas irrecusables, la existencia y la naturaleza del mundo espiritual y sus relaciones con el mundo corporal; nos lo presenta, no como una cosa sobrenatural, sino, al contrario, como una de las fuerzas vivas y que incesantemente obran en la naturaleza, como el origen de una multitud de fenómenos incomprensibles hasta ahora y relegados, por esta razón, al dominio de lo fantástico y de lo maravilloso. A estas relaciones es a las que Cristo hace alusión en diferentes circunstancias; y por esto muchas de las cosas que dijo han sido ininteligibles o falsamente interpretadas. El Espiritismo es la clave con que todo se explica fácilmente. El Espiritismo es la confirmación del Cristianismo, no con el hechizo que le dieron los hombres, pero si tal como Jesús lo instituyó por su palabra evangélica, comprendida y practicada en espíritu y verdad. Así como Cristo dijo: "No vengo a destruir la ley, sino a cumplirla", el Espiritismo dice también: "No vengo a destruir la ley cristiana, sino a cumplir-la". No enseña nada contrario a lo que enseñó Cristo, pero desarrolla, completa y explica, en términos claros para todo el mundo, lo que se dijo bajo la forma alegórica; viene a cumplir en los tiempos predichos lo que Cristo anunció, y a preparar el cumplimiento de las cosas futuras. Es, pues, obra de Cristo, que el mismo preside, así como a la regeneración que se opera y prepara el reino de Dios en la tierra como igualmente lo anunció. Ahora bien, ¿qué es el Cristianismo de Jesús sino la religión universal, que ha de reunir a todos los hombres en un círculo único de amor y de caridad? En una vida tan repleta de errores y tan escasa de realizaciones, como la nuestra, cada pequeña obra debe ser conmemorada con júbilo, porque representa ciertamente un progreso, pero también aumenta nuestra deuda de gratitud con los mentores espirituales que, como maestros primorosos, suplen nuestras deficiencias y nos amparan en nuestras vacilaciones para que algo útil se realice por nuestro intermedio.


Seamos agradecidos con nuestro Padre que permitió que la verdad llegase a nuestro Planeta y nos fuese dada en Espíritu y Verdad por Los Mensajeros Celestes, por nuestro hermano Mayor Jesús, y al Espiritismo que siendo una Revelación también no estuvo personificada en ningún hombre en especial y si en las voces de los Buenos Espíritus que desde el otro lado de la vida siguen su trabajo redentor… El camino de una verdadera conversión interior, es el de un leal esfuerzo por interiorizar nuestra experiencia y relación con Jesús. Extraído del Evangelio Según el Espiritismo

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JESÚS NO VINO A DESTRUIR LA LEY MERCEDES CRUZ.

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