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JESÚS EN NUESTRAS VIDAS Mercedes Cruz La Tierra constituye pieza valiosa en el engranaje de la evolución. Nada podemos maldecir, por no entender la función de las cosas en el perfeccionamiento de la criatura. Nadie es culpable de nuestra ignorancia, ni nosotros mismos. Esta es la ley en todos los espacios del infinito, teniendo a Dios como su hacedor sabio y justo. Pablo de Tarso nos dejo oraciones, a fin de que despierte en nosotros el hombre interior, que sean liberadas las fuerzas internas, y confía en que la aceptación del Evangelio por los efesios, sea como un toque para el despertar de las cualidades que duermen en cada criatura, anunciando que Cristo llama a todos para la operación urgente en los campos del perfeccionamiento. Y, El llama a las puertas de cada uno, que tienen el secreto de cómo abrirlas, deseando que todos seamos sustentados por la fe divina y humana. Que caminemos unidos por la fe y que por la gracia del señor nos compenetremos de nuestros deberes ante Dios, la familia, los semejantes, respetando los derechos del prójimo, repartiendo con alegría aquello que tenemos para dar.


Se aproxima el tiempo de la quema de la cizaña en medio del trigo de Dios. Nosotros somos plantas nacientes en la labor del Maestro y Él, el jardinero de la Creación. Es necesario que nosotros nos despojemos del hombre viejo, para que nos afanemos en los servicios del bien; para que la belleza envuelva toda nuestra figura, principalmente en lo que atañe a la moral y a las actitudes, y que nunca seamos insensibles a las necesidades de los otros, al dolor ajeno y a los infortunios ocultos. Busquemos pues la santidad; ella es la pureza que nos conmueve hasta el alma, porque es el Amor invitándonos a la serenidad constante. Trabajar en beneficio de los otros, es ciertamente ayudarnos a nosotros mismos, porque estamos unidos unos a los otros por lazos indestructibles, y el Amor de Dios para con nosotros corre por esos hilos vitales que hacen de la humanidad una constelación; el cúmulo de estrellas humanas se interligas por ley de justicia y necesidades de unos para con los otros. Nos dice Pablo que aquel que roba no debe hacerlo más; el que desprecia el trabajo honesto, se revista de honestidad; aquel que se enoje por cualquier motivo, que se esfuerce por perdonar, y quien cultiva la melancolía desde el amanecer del día, que haga como el sol, desprendiendo rayos de alegría al terminar la madrugada. No dejemos que los pensamientos se desprendan de los labios, sin que antes hayan sido analizados, para que el escándalo no se procese por nosotros y perturbe a los otros. Es indispensable que imitemos a los santos, que imitaron a Cristo, que imito a Dios. La codicia nos engaña y la transitoriedad de la falsa virtud nos desanima ante la vida. Toda adquisición duradera requiere tiempo y el tiempo busca espacio y este apura las cosas para que ellas sean permanentes. Abandonemos las tinieblas que oscurecen nuestros sentimientos, que desanima la razón, que incentiva la tristeza. Basta pensar en la máxima Divina – “Despierta, tú que duermes”. Levántate entre los muertos y Cristo te iluminará, para que seamos ayudados a entender nuestra misión. No es necesario que abandonemos todo para seguir a Cristo; esto sería salirnos de un extremo para ir a otro y quedarnos del mismo modo que antes. Es sensato que utilicemos todo con nobleza de sentimientos, teniendo al Maestro como filtro, con el fin de que todo nos llegue con pureza y dignidad. Todos nos debemos amar unos a los otros como Jesús nos amó, por lo menos debemos intentarlo sin interrupción, hacer eso en nombre de la paz.


No existe nadie que sea ruin eternamente y lo que pensamos que es un error son procesos evolutivos de todas las criaturas. Es por eso que no debemos juzgar a nadie. Ninguna criatura tiene derecho de odiar a su hermano, creyendo que su vida está segura. Cada uno tiene una tarea diferente de la otra, en la grandeza infinita del universo, pero que en el fondo corresponde al mismo objetivo, el mismo Amor, por ser de la misma esencia. La inferioridad nos inspira para juzgarnos inferiores. El precio de la evolución es muy grande y es justo que nos arrepintamos, pues es una señal del despertar espiritual. Es grandioso que procuremos seleccionar ideas y hechos, en el sentido de descansar en bases seguras para la vida de Amor. Pero en verdad, cuando planeamos hacer algo que el destino no aprobaría, seremos retirados de la posición que ocupamos en el mundo; tanto el Bien como el Mal ocurren de acuerdo con las necesidades que convienen a los carmas, individual y colectivo. El engranaje de la ley es perfectísimo, sin que se pierda un solo tilde, y sin que sobre ni siquiera una sola coma. Los procesos evolutivos de las almas camino de la felicidad aun son desconocidos por la teología humana, y, algunos de los que se habla, aproximándose a la verdad, no son entendidos, por faltarles la propia evolución. Ser ignorante no es ser culpable, como tampoco nadie se libera de los reveses de la propia vida. Es de esta forma que el dolor les prepara para el gran festín de bodas: nuevos casamientos con nuevas verdades. la lucha en todas las direcciones nos prepara para el conocimiento de verdades mayores, que nos hará libres. El hombre no tiene la elevación correspondiente para vivir el cristianismo en toda su pureza. Cristo vino a la Tierra, porque en la Tierra no existe la paz; si fuese morada de Ángeles, Su venida no tendría sentido. Recibamos a Jesús en nuestras vidas, como guía de nuestro camino, para no perdernos, ni perder el concurso en esta existencia donde el Espiritismo nos despertó hacia conocimientos reales de la Vida. Extraído del libro Francisco de Asís

Jesús en nuestras vidas (mercedes cruz)  

JESÚS EN NUESTRAS VIDAS (MERCEDES CRUZ)

Jesús en nuestras vidas (mercedes cruz)  

JESÚS EN NUESTRAS VIDAS (MERCEDES CRUZ)

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