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HUMILDAD VIRTUD POR EXCELENCIA Mercedes Cruz

La humildad es la llave que nos da acceso a regiones de inefable paz y felicidad del Mundo Espiritual Mayor al que Jesús llamó el Reino de los Cielos. Sin humildad no es posible remontar el vuelo en la espiral ascendente de la evolución espiritual que nos lleva de vuelta a Dios, principio y fin de nuestro viaje trascendental. Si queremos alcanzar la verdad, hemos de ser humildes, es la llave que nos abrirá las puertas de las esferas Superiores “El reino de los Cielos”. Si


nos preocupa nuestro estado cuando haya de partir para la vida espiritual, hemos de procurar ser humildes de corazón. Mahatma Gandhi en la introducción de su magistral obra Mis Experiencias con la Verdad afirmó: “Quien busque la verdad debe ser tan humilde como el polvo. El mundo aplasta el polvo bajo sus pies, pero el que busca la verdad, ha de ser tan humilde que incluso el polvo pueda aplastarlo. Sólo entonces y nada más que entonces, obtendrá los primeros vislumbres de la verdad”. Afirma Gandhi que esta enseñanza se desprende del diálogo entre Vasishtha y Vishvamitra en la tradición espiritual de la India y que “la cristiandad y el Islam lo proclaman con la misma claridad”. (1) Son muchos los espiritas que se ven afectados por la carencia de humildad, pues sus acciones en la vida cotidiana expresan el materialismo en el que están sumergidos, y lo demuestran cuando anteponen la cultura materialista que para ellos define el éxito en la base de los logros materiales alcanzados, dándole poca o ninguna importancia a los valores morales o espirituales. El objetivo dentro de ese paradigma es llegar a ser una persona importante, aceptada, admirada y por qué no decirlo, envidiada. Ellos valoran más lucir ante los demás, sin ver por otro lado, las lealtades que se traicionan, los valores que se quebrantan, las personas que se pisotean en el camino. Esta manera de actuar es una gran trampa que nos encierra, colmándonos de glorias efímeras, que un día acaban por desaparecer, son muchos los que han sabido caminar mientras estaban subidos en la “cúspide” de la ilusión, pero en la hora del descubrimiento y terrible desengaño que experimentan al fracasar, terminan abandonando las filas del espiritismo. La vanidad un espejismo que nos hipnotiza y nos paraliza impidiendo seguir adelante en nuestra búsqueda de la Verdad. Si aceptamos vivir de esta forma transitaremos por senderos de orgullo y de egoísmo que llevan en sí mismos los gérmenes de nuestros sufrimientos futuros de ser heridos por la desilusión y el desengaño. Jesús y la Doctrina nos enseñan que lo importante para nuestro espíritu es lo que somos en realidad y no lo que tenemos, y que debemos


renunciar a los bienes materiales en virtud de la fraternidad y de la caridadLos que deseamos encontrarnos al lado de Cristo bajo las luces esclarecedoras de la Doctrina Espirita no tenemos que ser materialistas. Desde el momento que sabemos que la vida material es una experiencia, que es pasajera hemos de volver nuestros ojos, no para las cosas materiales, sino para las espirituales que son realmente las que toman valor en nuestro atribulado espíritu. Siendo conscientes de que hemos sido creados por Dios, que es un padre amoroso, y para ser felices, buscamos con mucho énfasis esa felicidad, porque somos conscientes de que solo la alcanzaremos desarrollando nuestra espiritualidad y cultivando los dones intelectuales y morales del espíritu. Y el primer don y el que nos permite el acceso a todos los demás es la humildad. Allan Kardec, el codificador del Espiritismo e inmortal maestro de la Verdad, hace un estudio extraordinario sobre esta máxima de Jesús en el Capítulo VII de El Evangelio según el Espiritismo. Kardec interpreta que con la expresión: pobres de espíritu, Jesús se refería a los humildes. Dice también que el verdadero significado de esta bienaventuranza es “que el reino de los cielos es de ellos y no de los orgullosos”. (9) Kardec añade: “Diciendo que el reino de los cielos es para los sencillos, Jesús quiere decir que nadie es admitido en él sin la sencillez de corazón y la humildad de espíritu: que el ignorante que posee estas cualidades será preferido al sabio que cree más en sí mismo que en Dios. En todas las circunstancias coloca la humildad en la categoría de las virtudes que nos aproximan a Dios, y el orgullo entre los vicios que nos alejan de él”. (10) Kardec va más lejos porque deduce de las enseñanzas de los Espíritus Superiores, que la mayoría de las miserias de la humanidad y del mal que en ella se encuentra tienen su origen en el orgullo y el egoísmo. Por eso nos ilustra diciendo: “Toda la moral de Jesús se resume en la caridad y en la humildad, es decir, en las dos virtudes contrarias al egoísmo y al orgullo. En todas sus enseñanzas manifiesta que estas virtudes son el camino de la eterna felicidad”. (11)


El Evangelio nos enseña que el peor de todos nuestros errores es la ausencia de compasión y de amor hacia nuestros hermanos que yacen derrumbados en el suelo como consecuencia de sus caídas morales La comunicación con los espíritus que han dejado la Tierra prueba hasta la saciedad que el que se hace grande será humillado y el que se humilla será enaltecido. Muchos son los desencarnados que al manifestarse en la sesión mediumnica encontramos llenos de grandeza espiritual mientras que en la tierra eran pequeños y desposeídos y en cambio a muchos poderosos de la tierra reducidos a lamentable situación. Ante esta realidad Kardec comenta: “Es que los primeros se llevaron al morir, sólo aquello que hace la verdadera grandeza en el cielo, y no se pierde: las virtudes; mientras que los otros, tuvieron que dejar lo que constituía su grandeza en la Tierra y no puede llevarse: la fortuna, los títulos, la gloria, el nacimiento; no teniendo ninguna otra cosa, llegan al otro mundo desprovistos de todo, como los náufragos que lo perdieron todo, hasta sus vestidos; sólo conservaron su orgullo que hace su nueva posición más humillante, porque ven superiores a ellos, y resplandecientes de gloria, a los que pisotearon en la Tierra”. ¡Cuántos nos sorprenderemos de no tener acceso a las regiones de paz y felicidad en el mundo espiritual a las que veremos entrar a los que hemos despreciado y mirado por encima del hombro! Al igual que los bienes materiales que poseemos muestran nuestra riqueza material hemos de darnos cuenta del valor que alcanzó nuestro espíritu, por el mundo que habitamos y estamos confinados a regiones de expiación y prueba en este planeta. Eso nos debería bastar para darnos cuenta de nuestra inferioridad en relación con las moradas de felicidad que nos esperan. Kardec nos dice que los hombres de Ciencia, y de espíritu, según el mundo, generalmente tienen tan alta consideración de sí mismos y de su superioridad, que miran las cosas divinas como indignas de su atención; sus miradas, concentradas en su persona, no pueden elevarse hasta Dios.


Martins Peralva: “El hombre rico de cultura, pero pobre de sentimientos, es un desgraciado aunque él se juzgue un dios”. Añade además que la “Cultura sin fundamento espiritual, significa, ante cualquier circunstancia, peligro para el alma” Por ultimo hagamos exposición de la recomendación de Allan Kardec de: “No busquéis, pues, el primer puesto en la Tierra, ni procuréis poneros más altos que los otros, si no queréis veros obligados a descender; buscad por el contrario, el más humilde y el más modesto, porque Dios sabrá daros un lugar más elevado en el cielo, si lo merecéis”. Extraído del Anuario espirita del 2006

Humildad virtud por excelencia (mercedes cruz)  

HUMILDAD VIRTUD POR EXCELENCIA

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