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HISTÓRIA DE UM MÉDIUM Las interesantes observaciones sobre la doctrina de los Espíritus se sucedían una a las otras, cuando un amigo viejo lidiador del Espiritismo, en Río de Janeiro acentuó; gravemente: -“En Espiritismo, una de las cuestiones más serias médium…”

es el problema del

-¿Bajo qué prisma? – Pregunto uno de los circunstantes. -“En el de la necesidad de su propia edificación para vencer el miedo:” -“Para esclarecer mi observación – continuo nuestro amigo – le contare la historia de un compañero dedicado, que desencarnó, hace pocos años, bajo los efectos de una obsesión terrible y dolorosa.” Todo el grupo, recordando los hábitos antiguos, como si aun los estacionásemos en un ambiente terrestre, aguzó los oídos colocándose a la escucha: -“Azarías Pacheco – comenzó el narrador – era un operario despreocupado y humilde de mi barrio, cuando las fuerzas de lo Alto llamaron a su corazón al


sacerdocio mediúmnico. Mozo inteligente, trabajaba en la administración de los servicios de una oficina de reparaciones, ganando, honradamente, la remuneración mensual de cuatro mil reales. En vista a su espíritu de comprensión general de la vida, el Espiritismo y la mediúmnidad le abrirían un nuevo campo de estudios, a cuyas actividades se entregó bajo una fascinación creciente y singular. Azarías se dedico amorosamente a sus tarea, y, en las horas de recreo, atendía a sus deberes mediúmnicos con irreprensible dedicación. Elevados mentores de lo Alto le ofrecían lecciones provechosas, a través de sus manos. Médicos desencarnados atendían, por el, voluminosas recetas. Y no tardó en que su nombre fuese objeto de general admiración. Alguna noticias en la prensa evidenciaron aun más sus valores medianímicos y, en poco tiempo, su residencia humilde se pobló de cazadores de anotaciones y de mensajes. Muchos de ellos se decían espiritas confesos, otros eran creyentes de media convicción o curiosos del campo doctrinario. El rapaz, que aguardaba bajo su responsabilidad personal numerosas obligaciones de familia, comenzó primeramente a sacrificar sus deberes de orden sentimental, substrayendo a la esposa y a los hijos las horas que habitualmente les consagraba, en la intimidad doméstica. Casi siempre rodeado de compañeros, le restaban apenas las horas dedicadas a la conquista de su pan cotidiano, con vistas a los que lo seguían cariñosamente por los caminos de la vida. Hacía mucho tiempo perduraba semejante situación, cara a su preciosa resistencia espiritual, en el cumplimiento de sus deberes. Dentro de su relativa educación medianímica. Azarías encontraba facilidad para identificar la palabra de su guía sabio e incansable, que siempre le advirtiera en cuanto a la necesidad de la oración y de la vigilancia. Acontecía, sin embargo, que cada triunfo multiplicaba sus preocupaciones y sus trabajos. Sus admiradores no querían saber de las circunstancias especiales de su vida.


Gran parte exigía a sus vigilias por la noche, en largas narrativas dispensables .Otros alegaban sus derechos a las exclusivas atenciones del médium. Algunos lo acusaban de preferencias injustas, manifestando el gracioso egoísmo de su amistad expresando el celo que les inundaba en el alma, con palabras cariñosas y alegres. Los grupos doctrinarios lo disputaban. Azarías verifico que su existencia tomaba un rumbo diferente, más los testimonios de tantos afectos le eran sumamente agradables a su corazón. Su fama aumentaba siempre. Cada día era portador de nuevas relaciones y nuevos conocimientos. Los centros importantes comenzaron a reclamar su presencia y, de vez en cuando, lo sorprendían las oportunidades de los viajes por los caminos de ferrocarril, cara a la generosidad de los amigos, con grandes reuniones de homenaje, en el punto de destino. A cada instante, un admirador lo asaltaba: -¿Azarías donde trabaja usted? - En una oficina de repuestos. -¡Oh, oh!... ¿Y cuanto gana al mes? -“Cuatro mil reales:” -“Oh! Más eso es un absurdo…Usted no es criatura para un salario como ese! ¡Eso es una miseria!...” Enseguida otros adjuntaban: “Oh Azarías usted no puede seguir en esa situación. Precisamos conseguirle una cosa mejor en el centro de la ciudad, con una remuneración a la altura de sus meritos o, entonces, podremos conseguirle una colocación en el servicio públicos, donde encontrará más posibilidades de tiempo para dedicarse a la misión… El pobre médium, todavía, dentro de su capacidad de resistencia, respondía: -“! Por hora, mis amigos, todo está bien! ¡Cada cual tiene en la vida lo que mereció de la Providencia Divina y, además de todo, precisamos considerar que el Espiritismo ha de ser propagado, en primer lugar, por los espíritus y no por los hombres! ... "


Azarías, con todo, si era médium, no dejaba de ser humano. Requerido por las exigencias de los compañeros, ya ni pensaba en el hogar y comenzaba a asimilar en su ficha de servicios numerosas faltas. Al principio, algunas raras dedicaciones comenzaron a defenderlo en la oficina, considerando que, a los ojos de los jefes, sus faltas eran siempre más graves que la de los otros colegas, en virtud del renombre que lo rodeaba; más, un día, fue llamado al gabinete de su director que lo despidió en estos términos: ¡Azarías, infelizmente no me es posible conservarlo aquí, por más tiempo. Sus faltas en el trabajo llegaron al máximo permitido y la administración central resolvió eliminarlo del resto de los compañeros.” El interpelado salió con cierto malhumor, más se acordó de las numerosas promesas de los amigos. En aquel mismo día, buscó providenciar para una nueva colocación, más, en cada intento, encontraba siempre a uno de sus admiradores y conocidos que respondia: -¡Ahora Azarías, usted precisa tener más calma!... Acuérdese de que su mediúmnidad es un patrimonio de nuestra doctrina… ¿Cálmate, hombre de Dios!... Vuelve a casa y nosotros sabremos ayudarle en este trance.”

En el mismo día, quedo acordado que los amigos del médium cotizarían, entre si, de manera que el percibiese una contribución mensual de setecientos mil reales, quedando, de ese modo, habilitado para vivir tan solamente para la doctrina. Azarías, bajo la inspiración de sus mentores espirituales, vacilaba ante la medida, más frente a su imaginación estaban los cuadros del desempleo y de las imperiosas necesidades de la familia. Aunque contrariado en su interior acepto el acuerdo. Desde entonces, su casa fue el punto de una romería interminable y sin precedentes. Día y noche, sus consultantes estacionaban a la puerta. El médium


buscaba atender a todos como le era posible. Sus dificultades, todavía, eran de las más urgentes. Al cabo de seis meses, todos sus amigos habían olvidado el sistema de las cuotas mensuales. Desorientado y desvalido, Azarías recibió los primeros diez mil real es que una señora le ofreció después del recetario. En su corazón, hubo un toque de alarma, más su organismo estaba debilitado. La esposa y los hijos estaban repletos de necesidades. Era tarde para procurar, nuevamente, la fuente del trabajo. Su residencia era objeto de una persecución tenaz e implacable. Y el continuo recibiendo. Los más serios disturbios psíquicos lo asaltaron. Penosos desequilibrios íntimos le inquietaban el corazón, más el médium se sentía obligado a aceptar las injunciones de cuantos lo procuraban livianamente. Espíritus engañadores se aprovecharon de sus vacilaciones y le llenaron el campo mediúmnicos de aberraciones y descontroles. Si sus acciones eran ahora remuneradas y si de ellas dependía el pan de los suyos, Azarías se sentía en la obligación de prometer alguna cosa, cuando los Espíritus no lo hiciesen. Procurado para la felicidad en el dinero, o el éxito en los negocios o en las atracciones del amor del mundo, el médium prometía siempre las mejores realizaciones, en a cambio de los míseros mil reales de la consulta. Entregado a ese género de especulaciones, no pudo recibir más el pensamiento de sus protectores espirituales más delicados. Experimentando toda suerte de sufrimiento y de humillaciones, si llegase a quejarse, de leve, había siempre un cliente que le observaba: -“Que es eso, “suyo” Azarías?... ¿El señor no es médium? ¡Un médium no sufre esas cosas!... Si alegaba cansancio, otro objetaba, de pronto, ansioso por la satisfacción de sus caprichos:


-“Y su misión, “su” Azarías?... ¡No se olvide de la Caridad! Y el médium, en su profunda fatiga espiritual, se concentraba, en vano, experimentando una sensación de angustioso abandono, por parte de sus mentores de los planos elevados. Los mismos amigos de la víspera murmuraban, entonces, los ojos, hablando, en voz baja después de la despedida: -“¿Usted ya noto que Azarías perdió del todo la mediúmnidad?...” – Decía uno de ellos. - "Bueno, eso era de esperar - hasta redargüía - desde que dejó el trabajo para vivir a expensas del espiritismo, no podíamos esperar otra cosa." -“Además de eso- exclamaba otro del grupo –todos los vecinos comentan su indiferencia para con la familia, más, por mi parte siempre vi en Azarías un gran obsesado.” -“El pobre Azaría se pervirtió – dice aun un compañero más exaltado – y un médium en esas condiciones es un fracaso para la propia doctrina...” -“Es por esa razón que el Espiritismo es tan incomprendido! – sentenciaba aun otro – Debemos todo eso a los malos médiums que avergüenzan nuestros principios.” Cada uno fue olvidando al médium, con su definición y su falta de caridad. La propia familia lo abandonó a su suerte, al haber cesado las remuneraciones.

Escarnecido en sus afectos más queridos, Azarías se torno un rebelde. Esa circunstancia fue la última puerta para el libre ingreso de las entidades perversas que se enseñorearon de su vida. El pobre naufrago de la mediúmnidad salió en la crónica de los noticiarios, rodeado de observaciones ingratas y de escandalosos apuntamientos, hasta en un lecho de un hospital le concedió la bendición de la muerte…” El narrador estaba visiblemente emocionado, rememorando sus antiguos recuerdos.


-“Entonces, quiere decir, amigo mío – observo uno de nosotros – que la persecución de la policía o persecución del padre no son los mayores enemigos de la mediúmnidad”-“De ningún modo” - Replico el, convencido. _ El Padre y la política pueden hasta ser los portadores de grandes bienes.” Es, fijando en nosotros su mirada profunda y tranquila, termino su historia, sentenciando, gravemente: -“El mayor enemigo de los médiums está dentro de sus propios muros!...” Por el Espíritu Hermano X – Del Libro: Nuevos Mensajes. Médium: Francisco Cándido Xavier Traducido por: M. C. R

Historia de un medium (chico xavier) hermano x  

HISTORIA DE UN MÉDIUM (CHICO XAVIER)

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