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FELICIDAD DE LA ORACIÓN Mercedes Cruz

(16/01/08)

La oración es una elevación por encima de las cosas terrenas, una ardiente invocación, un transporte, un batir de alas hacia las regiones que no turban los murmullos y las agitaciones del mundo material, y donde el ser obtiene inspiraciones que le son necesarias. Cuanto más poderoso es su transporte, cuanto más sinceras es la invocación, más distintas y más claras se revelan las armonías, las voces y las grandezas de los mundos superiores. Es como una gran ventana que abrimos hacia lo invisible, hacia lo infinito, y por donde percibimos mil impresiones consoladoras y sublimes, nos impregnamos con bellas emanaciones y nos embriagamos y sumergimos en ellas como en un baño fluídico generador.

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Muchos nos hemos olvidado del poder de la oración en los momentos de dificultades. Generalmente lo único que hacemos es lamentar la situación y dudar del amparo divino. Cuando nuestras almas están enternecidas, conmovidas por un sentimiento profundo, por el espectáculo de lo infinito, bien sea a la orilla del mar, en la claridad del día, bajo la luz de la luna con sus relucientes estrellas, en los campos, bajo el verdor de un césped frondoso, en el silencio de nuestra habitación, en un lugar apartado donde estemos tranquilos, serenos, es cuando podemos orar, y conmovidos y emocionados sentir deslizarse en nuestro rostro las lagrimas, que nos hacen doblar nuestras rodillas y brotar de nuestro corazón un cantito de amor o un grito de adoración hacia Dios Huya Eterno que dirige nuestros pasos por el borde de los abismos. Es como cuando lanzamos una piedra al agua, y vemos vibrar en la superficie ondulaciones concéntricas. Así es el fluido universal se pone en vibración por nuestras oraciones y nuestros pensamientos, con la diferencia de que las vibraciones de las aguas son limitadas y los fluidos Universal se suceden hasta lo infinito. Si pudiéramos medir el efecto producido por una oración ardiente, por una voluntad generosa y enérgica sobre los desdichados, nuestras plegarias se elevarían a menudo hacia los desheredados, hacia los abandonados del Espacio, hacia aquellos en los que no se piensa y que están sumidos en un taciturno desaliento. La oración es el roció divino que destruye el excesivo calor de las pasiones; hija primogénita de la fe nos lleva al sendero que conduce a Dios. El primer deber de toda criatura humana, el primer acto que debe señalar para ella la vuelta a la vida activa del día, es la oración.

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La oración del cristiano, del espirita, de cualquier culto debe elevarse humilde al Señor, para recomendar su debilidad, pedirle apoyo, indulgencia y misericordia. Debe ser profunda, porque es el alma la que debe elevarse hacia el Creador, la que debe transfigurarse como Jesús en el monte Tabor, y volverse blanca y radiante de esperanzas y de amor. La oración debe encerrar la súplica de las gracias que sean necesarias, de una realidad evidente. Es inútil pedir al Señor que abrevie nuestras pruebas, que nos facilite los goces y las riquezas; los bienes más preciosos que el hombre puede pedir son la paciencia, la resignación y la fe. La oración, es ante todo, una actitud mental de la criatura con su Creador. La oración se divide en tres etapas, en las cuales el ser dilata sus percepciones y amplia su capacidad de entendimiento en relación así mismo y a Dios. La oración antes que nada, es un acto de alabanza al Padre, el creador de todas las horas, Fuente Augusta de todas las cosas, Progenitor Soberano de donde todo procede y hacia cuya grandeza toda marcha… La alabanza es una expresión de cariño, y reconocimiento que debe fluir del ser, a fin de producir una sintonía a través de la cual transiten los sentimientos de exaltación del bien, para abrirse en un ruego a favor de las legitimas necesidades, aquellas que son indispensables para una existencia feliz y correcta en el mundo, cuya transitoriedad constituye, por si misma, una advertencia y una invitación a la humildad. No siendo el cuerpo más que una vestimenta, el uso desgasta con facilidad esa estructura, y su extinción señala, inesperadamente, la conclusión de la etapa para el cual fue elaborado.

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Saber pedir es un arte, la petición no debe constituir nunca una imposición apasionada o un capricho que no merece consideración. La plegaria debe revestirse con la emoción de la confianza y el reconocimiento, en una postura a través de la cual, una vez encaminada la petición, su concesión dependerá de valores que no pueden ser conocidos por el solicitante, y su respuesta, cualquiera que sea, se aceptará con alegría… El hombre aun no está capacitado para saber lo que le conviene para su crecimiento espiritual, su felicidad real, el hombre solicita lo que le parece más importante. No obstante, solo el Padre sabe lo que es más valioso para el hijo que está adquiriendo experiencias. Debido a esta realidad, El no siempre concede lo que se le pide y conforme se quiere, sino aquello que puede contribuir al bien legitimo del ser. Entonces la oración debe revestirse de tres actos consecutivos: alabar, pedir y agradecer confiando. El exceso de palabras, el modo como se piden, con palabras revestidas de ideas, es que la oración adquiere valor. Es por la entereza del contenido y por el sentimiento que lo acompaña que alcanza más fácilmente los divinos oídos, y, al mismo tiempo, conduce de regreso la respuesta celeste. La oración, en los círculos del Cristianismo, se caracteriza por una graduación infinita en sus manifestaciones, porque existen creyentes de todos los matices en los variados cursos de la fe. Los seguidores inquietos reclaman la realización de propósitos inconstantes. Los egoístas exigen la solución de caprichos inferiores.

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Los ignorantes del bien llegan a rogar el mal para el prójimo. Los tristes piden la soledad con ociosidad. Los desesperados la muerte. Innumerables beneficiarios del Evangelio imploran eso o aquello, con alusión a la marcha de los negocios que le interesan en la vida física. En suma buscan la fuga. Anhelan solamente la distancia de la dificultad del trabajo, de la lucha digna. Jesús soporta, paciente todas las filas de candidatos de su servicio, de su iluminación, extendiéndole manos benignas, tolerándole las quejas inmerecidas y las lágrimas inoportunas. Sin embargo, cuando acepta a alguien en el discipulado definitivo, algo acontece en lo íntimo del alma contemplada por el Señor. Cesan las rogativas ruidosas. Se calman los deseos tumultuosos, se convierte la oración en trabajo edificante. El discípulo nada reclama. Y el Maestro respondiéndole a las oraciones, le modifica la voluntad, todos los dias, alejándole del pensamiento los objetivos inferiores… El corazón que se une a Jesús es un siervo alegre y silencioso. La verdadera oración no debe ser recitada, sino sentida. No debe ser un cómodo movimiento de los labios, revestido de bellas palabras, sino una expresión de sentimiento vivo, real, con el fin de que realicemos una legitima comunión con la Espiritualidad Mayor.

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La oración es una conversación que entablamos con Dios, Nuestro Padre; con Jesús, Nuestro Maestro y Señor y con nuestros amigos espirituales. Es un dialogo silencioso, humilde, contrito, revestido de unción y fervor, en que el hijo, pequeño e imperfecto, habla con el Padre, Poderoso y Bueno. Perfección de las Perfecciones. Cuando el espírita ora, sabe, por anticipado, que su oración no hace modificaciones en la ley, que es inmutable, lo que si consigue es que se altere su mundo intimo, el cual se fortifica, valerosamente, de manera que afronta con gallardía las pruebas; y estas se atenúan al influjo de la comunión Espiritual Superior. Jesús definió, claramente, la manera correcta de orar, que puede ser entendida como las cualidades que una oración debe tener: El nos recomienda que, cuando oremos, no nos debemos poner en evidencia, sino orar en secreto. Que no es por la multiplicidad de las palabras que seremos atendidos, sino por la sinceridad de ellas. Nos recomienda también, perdonar cualquier cosa que tengamos contra nuestro prójimo, antes de orar, para que nuestra oración sea agradable a Dios. El esclareció que la oración debe estar revestida de humildad, procurando ver los propios errores y no los del prójimo. En el aislamiento, la oración fluye con mayor madurez, sin interferencias, sin preocupaciones con formulas y formas, favoreciendo la comunión legitima con la Espiritualidad. Lo esencial no es orar mucho, sino orar bien. Las oraciones muy largas, además de cansar, pueden revelar una forma de ostentación, que es siempre contraria a la humildad. Otra cualidad de la oración es el ser inteligible. Sin embargo, Jesús, el Maestro por excelencia, buscaba elevar el pensamiento al Padre, en muchos momentos de su existencia en la Tierra. Y varias veces para rogar por a humanidad entera. 6


El rezo debería ser nuestra primera actitud en las horas difíciles y también en los momentos de felicidad. En dificultad, para rogar fuerzas y discernimiento y en la alegría para agradecer. Al fin de cuentas, la oración es la puerta que abrimos para comunicarnos con las fuerzas superiores que, en última instancia, vienen del Creador del universo.

La oración tiene el valor que nuestra emoción le da. Solamente la oración impulsada por el sentimiento y por la verdadera fe, alcanza su objetivo. Puede ser solamente una frase, una palabra, o simplemente un gesto de humildad. Dios, que sabe de nuestras intenciones más secretas, siempre atenderá de acuerdo con nuestros méritos y necesidades.

Aquel que ora sin comprender lo que dice, se habitúa a dar más valor a las palabras que a los pensamientos; para el las palabras son eficaces, aunque el corazón no participe. La principal cualidad de la oración es que sea clara, simple y concisa. Sin fraseología inútil, ni lujo de epítetos, que no dejan de ser vestimentas de lentejuelas; cada palabra debe tener su alcance, despertar un pensamiento, mover una fibra; en una palabra, debe hacer reflexionar, solo con esta condición la oración puede alcanzar su objetivo, de lo contrario no pasa de ser un ruido. La oración debe ser siempre espontánea, nacida en el corazón. No debemos olvidar que la intención es todo para Dios. El más perfecto modelo de concisión en el caso de oración es, sin duda, la Oración Dominical (El Padre Nuestro) es una verdadera obra prima de sublimidad en la simplicidad. Bajo la más reducida forma, esa oración resume todos los deberes del

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hombre para con Dios, para consigo mismo y para con el prójimo. El Padre Nuestro debe ser visto no solo como una oración, sino también como un símbolo que debe destacar por encima de cualquier oración, sea porque procede del propio Jesús (Mateo:6,9 y 13) sea porque puede suplir a todas conforme sean los pensamientos que se le conjuguen: Siendo la oración una llamada, evidentemente somos llevados, de acuerdo con las instrucciones de los Bienhechores Espirituales, a clasificarlas de varios modos. En primer lugar, tenemos la oración vertical, es decir, aquella que expresando aspiraciones realmente elevadas, se proyectan en dirección de lo más Alto, y está dentro de los mencionados principios de afinidad recogidos por los Misioneros de las Esferas Superiores. En segundo lugar, tenemos la oración horizontal, traduciendo deseos vulgares (…) encontrará resonancia entre aquellos Espíritus aún ligados a los problemas terrestres. La oración descendente, que no se le da la denominación de oración, sustituyéndola por invocación (…) En la invocación la llamada recibirá la respuesta de entidades de bajo tenor vibratorio. Son los petitorios inadecuados, expresando desespero, rencor, propósitos de venganza, ambiciones etc. La oración es vertical, horizontal o descendente, en relación al potencial mental de cada persona que ora, o de los sentimientos que ella expresa. La oración, cualquiera que ella sea, es acción provocando reacción que le corresponde. Conforme sea su naturaleza, parará en la región que fue emitida o se elevará, más o menos, recibiendo la respuesta inmediata o remota, según las finalidades a que se destina. Deseos banales encuentran realización horísima en la propia esfera que surge. Impulsos 8


de expresión algo más noble son amparados por las almas que se ennoblecieron. Ideales y peticiones de significación profunda en la inmortalidad remontan a las alturas. Cada oración, tanto como, cada emisión de fuerza, se caracteriza por determinado potencial de frecuencia y todos estamos cercados por inteligencias capaces de sintonizar con nuestra llamada, a la manera de estación receptora. Es muy importante la oración en la reunión mediúmnica, es por la oración que el hombre atrae el concurso de los Buenos Espíritus, que vienen a sustentarlo en las buenas resoluciones e inspirarle buenos pensamientos. Así adquiere el la fuerza necesaria para vencer las dificultades y entrar en buen camino, si de este se hubiera apartado. El día de la reunión mediúmnica, por lo menos durante algunos minutos, horas ante de los trabajos, sea cual sea la posición que se ocupe en el conjunto, debe dedicarse el compañero de servicio, a la oración y a la meditación en su propio hogar. Conectar el pensamiento con lo Alto. Retirarse, en espíritu, de las vulgaridades del día a día y ore, buscando la Inspiración de la Vida Mayor. Reflexiones, que en breve tiempo, estará en contacto, aunque ligero, con los hermanos domiciliados en el Mundo espiritual (…) El Espiritismo aconseja el habito de la oración antes y después de sus reuniones: Si el Espiritismo proclama su utilidad, no es por el espíritu de sistema, sino porque la observación permitió constatar su eficacia y el modo de acción. La oración antes de la reunión debe ser cortita, ya que hay entidades en angustiosa espera de socorro, en el aspecto de enfermo desesperado. Reclamando medicación substancial.

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La oración tiene el poder de calmar al espíritu comunicante desequilibrado, suministrándole fluidos saludables para su armonización intima. Como la oración es la expresión más alta y más pura del pensamiento traza una vía fluidica, que permite a las Entidades del Espacio descender hasta nosotros y comunicarse; en los grupos constituye un medio favorable para la producción de los fenómenos de orden elevado, al mismo tiempo preserva contra los malos Espíritus. El médium que desee servir en la siembra debe hacer de la oración su alimento diario, porque, cuanto más importante sea la tarea que este ejecutando, mayor será el asedio que lo experimentará. Constantemente cada ser recibe trillones de rayos de variado orden y emitimos fuerzas que nos son peculiares y que van a actuar en el plano de la vida, a veces en regiones muy apartadas de nosotros. El vampirismo espiritual existe, la oración es el más eficiente antídoto contra el vampirismo. la criatura que ora, movilizando las propias fuerzas, realiza trabajos de inexpresable significación. Semejante estado psíquico revela fuerzas ignoradas, revela nuestro origen divino y nos coloca en contacto con las fuentes superiores. Dentro de esa realización, el espíritu, de cualquier forma, puede emitir rayos de espantoso poder. En ese circulo de permuta incesante, los rayos divinos, expedidos por la oración santificadora, convirtiéndose en factores anticipados de cooperación eficiente y definitiva en la cura del cuerpo, en la renovación del alma e iluminación de la conciencia. Toda oración elevada es manantial de magnetismo creador y vivificante y toda criatura que cultiva la oración, con 10


el debido equilibrio del sentimiento, se transforma, gradualmente, en foco irradiante de energías de la Divinidad Debemos orar por los Espíritus desdichados, orar con compasión y con amor es una de las formas más eficaces de la caridad. Todos podemos ejercerla, cuando oramos para nuestro prójimo, para los infortunados y enfermos, cuando lo hacemos de corazón recto y con una fe ardiente, puede producir saludables efectos. Aun cuando las leyes del destino le pongan un obstáculo, aun cuando el sufrimiento aya de ser soportado hasta el final, la oración no es inútil. Los fluidos bienhechores que lleva en si se acumulan para esparcirse. Oremos amigos míos, no perdamos nunca la esperanza en que todo pasará, que la vida es un corto viaje, y que debemos hacerlo con los valores materiales y sobre todo con los espirituales, los materiales ayudan al cuerpo, los espirituales fortalecen nuestra alma, quizás muy agotada, solo quedara aquello que es realmente valioso y una oración es algo que vibra en el mundo que no vemos, y que se queda como una construcción de las que nunca desaparecen, porque es nuestra conversación particular establecida con Dios, Ser Supremo del Universo, que guarda celoso las cartas de sus hijos, escritas con el corazón y elevadas con el sentimiento, son muestras palpables de que lo reconocieron y buscan afanados su ayuda, ellas un día al leerlas al otro lado, veremos sus efectos y nos llenaran de alegría, porque nos recordarán los atavismos que pasamos y de los cuales salimos airosos gracias a ese alimento espiritual que nos sirvió de ayuda. Alabando así a Nuestro Padre, reconociendo su auxilio, y emocionados cantaremos hosannas de alegría. Trabajo realizado por Merchita Extraído de el libro de León Denis (después de la Muerte) De el Evangelio de Allan Kardec 11


Por los Caminos de Jes煤s de Divaldo Pereira Franco Y del Estudio de la Mediumnidad Y de la inspiraci贸n de Merchita

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Felicidad de la oracion (conferencia) mercedes cruz  

FELICIDAD DE LA ORACIÓN (CONFERENCIA) MERCEDES CRUZ

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