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ENCUENTROS ESPÍRITAS Después de la muerte de Allan Kardec el 31 de marzo de 1869, los espíritas se consultaron y buscaron un sucesor. ¿Quién sería capaz de recoger la antorcha del hombre que permitió desarrollarse al espiritismo? Pesada y difícil responsabilidad después de la impronta dejada por el Maestro. Camille Flammarion será sondeado para la tarea, pero con veintisiete años, nuestro joven científico no se sentirá capacitado para aceptar el desafío de tan importante misión. El espiritismo ya era surcado por diversas corrientes espiritualistas y de vez en cuando por disidentes, que Allan Kardec había logrado canalizar. El movimiento necesitaba de un hombre de raras cualidades para proseguir su avance. Será en 1882, en el congreso iniciador de la Sociedad de Estudios Espíritas presidido por el Doctor Josset, donde Léon Denis hará una notable aparición destacada por sus cualidades de orador y, por si fuera poco, de una muy rara elocución. Estaba rodeado por Alexandre Delanne (padre de Gabriel),


Amélie Boudet (esposa de Allan Kardec) y Pierre-Gaëtan Leymarie, ¡“El apóstol” del espiritismo, acababa de alzar vuelo! No obstante, es necesario rememorar el contexto histórico, para comprender mejor el compromiso total de los pioneros. La aparición de El Libro de los Espíritus en 1857 marcará los comienzos del espiritismo cuyo desarrollo transitará una época en ebullición, rica en descubrimientos científicos, rica en creaciones artísticas, con las luchas obreras de pueblos en busca de emancipación social como telón de fondo. Empeñada en una amarga lucha contra el naciente materialismo, la filosofía espírita atravesará también eventos políticos y bélicos extremadamente difíciles: la guerra contra Prusia en 1870, la Comuna de París en 1871 y la primera guerra mundial en 1914-1918. Estos traumatismos humanos dejarán profundas cicatrices en muchos corazones y los espíritas no quedarán exentos. En esos momentos de grandes trastornos, Gabriel Delanne y Léon Denis, amigos de siempre, defenderán con cuerpo y alma la nueva revelación. Léon Denis dictará más de trescientas conferencias e intervendrá en todos los congresos. Viajero permanente, jamás escatimará esfuerzos por la causa. Ardiente defensor del espiritismo kardecista en toda circunstancia, dará réplica a todos los interlocutores y opositores. A finales del año 1916, Léon Denis recibirá la visita inesperada de un hombre providencial, Jean Meyer. Nativo de Suiza, había llegado a Francia a la edad de dieciocho años. Hombre inteligente y desbordante de energía, perseverante y trabajador tesonero, tiene sesenta y un años, había hecho fortuna en el mundo vinícola y poseía una sólida red de relaciones. Desde su primera infancia, en busca de verdaderas respuestas sobre el sentido de la vida, el espiritismo se había convertido para él en una evidencia al leer las obras de Allan Kardec y Léon Denis. Como hombre de acción y de convicción, venía al encuentro de Léon Denis y luego de Gabriel Delanne. De acuerdo con estos pares, ofrecerá al espiritismo todos los medios materiales de difusión y de investigaciones científicas que le faltaban para probar la existencia del alma y de su supervivencia. En 1917, se hizo propietario de la Revista Espírita, suspendida en su aparición desde el comienzo de la guerra; atendió la Federación Espírita Internacional; creó la Unión Espírita Francesa, fundó la Casa de los Espíritas y las Ediciones Jean Meyer. Para abrir caminos a la ciencia, en 1918 fundó igualmente el Instituto Metapsíquico Internacional reconocido de utilidad pública en 1919 y pidió a otro ardiente defensor de la causa, Gustave Geley, que se encargara de la dirección. En 1928, puso en marcha la Sociedad de Estudios


Metapsíquicos que debía velar por los trabajos de las diferentes instituciones. Jean Meyer, el humanista, acoge igualmente en su chalet de Montmorency, en Auteuil, a Gabriel Delanne, su hija adoptiva y su prima que vivían en la más absoluta indigencia. Permitió así a este último proseguir su trabajo con calma y dignidad. Se convirtió en el mecenas del pintor Agustín Lesage. Sostuvo el Orfanato Allan Kardec, sociedad dirigida por la Sra. Jean Malosse. En 1925, después de nueve años de labor y entrega total, será el organizador del Congreso Espírita Internacional en París bajo los auspicios de la Casa de los Espíritas de Francia. Estarán representados veinticuatro países y el acontecimiento será cubierto por sesenta periódicos. A petición suya, Léon Denis, de cerca de ochenta años, será nombrado presidente honorario. Será todavía en este Congreso cuando este último sellará su amistad con Arthur Conan Doyle. Y en su discurso de clausura, también dará testimonio de toda su gratitud a su otro amigo, Jean Meyer, por haber vencido todos los obstáculos en la organización, pero sobre todo por haber dado a la filosofía espírita un respeto y una consideración, cuando tantos detractores se mofaban de ella. El tribuno espírita volverá a Tours, revigorizado, sin el menor rastro de cansancio. Hasta el fin, Jean Meyer, cuidadoso de la sustentabilidad de la obra espírita, guiará e instruirá a un joven, Hubert Forestier, que se convertirá en su secretario particular y que asegurará la continuidad espírita hasta su propia muerte en 1971.

LE JOURNAL SPIRITE N° 93 JUILLET 2013

Encuentros espíritas (manuel hernandez)  

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