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En el buen hacer del día a día Mercedes Cruz En todos los sectores de la vida se puede ser fiel a Cristo. Cada uno ocupamos el lugar indicado para la edificación del Reino de Dios dentro de nosotros. Son muchas las almas que desde lugares considerados poco destacados, aspiran a que los que están situados económicamente, en mejores puestos, o en mejor posición social, se adhieran a un plan de conducta y al desarrollo de la vida, con los mismos parámetros que ellos la realizan. Esto es un gran error. Cada uno tenemos un lugar en la sociedad, y realizaciones y tareas distintas. Con un mismo fin, crecer para Dios. Cualquier trabajo que realicemos, es importante, una gran máquina, sin los diminutos tornillos que sostienen las piezas grandes, no podría funcionar correctamente. El hombre desde el más poderoso hasta el más insignificante dentro de una gran empresa, es importantes, dentro cada uno de su lugar de desarrollo habitual, pues el jefe hace un servicio y el de la limpieza otro,


ambos son importantes para el buen funcionamiento de la empresa. ¿Podemos imaginar una empresa sin director, o sin la limpieza habitual de todos los días? El poderoso tiene una labor, más grande, y de responsabilidad, diferente a la del empleado, pero ambas ofrecen oportunidad de hacer el bien, en sectores diferentes pero con oportunidades para crecer dentro de su campo de acción. Muchas veces criticamos por envidia, o celos a los poderosos, es el caso por poner un ejemplo, el de un jefe de estado, se envidia, su vida, su posición social, y su forma de vivir, hay a quien les gustaría acceder a su mundo brillante, y no se paran a pensar, la gran responsabilidad que pesa en muchos casos sobre los hombros de ellos, es muy difícil contentar a todos , no suelen tener intimidad, son observados constantemente, no son dueños de su tiempo, sus familias en muchos casos notan su ausencia, su trabajo ha de ser muy laborioso para estar a gusto de todos. El simple barrendero, termina su tarea y vuelve a casa, para sus realizaciones particulares, u otras tareas, para socorrer su vida, llena de necesidades, sin pensar que un mundo mucho más complicado existe lejos de su casa. La conclusión que sacamos es que debemos amar la tierra que pisamos, ella es el lugar exacto para nuestras realizaciones y debemos respetar el terreno ajeno. A cada uno nos será dado según nuestras obras, dentro del lugar donde nos ha colocado la vida. Debemos estar atentos a nuestras propias realizaciones, el tiempo que ocupamos en censurar es tiempo mal empleado donde adquirimos mala cosecha por emitir juicios prematuros que nos pueden dañar nuestro psiquismo interior. Sin olvidar que a cada uno se nos pedirá con arreglo a lo que se nos a dado. Los poderosos también tienen un corazón, y muchos dentro de su campo de acción, los hay que ejercen una labor brillante y laboriosa, ayudando y auxiliando a los que se cruzan en su camino. Otros vienen de vuelta, decepcionados y una simple llamada de atención les bastó para responder con más fe ante Cristo, que aquellos otros que llevan mucho tiempo en las filas de cualquier doctrina, que se han petrificado o mistificado, y su conducta dice


muy poco a su favor al condenar al compañero por no servir en el mismo lugar en el que el actúa y bajo las mismas perspectivas. No se debe criticar las ideas buenas o malas de nuestros hermanos, ni preocuparnos si no somos reconocidos, debemos convencernos de que las iniciativas elevadas no pertenecen en realidad a nosotros, dado que el bien procede originariamente de Dios. Consideremos al adversario, como un instrumento de equilibrio; si precisamos de amigos que nos estimulen, igualmente necesitamos de alguien que señale nuestros errores. Seamos útiles en cualquier lugar, pero no tengamos la pretensión de agradar a todos; no intentemos lo que el mismo Cristo aun no consiguió. Enfrentados ante el error, procuremos corregirlo primero en nosotros y luego en los demás, pero sin violencia y sin odio. Si la perfidia se cruza en nuestro camino, no la rechacemos con indignación; examinémosla con una sonrisa silenciosa, estudiemos su proceso con serenidad y luego aprovechémosla como elemento digno de la vida. Amparemos fraternalmente al envidioso; el despecho es un inocultable homenaje al mérito, con cuyo tributo, el hombre común sufre y se atormenta. Habituémonos a la serenidad y a la fortaleza en los ámbitos de las luchas humanas, sin esas conquistas difícilmente saldremos del vaivén de las reencarnaciones inferiores. Por eso hermanos no debemos permitir que ni la envidia, ni los celos, el orgullo, o el amor propio, representados en critica escandalosa, o en censuras temerosas, nos hagan presa de las aves de rapiña que pululan a nuestro alrededor intentando destruir la buena voluntad y la comprensión hacia todos los sectores de la vida, y el trabajo laborioso dentro de las filas de renovación, en el camino de Cristo. No critiquemos, no censuremos, si respetemos y amemos porque el amor es el bálsamo reparador que a todos cubre y nos hace accesible la entrada a los caminos de la redención.


Oremos por los que nos persiguen y los que nos calumnian, ellos merecen nuestra especial atenciรณn.

En el buen hacer del día a día mercedes cruz  

EN EL BUEN HACER DEL DÍA A DÍA MERCEDES CRUZ .

En el buen hacer del día a día mercedes cruz  

EN EL BUEN HACER DEL DÍA A DÍA MERCEDES CRUZ .

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