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EN BUSCA DE LA ILUMINACIÓN Divaldo Pereira Franco EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO, LA FE REPRESENTAVA EL hilo de perfecta identificación de la criatura renovada con Jesús. Con el fin de confirmarlo, nadie se excusaba al martirio, siendo que, en algunas circunstancias, lo buscaban jubilosamente. La corona del holocausto constituía honra no merecida, gracias a la cual no había rechazo a la fidelidad ni retiro en dirección opuesta. Los casos que ocurrían, muy raros, al contrario, representaban la variedad de los caracteres que distinguen a las criaturas humanas, y a los creyentes aun no convencidos de la alta magnitud de la conversión el derecho de preservar el cuerpo, huyendo al testimonio entonces exigido… Lo que impresiona, al acordarnos de aquellos mártires, es el coraje proveniente de la aceptación del Maestro, muchas veces los primeros contactos


con la fe libertadora, y sin mucho tiempo que hubiese sido dedicado a la reflexión. Es como si guardasen su mensaje que, al ser percibido, diluyera toda la sombra de la ignorancia, facultando el entendimiento real de significado de la existencia terrestre. Oyendo la palabra de consuelo y las expectativas a respecto al reino de Dios, los corazones se renuevan, y la vida antes destituida de valor, adquiría un sentido sorprendente, arrebatando al espíritu y renovándolo. A semejanza de los prisioneros en el cuerpo físico, al tomar conocimiento del Evangelio se abría la prisión, vigorosos ante las poderosas lecciones del pensamiento de Jesús. El martirio era recibido con himnos de alabanza y jubilo, aun mismo que la debilidad emocional algunas veces generase pavor y lágrimas, en el abismo que eran arrojadas las víctimas de la crueldad. El momento de sacrificio era encarado como instante en que se aureolaban de todo cuanto los sentimientos nobles aguardaban, felicitándolos. Ante esa desconocida energía que vitalizaba a los mártires, sus verdugos más se enfurecían, aplicando más terribles castigos y puniciones que, de forma alguna, les quebrantaban el ánimo. Por el contrario, cuantos más azotes y olas de odio, más resignación y misericordia mantenían en relación a los impecables sicarios. Esa reacción de amor los desequilibraba porque ellos aguardaban la presencia del odio a la que estaban acostumbrados en las refriegas de la inferioridad moral a que se entregaban. Jesús, desde que pasaba a ser conocido, les cambiaba completamente los conceptos existenciales y el sentido psicológico en torno a la vida. La aspiración por la independencia al cuerpo, a fin de ser fruida la libertad total, los fascinaba los conducía a los peores tipos de ejecución con el rostro iluminado por la esperanza de la plenitud. Se dejaban entrañar por las sublimes lecciones de amor enseñadas por el Amigo Sublime y experimentaban suave y dulce encantamiento de la paz que pasaban a sentir, adornándose de la alegría inmortal. Jesús los conquistaba plenamente, y ellos se dejaban conducir con totalidad por el elevado encantamiento de Su mensaje.


Cuanto más severas las puniciones injustas, más el deslumbramiento y más dedicación la de aquellos que se Le amoldaban. Fue ese estoicismo poco vulgar, de antes y después jamás igualado, el que inscribió en las páginas de la historia la presencia insofismable e inapagable de Jesús. ********** Con la adhesión de la fe cristiana a la política del imperio romano y con la formulación pegadiza en los dogmas, dejo de arder en los corazones y de iluminar las mentes, para transformarse la creencia en entidad terrena poderosa, en la cual el poder se tornaba esencial en detrimento del amor sublime que la caracterizaba. Mediante la alteración de los objetivos, el cambio del reino de los cielos por las ilusiones y glorias mentirosas de Cesar en el mundo, el combustible poderoso de la fe escaseo y la convicción dio lugar a las conveniencias humanas. Salvadas algunas excepciones, que fueron los mártires de todos los tiempos, los discípulos de Jesús, en la actualidad, poco difieren de aquellos que no Lo aceptan. Las persecuciones, antes sufridas, pasaron a ser infligidas por ellos mismos a los otros, que se les oponían, ante la fascinación de las conquistas de los elogios excesivos humanos. La vida espiritual cedió lugar al lujo y a la prepotencia, a la dominación y a la arbitrariedad. Cuando oscurecido casi totalmente ante los demoledores de la ciencia que la tenia despreciada, ante el comportamiento de los que se decían discípulos de Jesús, entonces escasos de servidores fieles y abnegados, el vacío existencial tomo cuenta de la sociedad, generando desequilibrios y alucinaciones. En esos caminos de dolor y de amargura, el Consolador llegó a la Tierra y volvió a lucir la llama de la verdad, arrancándola de los dogmas de la doctrina ultramontana y reactivando la pulcritud de las enseñanzas incomparables del Mártir del Gólgota… Nuevos cometimientos de amor pasaron a surgir en los grupos sociales invitados a la reflexión por los Espíritus abnegados que volvieron al mundo


como estrellas apuntando rumbos e invitando a la consoladora caridad, que ahora pasa a despertar el interés de los nuevos discípulos del evangelio. No obstante, ante la implacable fuerza del materialismo y del utilitarismo, es desbastadora la desbandada de innumerables servidores de la Tercera Revelación, arrojándose a las multitudes del placer y del gozo, un hecho no esperado. Por más que sean demostradas las facetas nobles de la inmortalidad del Espíritu, las conveniencias sociales y las vanidades humanas dominan a aquellos que se deberían dedicar a la renovación y al trabajo de construcción del mundo feliz. Nadie desea dar ningún testimonio en los días actuales, y ante el dolor natural, el sufrimiento de cualquier naturaleza, de inmediato se desea una solución mágica, a golpe de interferencias de lo sobrenatural, generando una comunidad que sería privilegiada y diferente. Cualquier afección al sacrificio y a la renuncia de los bienes terrenales a favor de la auto iluminación indispensable para la harmonía es rotulado de masoquismo o de fuga psicológica de la realidad. Escasean los esfuerzos a favor de la liberación de los vicios y de las ordinarias pasiones que vienen perturbando el proceso de elevación, desde hace mucho facultando conductas totalmente opuestas a los objetivos de la reencarnación. No se desea ningún dolor, no en tanto, dudora como es la criatura humana, prefiere transferirla para el más allá de la muerte o para futuro renacimientos, como si fuese posible evitarse el proceso de evolución por comodidad. La doctrina espirita , entretanto, enseña que los lances de pruebas y angustias forman parte del mecanismo de rehabilitación y de desenvolvimiento intelecto moral en la búsqueda de la liberación total. El dolor es, aun, el bendecido recurso de despertamiento del ser humano que, meditando, encuentra los mejores métodos para la victoria sobre las pasiones del ego. *********


No te permitas confundir, cuando seas invitado a dar testimonio, o lamentarás la existencia, ante los sufrimientos inevitables. Es indispensable la lucha interior por tu trasformación moral para mejor. Rescatando hoy, el mañana surgirá pleno de bendiciones, y desde ahora, experimentarás especial energía de paz, animándote al proseguimiento. Robustécete en la fe ante el dolor con irrestricta confianza en Dios, tomando a Jesús como tu camino para El, y no temas nunca! Cuando suceda la llegada de tu momento de sufrir, alégrate y avanza en paz. Actuando así, ya estas con el alma iluminada por la sublime claridad del amor de Jesús…

DEL LIBRO “ILIMINATE” DE Divaldo Pereira Franco. Por el espíritu Joanna de Angelis. Traducido por Mercedes Cruz Reyes.

En busca de la iluminación (divaldo pereira franco)  

EN BUSCA DE LA ILUMINACIÓN (DIVALDO PEREIRA FRANCO)

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