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EL TRABAJADOR DE CRISTO ES SIMIENTE LANZADA EN LA TIERRA Mercedes Cruz Cuando la sintonía es el móvil de la unión de muchos corazones, el ambiente se purifica, y los que lo viven lo transforman en cielo, por las facultades surgidas en la gama de los sentimientos. Nada se hace bien hecho sin una preparación anticipada. ¡Si en el mundo ya conocemos esa verdad, reuniendo a maestros y escuelas bien dotadas, los alumnos enriquecerán sus conocimientos y se transformaran en maestros, dando continuidad y valorando las ciencias, cuanto más en el mundo de los Espíritus! Cualquier cosa por pequeña que sea, tiene gran importancia. La Tierra es mirada como un curso más o menos largo, donde los profesores son las propias almas, bajo la interferencia de la ley, filtrada en la mente del Maestro Mayor, Nuestro señor Jesucristo, el fundamento de la Vida en este planeta. Es el Hijo a quien Dios confió la dirección de la casa. La imagen, el trabajo y la voluntad de


Jesús habrían de ser el punto central de todas las meditaciones del grupo de paz, cuando fue plantado en el reino de la Tierra, para que la simiente de la verdad creciese, en el terreno sublimado de los sentimientos en preparación. La perseverancia en el Bien y la persistencia en el ideal, serán la piedra angular de nuestra victoria. No podemos dar otra dirección al barco, que no sea la del camino seguido por Cristo. Tendremos que desconocer el miedo y estar ausentes en la lujuria. No tendremos que ambientarnos con determinados hábitos, porque ellos son caminos para los vicios, y deberemos ser como centinelas ante las extravagancias. El cuidado mayor tendrá que ser con nosotros mismos, en las intenciones, en la formación de los pensamientos y en la liberación de las ideas en los actos diarios. Es bueno que sepamos que la eterna vigilancia es el soplo de la felicidad. Será mejor aun que reforcemos este asunto. Todo trabajador de Cristo es simiente lanzada en la Tierra, que ha sido plantada por alguien, en nombre de Cristo, El es el jardinero de los Cielos, que no Se olvida de los jardines del mundo, para que en el mañana florezca el reino de la Luz en los corazones de los hombres. Estamos librando batallas con hermanos cuya convivencia no soportamos, si no fuese por la fe, dado a su prepotencia y crueldad, pues sienten desprecio por los humildes y sencillos y consideran esclavos a los que nada poseen. Para hablar con ellos, se necesita de mucha fe, mucha humildad, y, por encima de todo, el perdón vibrando como un sol en nuestros corazones. Quien no perdona, nada realiza. Es meritorio que nos olvidemos de todas las ofensas para no perder el tiempo complicándonos por iniquidades, para que nuestra mente vibre siempre positivamente, en el ideal de Cristo. Quien se ofende con calumnias, está, en cierta forma, unido al ofensor y a sus proezas. Es de interés primordial vigilar dentro de nosotros esto. Pues la sombra que se refleja sobre las aguas no se moja, por estar en otra frecuencia de vida y, los seguidores de Cristo no podrán mancharse en el lodo de las incomprensiones de la Tierra, si están en otra dimensión de la vida, colocados por el Amor, donde el perdón los defiende y la oración los protege. Si alguien a nuestro alrededor prende fuego al terreno que pisa, inquietando a los que lo rodean, el servidor de Cristo tendrá que suavizar ese fuego, aliviar sufrimientos y elevar la fe a las condiciones de salvar la esperanza en Dios y en Jesucristo… Dios es omnipotente, y utiliza a todo fiel trabajador para diseminar la Sabiduría, la Paz y el Amor. Si fallamos, tengamos por seguro que


serán llamados otros que nos superaran por lo mucho que aman y por el perdón que de sobra tienen en sus corazones. La oportunidad la tenemos todos, en estos momentos, en que tenemos que examinarlo todo y quedarnos solo con lo bueno. Evitando toda clase de mal. E l fiel servidor a de retener todo el bien posible de las experiencias y evitar el mal que por desgracia aun pulula a su alrededor. La selección se está haciendo en los escriños de la mente, con la participación del corazón. El amor siempre nos indica los medios de no acatar las ideas, cuando estas estén equivocadas, para que el exaltado no quede herido, el vanidoso no se sienta rebajado, y la prepotencia no se encuentre con menos fuerza. Cristo nos enseñó eso, al callarse ante Pilatos, cuando este le pregunto que era la Verdad. El Maestro instaló en la conciencia de aquel gobernador el ambiente de la respuesta, sin que el se sintiese rebajado en su posición, o en sus derechos en relación a su posición, ante la Tierra. Siempre deberemos silenciar, cuando las órdenes correspondan al mal para los otros, y tener la completa obediencia en el bien cuando sea a favor de la colectividad, haciendo fructificar sus simientes en todos los corazones que se aproximen a nosotros. Con esta actitud el respeto hacia nosotros aumentará. Es lo que necesitamos para que podamos realizar nuestros ideales de Fraternidad, de Perdón, y de Amor, para con todas las criaturas. Extraído del libro: Francisco de Asís


El trabajador de cristo es simiente lanzada en la tierra (mercedes cruz)