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EL PODER DE LAS PALABRAS Por José Lucas "Las palabras, se las lleva al viento", dice el pueblo y con razón, la mayoría de las veces. Pero cuando adentramos en el conocimiento espírita, en el conocimiento de la espiritualidad, del hombre como un ser integral (espíritu inmortal, temporalmente en un cuerpo carnal), la cosa cambia de figura. Al final, las palabras tienen mucho poder. Con el advenimiento del Espiritismo (Doctrina Espírita o Doctrina de los Espíritus) en 1857, la muerte murió. Lo que antiguamente era creencia de las religiones tradicionales (creer en la inmortalidad del Alma) se convirtió en comprobación experimental, surgiendo así la ciencia espírita, de donde brotaría una filosofía de vida, acoplada a la moral que Jesús de Nazaret dejó en la Tierra. Nació así el Espiritismo, ciencia que estudia la naturaleza, origen y destino de los Espíritus, así como las relaciones existentes entre el mundo corpóreo y el mundo espiritual.


Aprendemos que somos seres inmortales, temporalmente en un cuerpo carnal, en esta reencarnación, que sucede a muchas otras y que precede a otras tantas, hasta que alcanzamos el estado de Espíritu puro y no más necesitamos reencarnar. Todo lo que hacemos, aprendemos, en fin, todo lo que hiere nuestros sentidos (para el bien y para el mal) queda registrado en nuestro Espíritu, como en una base de datos de un disco duro, al que se va accediendo según sea útil y posible. Somos animales de hábitos, aprendemos y repetimos, creamos rutinas diarias y vamos siendo esculpidos por el medio donde reencarnamos. Sin embargo, nuestro destino es escrito por nosotros mismos día tras día, como si fuera en un diario, con páginas en blanco, donde quedan grafiados todos nuestros sentimientos, pensamientos y actitudes. El Espíritu tiene un patrimonio cultural y espiritual que depende siempre de su esfuerzo, perseverancia y libre albedrío, de ahí que encontramos unos estancados, otros en busca de un devenir mejor, y otros que parecen dar saltos de gigante. Vivimos en el planeta Tierra, planeta donde el Mal aún se sobrepone al Bien, donde aportan Espíritus en pruebas y expiaciones, de ahí ser un planeta donde el sufrimiento todavía es una presencia constante, pareciendo no más acabar. En esta época tormentosa de la evolución terrestre, todos decimos buscar la Paz, todos anhelamos estar en paz. Pero ¿qué hacemos para que la Paz sea el camino en nuestras vidas? ¡Muy poco o nada! En un diario deportivo, encontramos expresiones que con facilidad nos saltan de los labios, en conversaciones triviales, como "duelo, embate, lucha, juego mata-mata, juego de vida o de muerte, el jugador segó al adversario", entre otros términos bélicos adaptados al deporte.


En otras áreas de nuestra existencia, se pasa lo mismo: "estoy en una lucha contra el cáncer", "vamos a la lucha del día a día", en fin, de un modo generalizado y, por costumbre, utilizamos un vocabulario bélico en lugar de expresiones de paz. Nuestros monumentos conmemoran guerras, batallas, dramas, nuestras avenidas tienen el nombre de guerras, batallas. Para construir la paz, necesitamos paz en los sentimientos para que nuestros pensamientos sean de paz, para que nos expresemos con palabras de paz, y para que actúen en paz. Pero, para eso, hay que cambiar de hábitos, hacer un examen o auto vigilancia acerca de lo que sentimos, pensamos y decimos, para cambiar de hábitos y pasar a tener hábitos de paz. Sin empezar por el principio, ¿cómo llegar al fin? "No existe un camino para la paz, la paz es el camino", decía Mohandas Gandhi, en consonancia con el mensaje pacificado de Jesús de Nazaret. Construir ese camino es trabajo intransferible de cada uno de nosotros, y de todos juntos. Vamos a utilizar términos que transmitan paz, que quedarán grabados en nuestro subconsciente y que, derivados del hábito, del entrenamiento, pasan a formar parte de nuestro patrimonio espiritual.

EL PODER DE LAS PALABRAS JOSE LUCAS  
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