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EL MÉDIUM ESPÍRITA Hermano X Cuando el Médium Espírita apareció en la asamblea doctrinaria, sinceramente decidido a la tarea que le fuera designada, abrazó el servicio con ardor; entre tanto, de las pequeñas multitudes que lo acompañaban surgieron voces: “es demasiado verde, no tiene experiencia”. El sembrador del bien asumió aires de adulto y adoptó costumbres austeras, mas el público observó: “es un viejo prematuro, sin la llama del ideal”. Él renovó la propia actitud y se mostró entusiasta, pero oyó un nuevo concepto: “es un temperamento peligroso, entregado a la insolencia”. Procuró entonces adicionar vehemencia al optimismo y los circunstantes hicieron coro: “es explosivo, dado a la violencia”. El servidor disminuyó los impulsos y comenzó a usar textos esclarecedores para fundamentar las propias aserciones, leyendo opiniones de autoridades, y escuchó una nueva anotación: “es un burro que no sabe hablar, sino recurriendo a notas ajenas”.


Abandonó, de ahí en adelante, el sistema de citas y pasó a dar solamente respuestas rápidas sobre los problemas que le venían a la esfera de acción, y exclamaron después: “es un negligente, sin ninguna atención para el estudio”. A esa altura, el obrero de la Espiritualidad juzgó más razonable servir a la Causa de la Luz, en el propio hogar; con todo, oyó: “es un cobarde, no enfrenta responsabilidades delante del pueblo”. El Médium regresó a las actividades públicas y entró a colaborar en la sementera del conocimiento superior, donde fuese llamado, y surgió otra sentencia: “es un maniquí de la vanidad, maniobrado por agentes de las tinieblas”. El atormentado trabajador procuró evitar discusiones y escogió una actitud de reserva, hablando apenas en torno de las cuestiones más simples de la edificación espiritual, y se comentó: “es demasiado débil sin ninguna fibra moral para los testimonios de la fe”. Registrando eso, esposó el régimen de la mente renovada con el verbo franco, y anotaron de inmediato: “es un obsesionado, entregado a la mistificación”. Intentó acomodarse, haciendo únicamente aquello que consideraba como su propio deber, y clamaron: “es un vagabundo, nada quiere con el trabajo”. Él tornó a inflamarse de buena voluntad, ofreciendo el máximo de las propias fuerzas para la construcción de la Espiritualidad Mayor, y acusaron: “es un revolucionario, debe ser vigilado”… Afligido, el medianero buscó al mentor espiritual que le propiciaba amparo constante, y lloró: - Ah! Benefactor mío, ¿qué hago si no satisfago? - ¿De quién recibiste la tarea del bien? – preguntó el amigo. -¿Del Señor o de los hombres? - Del Señor – sollozó el Médium. - Entonces – replicó el abnegado compañero -, llevaré tu indagación al Señor y mañana traeré la respuesta. Al día siguiente, al amanecer, cuando el servidor oraba, rogando fuerza e inspiración, le apareció al frente el instructor espiritual y habló, sereno:


- El Señor mandó a decirte que, habiéndote nombrado para colaborar en la Obra de Redención, así lo hizo porque confiaba en tu amor para con los hermanos de la familia humana, y que, por eso mismo, no te solicitó el inventario de las críticas que por ventura te fuesen hechas, y sí, te recomendó tan solamente servir y trabajar. En ese instante, la primera claridad nocturna atravesó, de pronto, la ventana de vidrio. El mediador, con el alma súbitamente inspirada por nueva comprensión, miró el hilo de luz que venciera las tinieblas para animarlo en silencio… En seguida, pensó y pensó, poco a poco, invadido por extraño júbilo… Desde entonces, el Médium Espírita se olvidó de sí mismo y aprendió con el rayo del Sol que su fuerza venía del Señor y que su felicidad se resumía en servir y servir, trabajar y trabajar. DEL LIBRO DE Chico Xavier “Vitrina de la Vida”


El médium espírita (hermano x) chico xavier