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EL HOMBRE ANTE LA VIDA Elucidaciones de Emmanuel Por Francisco Cândido Xavier En el crepúsculo de la civilización en la que nos dirigimos hacia el alba de nuevos milenios, el hombre que maduró el razonamiento supera las fronteras de la inteligencia común y despierta dentro de sí mismo con interrogativas que le iluminan el corazón. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Dónde la estación de nuestros destinos? Al margen de la senda en que se desarrolla, surgen los oscuros astillas de los ídolos mentirosos que adoró y, mientras sensaciones de cansancio le asoman al alma enfermiza, el anhelo de la vida superior le agita los recesos del ser, cual brasero vivo del ideal, bajo la espesa capa de cenizas del desencanto. Recurre a la sabiduría y examina el microcosmos en que sueña. Reconoce la estrechez del círculo en el que respira. Observa las dimensiones diminutas del Hogar Cósmico en que se desarrolla. Descubre que el Sol, sustentáculo de su apagada residencia planetaria, tiene un volumen de 1.300.000 veces mayor que el suyo.


Aprende que la Luna, insignificante satélite de su domicilio, dista más de 380.000 kilómetros del mundo que le sirve de cuna. Los planetas vecinos evolucionan muy lejos, en el espacio inmenso. Entre ellos, destaca Marte, lejos de nosotros cerca de 56.000.000 de kilómetros en la época de su mayor acercamiento. Extendiendo las percepciones, además de nuestro Sol, analiza otros centros de vida. Sirio le ofusca la grandeza. Pólux, la imponente estrella de Gemini, eclipsa en majestad. La capilla es 5.800 veces más grande. Antares presenta un volumen superior. Canopes tiene un brillo ochenta veces superior al del Sol. Deslumbrado, se da cuenta de que no existe vacío, de que la vida es patrimonio de la gota de agua, tanto como es la esencia de los inconmensurables sistemas siderales, y, asombrado ante el esplendor del Universo, el hombre que emprende la laboriosa tarea del " el descubrimiento de sí mismo se vuelve hacia el suelo a que se imanan y pide al amor que responda a la soberanía cósmica, dentro de la misma nota de grandeza, sin embargo, el amor en el ambiente en que vive es todavía la milagrosa flor en tierno desarrollo. Confinado al reducido agrupamiento consanguíneo a que se ajusta o componiendo el equipo de intereses pasajeros a que provisionalmente se encuadra, sufre la inquietud de los celos, de la codicia, del egoísmo, del dolor. No sabe dar sin recibir, no puede ayudar sin reclamar y, creando el choque de la exigencia para los demás, recoge de los demás los choques siempre renovados de la incomprensión y de la discordia, con raras posibilidades de auxiliar y auxiliarse. Vio la Majestad Divina en los Cielos e identifica en sí mismo la pobreza infinita de la Tierra. Tiene el cerebro inflamado de gloria y el corazón invadido de sombra. Se ubica, ante los espectaculares magnificencias de lo Alto y padece la miseria de abajo. Quiere comunicar a los demás cuánto aprehendió y sintió en la contemplación de la vida ilimitada, pero no encuentra oídos que lo entiendan. Observa que el Amor, en la Tierra, es aún la alegría de los oasis cerrados. Y, partiendo los eslabones que lo atan a la estrecha familia del mundo, el hombre que despierta, hacia la grandeza de la Creación, deambula en la Tierra, a la manera del


viajero incomprendido y desajustado, peregrino sin patria y sin hogar, sintiéndose grano infinitesimal de polvo en los Dominios Celestiales. En ese hombre, sin embargo, se ensancha la acústica del alma y, aunque los sufrimientos que le afligen, es sobre él que las Inteligencias superiores están edificando los fundamentos espirituales de Nueva Humanidad. En el libro Derrotero, obra mediúmnica psicografiado por el médium Francisco Cândido Xavier.

El hombre ante la vida emmanuel chico xavier  

EL HOMBRE ANTE LA VIDA EMMANUEL CHICO XAVIER

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