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EL FESTIN DE BODAS Objetivos Realizar la interpretación espirita de la parábola de las bodas.

IDEAS PRINCIPALES  La parábola de las bodas enseña que, partiendo del principio de […] que todos los recursos de la vida son pertenencias de Dios, anotaremos el divino convite a la labor del bien, en cada avance de nuestra marcha. Los apelos del Cielo, en forma de concesiones, para que los hombres se yergan ante la Ley del Amor, vuelan en la Tierra en todas sus latitudes. Todavía, son raros los que registran su presencia, Emmanuel: Religión de los Espíritus. ítem: Versión Práctica.


 Jesús comparó el reino de los Cielos, donde todo es alegría y ventura, a un festín. Hablando de los primeros invitados, alude a los hebreos, que fueron los primeros llamados por Dios para el conocimiento de su Ley. […] Los invitados que se excusan, protestando el tener que ir a cuidar de sus campos y de sus negocios, simbolizan a las personas mundanas que, absorbidas por las cosas terrenales se conservan indiferentes a las cosas celestes. Allan Kardec: El Evangelio Según el Espiritismo Cap. 18. Ítem 2

1.

Texto evangélico.

 Entonces, Jesús, tomando la palabra, volvió a hablarles por parábolas, diciendo: El Reino de los cielos es semejante a cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los invitados para las bodas; y estos no quisieron ir. Después, envió a otros siervos, diciendo: Decid a los invitados: Que es que tengo mi ajuar preparado, mis bueis cebados ya muertos, y todo ya preparado; venid a las bodas. Sin embargo ellos, no haciendo caso, se fueron, uno para su campo, y otro para sus negocios; y los otros, apoderándose de los siervos, los ultrajaron y mataron. Y el rey, teniendo noticias de eso, se encolerizó, enviando a sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, e incendio su ciudad. Entonces dijo a los siervos: Las bodas, en verdad, están preparadas, más los invitados no eran dignos. Id pues, a las salidas de los caminos, e invitar para las bodas a todos los que encontréis. Y, los siervos, saliendo por los caminos. Invitaron a todos cuanto encontraron, tanto malos como buenos; y la fiesta nupcial quedo llena de invitados. Y el rey, entrando para ver a los invitados, vio allí un hombre que no estaba con el traje de nupcial. Y le dijo: ¿Amigo, como entraste aquí, no trayendo el vestido nupcial? Y el enmudeció. Entonces, dijo, el rey a sus siervos: Amarrarlo de pies y manos, llevadlo y lanzarlo a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. Porque muchos son los llamados, y pocos, los elegidos. Mateo, 22:1-14. Bajo la forma de alegorías, esta parábola transmite lecciones que nos ayudan a comprender la ida actual. Es evidente que el “Reino de los cielos” representa el estado de plenitud espiritual, el ápice del proceso evolutivo. El “rey” es Dios, el Padre Celestial, el Creador de los seres y de todas las cosas del Universo. El “hijo” para el cual las bodas fueron preparadas es Jesús. Los “siervos” son sus enviados, Espíritus guardianes de la Humanidad. Las “delicias” (bueis cebados) simbolizan las lecciones del Evangelio.


El incrédulo se ríe de esta parábola, que le parece de pueril ingenuidad, por no comprender que se pueda opones tanta dificultad para asistir a un festín, y, aun menos, que los invitados lleven la resistencia hasta el punto de masacrar a los enviados del dueño de la casa.1

La narrativa revela dos órdenes de ideas: la primera es que el estado de plenitud espiritual (“Reino de los Cielos”) es una invitación destinada a todos los seres humanos, indistintamente. La segunda dice respecto a la forma cómo conseguir la perfección espiritual: por medio de una fiesta de casamiento, o unión con Jesús, guía y modelo de la Humanidad terrestre. En esta fecha, los discípulos del Maestro encontraron una gran provisión de bienes para suplir todas sus necesidades de hambre y de sed espirituales.

Jesús compara el reino de los Cielos, donde todo es alegría y ventura, a un festín. Hablando de los primeros invitados, alude a los hebreos, que fueron los primeros llamados por Dios para el conocimiento de Su Ley. Los enviados del rey son los profetas que vinieron a exhortar a seguir la trilla de la verdadera felicidad; sus palabras, sin embargo, casi no eran escuchados; sus advertencias eran despreciadas; muchos fueron aun mismo masacrados, como los siervos de la parábola. Los invitados que si escuchan, pretextando tener que ir a cuidar de sus campos y de sus negocios, simbolizan a las personas mundanas que, absorbidas por las cosas terrenales, se conservan indiferentes a las cosas celestes.2

2.

Interpretación del texto evangélico

 Entonces, Jesús, tomando la palabra, volvió a hablarles por parábolas, diciendo: El Reino de los cielos es semejante a cierto rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los invitados para las bodas; y estos no quisieron ir. (Mt 22:1-3) El proceso de evolución espiritual comienza, efectivamente, a partir de cierto nivel de entendimiento y de experiencias, vivenciados por el Espíritu. Solamente a partir de ese rellano puede el hombre abrirse para las verdades transcendentales. De esa forma, los primeros invitados fueron los hebreos. Los hebreos fueron los primeros en practicar públicamente el monoteísmo; es a ellos que Dios transmite su ley, primeramente por la vía de Moisés, después por intermedio de Jesús. Fue desde aquel pequeño foco que partió la luz destinada a esparcirse por el mundo entero, para triunfar del paganismo y para dar Abrahán una posteridad espiritual “tan numerosa como las estrellas


del firmamento”. Entre tanto, abandonando del todo la idolatría, los judíos despreciaron la ley moral, para aferrarse al más fácil: a la práctica del culto exterior. 3

Entretanto, el llamamiento no fue atendido por la mayoría de los judíos, como despecho por la base religiosa que poseían. Vemos la situación repetirse en los días actuales; existen millares de personas que recibieron educación moral, proveniente de diferentes interpretaciones religiosas. Entretanto, no aceptan la invitación de mejorarse. Prefieren atender a las sensaciones inmediatas y transitorias de la vida material, en una clara manifestación del tirano egoísmo. Viven como sonámbulos que, indiferentes a los beneficios espirituales en la existencia, no valoran el precio que tendrán que pagar por esta negligencia. En este sentido, un amigo espiritual esclarece: Mejor es aquel que se juzga insignificante y vive rodeado de siervos, con los cuales trabaja para el bien común, que el hombre prejuicioso e inútil, hambriento de pan, más siempre interesado en honrarse a si mismo. […] Mientras las manos del impío tejen la red de los males, prepara con tu esfuerzo la cosecha de las bendiciones. Todo pasa en el mundo. El mentiroso pagará pesados tributos. El despiadado se herirá a si mismo. El imprudente despertará en las sombras de la propia caída. El avaro será esposado a las riquezas que amontonó. El rebelde estará en las tinieblas. Más el hombre justo y diligente vencerá al mundo. 8

Los primeros invitados pueden representar, también, << […] a los doctos, a los ricos, a los sabios, a los aristócratas, a los sacerdotes, porque nadie mejor que estos estaban en condiciones de participar de las bodas […]. >>5  Después, envió a otros siervos, diciendo: Decid a los invitados: Que es que tengo

mi ajuar preparado, mis bueis cebados ya muertos, y todo ya preparado; venid a las bodas. Sin embargo ellos, no haciendo caso, se fueron, uno para su campo, y otro para sus negocios; y los otros, apoderándose de los siervos, los ultrajaron y mataron. Y el rey, teniendo noticias de eso, se encolerizó, enviando a sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, e incendio su ciudad. (Mt 22:4-7) Con el ritualismo impuesto por las diferentes castas sacerdotales, la religión judaica reveló, a la época de Jesús, grandes desvirtuamientos. La Ley de Dios, sintetizada en los Diez Mandamientos, era letra muerta, mantenida en el olvido.


Fue cuando el Padre les envió a Jesús para recordarles los compromisos morales y espirituales asumidos. El mal llegara al cumulo; la nación, más allá de esclavizada, era destrozada por las facciones y dividida por las sectas; la incredulidad atendía aun mismo en el santuario. Fue entonces cuando apareció Jesús, enviado para llamar la observación de la Ley y para rasgarles los nuevos horizontes de la vida futura. De los primeros que fueron invitados para el gran banquete de la fe universal, ellos repelieron la palabra del Mesías celeste y lo inmolaron. Así perdieron el fruto que habrían recogido de la iniciativa que les cupiera. Fuera, con todo, injusto acusarse al pueblo entero de tal estado de las cosas. la responsabilidad tocaba principalmente a los fariseos y saduceos, que sacrificaron a la nación por efecto del orgullo y del fanatismo de unos y por la incredulidad de los otros. Son, pues, ellos, sobretodo, a los que Jesús identifica en los invitados que rechazan comparecer al festín de bodas.

El número de cristianos que sigue al Evangelio aun es poco. En general, son personas que oyen, hablan, interpretan y predican las verdades espirituales, más muy pocos se esfuerzan en vivenciarlas. No se revelan preocupadas con la salvación de la propia alma. Están siempre posponiendo, indefinidamente, el momento de la transformación espiritual: en el próximo año, en el futuro, en la reencarnación siguiente… Son criaturas tan absorbidas con el día a día que no sienten la necesidad del Evangelio- indicadas en el registro de Mateo con los que fueron al “campo” y fueron a cuidar de los “negocios” -, sin darse cuenta del mal que infligen en sí mismas. El tesoro que traen en el corazón es el amor por el dinero y por la adquisición de bienes; por la realización de negocios lucrativos; por la vivencia de los placeres. La negligencia y la indiferencia por las cosas espirituales simbolizan el “ultraje” y la “muerte” de los siervos, ilustrados en la parábola. El versículo siete (“Y el rey, teniendo noticias de eso, se encolerizó, y, enviando a sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, e incendió su ciudad) hace referencia a la manifestación de la ley de causa y efecto. En el caso de los judíos, la historia relata los sufrimientos que pasaron a lo largo de los tiempos, al comenzar con lo ocurrido en el año 70 d. C: fueron traducidos por los romanos, y su capital, Jerusalén, fue casi totalmente destruida como relata, con detalles, Flavio Josefo, el historiador de la Antigüedad, en su libro “Historia de los Hebreos”.


 Las bodas, en verdad, están preparadas, más los invitados no eran dignos. Id pues, a las salidas de los caminos, e invitar para las bodas a todos los que encontréis. Y, los siervos, saliendo por los caminos. Invitaron a todos cuanto encontraron, tanto malos como buenos; y la fiesta nupcial quedo llena de invitados. Y el rey, entrando para ver a los invitados, vio allí un hombre que no estaba con el traje de nupcial. Y le dijo: ¿Amigo, como entraste aquí, no trayendo el vestido nupcial? Y el enmudeció. Entonces, dijo, el rey a sus siervos: Amarrarlo de pies y manos, llevadlo y lanzarlo a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes. Porque muchos son los llamados, y pocos, los elegidos. (Mt 22:8- 14)

En estos versículos, Jesús informa << […] que la palabra iba a ser predicada a todos los otros pueblos, paganos e idolatras, y estos, acogiéndola, serian admitidos en el festín, en el lugar de los primeros invitados. >>3 Sabemos que este trabajo fue realizado, después de la crucifixión por los apóstoles y algunos discípulos de Cristo, en especial el desenvuelto por Pablo de Tarso junto a los pueblos gentílicos. Entretanto, para participar de la fiesta es preciso estar vestido adecuadamente, con el “traje nupcial”, esto es, se hace necesario que la persona tenga puro el corazón, libre de las malas intenciones, aunque no posea base religiosa o moral significativa. <<El vestido de nupcias simboliza el amor, la humildad, la buena voluntad en encontrar la verdad para observarla […]. >> 6 En síntesis, es preciso que el Espíritu sea guiado por los preceptos del mandamiento Mayor: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo” (Mt 22:37 – 39) No […] basta a nadie el ser invitado; no basta decirse cristiano, ni sentarse a la mesa para tomar parte en el banquete celestial. Es preciso, antes de todo y bajo condición expresa, estar revestido de la túnica nupcial, esto es, tener puro el corazón y cumplir la ley según el Espíritu. Ahora, toda la ley contiene estas palabras: Fuera de la caridad no hay salvación. Entre todos, sin embargo, que oyen la palabra divina, cuan pocos son los que la guardan y la aplican provechosamente! Cuan pocos se tornan dignos de entrar en el reino de los cielos! Es por eso que Jesús dijo: Muchos serán llamados, pocos, sin embargo, serán elegidos.4

De esa forma, los hipócritas, los que promueven y ejecutan luchas fratricidas, desuniones y perturbaciones; los egoístas, los orgullosos y vanidosos; los falsos profetas y falsos cristos, oportunistas y embusteros, que engañan a las personas bajo la apariencia de la bondad y de la religiosidad; los que se mantienen indiferentes al sufrimiento del prójimo, y que trafican con las cosas celestiales para la obtención de ventajas materiales, todos ellos, serán retirados de la fiesta por no vestir el “traje nupcial”. Tales criaturas serán, por tanto, conducidos a


reencarnaciones dolorosas, representadas, en el texto, como ·tinieblas exteriores” donde habrá “llanto y crujir de dientes”. Para que obtengamos en el mundo, el Reino de Dios, no nos pide el Señor peregrinaciones de sacrificio a regiones particulares; espera, sin embargo, demostremos coraje suficiente para vivir día a día, en el exacto cumplimiento de nuestros deberes, en el difícil viaje de la reencarnación. No nos exige nos diplomemos en los preceptos gramaticales del idioma […]; espera, sin embargo, que sepamos decir siempre la palabra equilibrada y reconfortante […] No nos obliga a renunciar de los bienes terrenales; espera, sin embargo, que nos dediquemos a administrarlos sensatamente […]. No nos impele las gimnasticas especiales para el desenvolvimiento prematuro de fuerzas físicas y psíquicas; espera, entretanto, nos esforcemos para borrar pensamientos infelices, dominando nuestras tendencias inferiores. No nos solicita la perfección moral de un día para otro; espera, con todo, nos dispongamos a la cooperación con el, soportando injurias y olvidándolas, a favor del bien común. No nos determina sistemas sacrificiales de alimentación […]; espera, sin embargo, seamos respetuosos en el cuerpo que la Ley de la Reencarnación nos haya prestado […] No nos aconseja el apartamiento de la vida social […]; espera, no en tanto, que ejerzamos la bondad y la paciencia, el perdón y el amor […] Jesús no nos pide lo imposible; nos solicita, apenas la colaboración y el trabajo en la medida de nuestras posibilidades humanas, cabiéndonos, sin embargo, observar que, que si todos aguardamos ansiosamente el Mundo Feliz de Mañana, es preciso recordar que, así como un edificio se levanta de la base, el Reino de los Cielos comienza en nosotros. 7 TRADUCIDO POR: MERCEDES CRUZ REYES

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El festin de bodas (estudio de las enseñanzas y parábola de jesús)  

EL FESTÍN DE BODAS (ESTUDIANDO LAS PARÁBOLAS Y ENSEÑANZAS DE Jesús)

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