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EL ESPÍRITU Y EL CEREBRO SE DISTINGUEN SIN CADENAS MATERIALISTAS (Jorge Hessen)

James Fallón, profesor de psiquiatría y comportamiento humano de la Universidad de California, paso años pesquisando el cerebro de potencias homicida. A los 58 años de vida acreditaba ser una persona, “normal”, teniendo como referencia la familia equilibrada e intensa actividad académica. Cierta tarde de octubre del 2005, analizando exámenes de personas que sufren desordenes psiquiátricos graves, a través de las imágenes cerebrales de asesinos mezclados con esquizofrénicos, depresivos y otros cerebros “normales” tuvieron una singular sorpresa. En el análisis de los exámenes se deparo con determinada imagen que revelaba el cerebro de un psicópata, todavía identifico que era su examen. Se sorprendió, al final fue una


revelación chocante y comenzó a cuestionar la propia identidad. (1) Fallón descubrió que su cerebro presenta “iniciativa” un área ligada a la conducta ética y tomada la decisión. Observo igualmente que posee genes vinculados a la violencia. Bajo el guante de sorprendentes descubrimientos, publico un libro titulado “El psicópata en el interior”, en la obra escudriña algunos argumentos sobre las causas de un hombre feliz en el casamiento y en la profesión puede ser un psicópata con las mismas características genéticas de un serial Keller. (2) Es difícil determinar precisamente lo que hace de una persona un psicópata. En verdad , la anormalidad mental tiene una variedad de síntomas que ni siquiera aparecen en el manual del diagnostico de trastornos mentales. Jamás Fallón acredita que, gracias en gran parte a su educación y apoyo de su familia, ha sido capaz de canalizar sus tendencias psicóticas. Para los Espíritus nuestra “mente es el campo de nuestra conciencia despierta, en la faja evolutiva en que el conocimiento adquirido nos permite operar”. (3) Así, “la mente transmite al cuerpo físico, a la que se ajusta durante la encarnación, todos sus estados felices o infelices.” (4) Notamos en el neurocientificos de California, que la plenitud del Espíritu (estado mental), aunque pueda ser influenciado por el universo cerebral, mantiene preponderancia sobre la “masa cenicienta”. Si no fuese así, sería el, Fallón, un fantoche del mundo encefálico. Para André Luiz, el cerebro es el nido de la mente. El cerebro es el vehículo de la inteligencia en el mundo carnal, por eso, muchos neurologistas hacen de la personalidad un atributo del cerebro, sin embargo sabemos que “la inteligencia [individualidad] es un atributo esencial del Espíritu”. (5) Kardec, explicando la cuestión 368, dice lo siguiente: “se puede comparar la acción que la materia grosera ejerce sobre el Espíritu la de un charco lodoso sobre un cuerpo en el sumergido, al cual quita la libertad de los movimientos.”(6) Actualmente hay diferencia esencial entre la neurociencia académica y la neurociencia espirita. Mientras la primera entroniza en el cerebro el cuartel general de la personalidad, la segunda hace de la estructura encefálica apenas un órgano más de los varios de la manifestación del Espíritu. En que pese a las limitaciones de las capacidades del Espíritu después de su unión con el cuerpo, por causa de la densidad material, el cuerpo carnal no es más que la casa del Espíritu y este al unirse al cuerpo, conserva los atributos espirituales. Sin duda


que el cuerpo físico es un obstáculo la libre manifestación de las facultades del Espíritu, como un vidrio opaco se opone a la libre emisión de la luz. Los órganos son los instrumentos de la manifestación de las capacidades del Espíritu. Esa manifestación está sometida al desenvolvimiento y al grado de dificultad de los atinentes órganos. El Espíritu tiene siempre aptitudes que le son inherentes y no son los órganos que le dan las capacidades, más si son las facultades que impelen el desenvolvimiento de los órganos. De este modo, la distinción de las aptitudes entre los hombres dimana del estado del Espíritu. Las cualidades del reencarnado, que puede ser más o menos adelantado, constituyen el principio, más obviamente “es necesario tener en cuenta la relativa influencia de la materia, que puede limitar más o menos el ejercicio de esas facultades. “(7) Sobre la cuestión del cerebro humano, el Espiritismo y la neurociencia deben complementarse, pues, las leyes del mundo espiritual y las leyes del mundo físico son expresiones de una realidad común. La neurociencia precisa del Espiritismo, tanto como el espiritismo encuentra apoyo en la neurociencia; aislados, en el estudio del cerebro no llegaran a un resultado final y se sumergirán en un laberinto de hipótesis arriesgadas. Recordando, con todo, que el Espiritismo marcha al lado de la ciencia, más no se detiene donde la ciencia tiene sus límites. Es inaceptable la ciencia materialista insistir en esposar el Espíritu en el cerebro, como si el fuese un cautivo, para ser falsamente disecado, a fin de ser comprobado que el cerebro es el agente integral de la personalidad. Ahora, en verdad el Espíritu continuamente ha sido esquivado incólume de ese reduccionismo materialista. En el siglo XIX, Kardec, conocedor de las tesis de Franz Josef Gall, médico alemán, teórico de la frenología, (8) indagó a los Espíritus lo siguiente; “De la influencia de los órganos se puede inferir la existencia de una relación entre el desenvolvimiento de los del cerebro y el de las facultades morales e intelectuales?” La respuesta de los Mentores Espirituales es fulgente; “No confundáis el efecto con la causa. El Espíritu dispone siempre de las facultades que le son propias. Ahora, no son los órganos los que dan las facultades, y si estas las que impulsan el desenvolvimiento de los órganos.”(9) De las relaciones existentes entre el desenvolvimiento del cerebro y la manifestación de ciertas facultades, concluirán algunos estudiosos


materialistas que los órganos del cerebro son la propia fuente de las facultades, idea que tiende para la negación del principio inteligente extraño a la materia. Consecuentemente, hace del hombre una maquina sin libre albedrio y sin responsabilidades por sus actos, pues siempre podría atribuir sus errores a su organización y seria injusticia punirlos por faltas que no habrían dependido de el. Quedamos, con razón, abalados por las consecuencias de semejante teoría. Hasta porque, “la psicología y la psiquiatría, entre los hombres, conocen tanto del Espíritu, como un botánico, restricto al movimiento en vergonzoso circulo de observación del suelo, que intenta juzgar un vasto continente e inexplorado, por algunos tallos de hierba, crecidos al alcance de sus manos.”(10) La Doctrina Espirita esclarece que “los órganos tienen una influencia muy grande sobre la manifestación de las facultades [espirituales]; sin embargo, no las producen; es la diferencia. Un buen músico con un instrumento ruin no hará buena música, más eso no impedirá de ser un buen músico. “ (11) El Espíritu actua sobre la materia y la materia sobre el Espíritu en una cierta medida, y el Espíritu se puede encontrar, momentáneamente, impresionado por la alteración de los órganos por los cuales se manifiesta y recibe sus impresiones materiales”. (12) Hay otra cuestión para ser considerada a respecto de la influencia captable al cerebro humano. Tales impresiones pueden advenir de otras mentes de “encarnados y desencarnados que pueblan el Planeta, en la condición de habitantes de un inmenso palacio de varios andares, en diversas posiciones, produciendo múltiples pensamientos que se combinan, que se repelen o que se neutralizan. Se corresponden las ideas, según el tipo en que se expresan, proyectando rayos de fuerza que alimentan o deprimen, subliman o arruinan, integran o desintegran, arrojados sutilmente del campo de las causas para la región de los efectos. (13) Evaluando esas variables, es cierto que el espiritismo y la neurociencia, en el futuro, podrán entenderse no contradiciéndose, todavía unidas, marchando conectadas, procurando todos los expedientes disponibles en el sentido de comprender más profundamente al hombre. En el caso contrario, la neurociencia fluctuará en un mar de equívocos, mientras concibiera que el Espíritu esté amarrado, únicamente, en el universo cerebral. Necesitan, pues, los estudiosos distinguir las causas físicas de las causas espirituales en los


fenómenos psicológicos, a fin de poder mejor explicar el enigma de la función del cerebro humano.

Referências Bibliográficas:


El espiritu y el cerebro (jorge hessen)