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EL ESPIRITISMO, UN REMEDIO CONTRA EL OSCURANTISMO Jacques Peccatte La humanidad siempre ha tenido sus precursores, vanguardistas o profetas, que trazan una vía para el porvenir. En ciencia, filosofía, arte y espiritualidad, se pueden encontrar numerosos ejemplos, de cuando la idea o la palabra expuestas en tiempos de oscurantismo no llegaban a alcanzar las conciencias del momento. Ya Pitágoras afirmaba la redondez de una Tierra que no era más el ombligo del Universo. Mucho tiempo después de él, dos milenios más tarde, Giordano Bruno moría en la hoguera de la Inquisición por haber afirmado el movimiento de los astros. Esa misma Inquisición actuaba en nombre del Dios de los cristianos, proclamado por el profeta nazareno. Y entre extravíos y derivas, los fanáticos de todas las épocas han hecho la ley en nombre de pretendidas verdades reveladas, a las que han transformado y desnaturalizado para hacerlas conformes a sus voluntades. El poder temporal acaparó la revelación espiritual


para hacer de ella un instrumento de dominación. Toda la historia de la humanidad corresponde más o menos a este modelo, que se puede generalizar a la mayoría de las religiones del mundo. Curiosamente, a pesar de los notables avances del pensamiento desde hace más de dos siglos, estos modelos del oscurantismo aún están muy vivos hoy en día. Nuestra “Santa Iglesia” no siempre ha entendido completamente el sentido del mensaje cristiano que se supone transmite. En cuanto a los cismas de Lutero y Calvino, que originaron el protestantismo, engendraron involuntariamente las Iglesias seudo-protestantes de Norteamérica: Evangélicos, Pentecostales, Adventistas, Baptistas, Testigos de Jehová, etc. ¿Qué decir igualmente del Islam que, en sus formas más arcaicas, se ha inventado principios y códigos de vida que nunca fueron enseñados por su profeta? Indudablemente, también los discípulos del Buda dentro de la diversidad de sus tradiciones según las regiones, han reinterpretado un mensaje de origen ciertamente difícil de reencontrar hoy en su autenticidad. Los profetas han hablado mucho en forma de parábolas o de preceptos que, sin duda, no eran fáciles de comprender por sus discípulos, y así las palabras rescatadas han sido rápidamente interpretadas y falsificadas con arreglo a los prejuicios dominantes y las tradiciones. ¿Cómo apropiarse de una parte de verdad cuando ésta no ha sido comprendida? ¿Cómo encontrar una palabra original varios siglos más tarde, cuando ésta ha sido transformada regularmente en el transcurso del tiempo, como fue el caso del mensaje cristiano, alterado por cantidad de dogmas que ya no tienen ninguna relación con las palabras de Jesús de Nazaret? Es así como las verdades reveladas se han convertido, no en instrumentos de reflexión y de moral, sino en simples tradiciones que se han adaptado a los diferentes pueblos, en función de sus usos y costumbres preexistentes. Por supuesto, hay cosas más fáciles de comprender que otras: una esfera terrestre girando alrededor de un Sol que, él mismo, se integra en la galaxia, se ha convertido en una evidencia incuestionable; en cambio, lo referente a los principios espirituales y morales, es totalmente otra cosa, pues ya no estamos en el campo físico de lo observable. Y dentro de la diversidad de las religiones, uno se da cuenta de que no hay ni siquiera un mensaje común que pueda aplicarse a todos los pueblos, puesto que cada uno tiene su propia concepción de un Dios, incluso sin Dios como los budistas. Y sin embargo, la verdad no


puede ser sino única, pero no ha podido serlo porque cada mensaje original ha sido tan alterado para adaptarse a las tradiciones, al punto de que el sentimiento religioso ha debido confundirse con las exigencias de la vida en sociedad, convirtiéndose las personas religiosas en poseedoras de un poder temporal dictado por la ley. No obstante, con un poco de sentido común, no es muy difícil ubicar las desviaciones religiosas en donde están. Por ejemplo, para la cristiandad, si se reemplaza al teólogo por el historiador, van a surgir ciertas verdades, como la creación de los ritos y los dogmas, en momentos muy precisos de la historia de los Concilios. Y si uno se había contentado con las palabras y parábolas de Jesús, que permiten comprender sencillamente una dirección moral y trascendente, eso bastaba para decirse cristiano sin referirse a todas esas extrapolaciones que han alterado el mensaje original. Y es también en ese sentido, y únicamente en ese sentido, que un espírita puede decirse cristiano, pero evidentemente no católico, ni protestante ni ortodoxo. Igualmente se puede sostener el mismo argumento respecto a Mahoma, para las personas de cultura musulmana que, al volverse espíritas, pueden conservar el amor por el profeta que es la referencia de su tradición, pero que tampoco enseñó todo lo que se le ha querido hacer decir. Las religiones del integrismo En nuestros tiempos difíciles, donde lo religioso se mezcla con lo político, dentro de un fanatismo presto para todos los más inquietantes desbordamientos, es muy necesario plantearse la cuestión de ese crecimiento de los diversos integrismos que cada vez más gangrenan todas nuestras sociedades. Es como si, queriendo acercarse a Dios, se alejaran inexorablemente de él a partir de locuras colectivas que arrastran a las ramas fundamentalistas de las religiones hacia sus peores excesos. Una vez más, como en otros tiempos, las creencias religiosas sirven de relación de fuerza entre los pueblos y las culturas, independientemente de toda búsqueda de una verdad fundamental. Desde luego que, como espíritas, ese no es directamente nuestro problema, pues el espiritismo se asume como filosofía y no como religión, pero sí es un problema que debemos considerar pues concierne a una buena parte de la humanidad, en particular a través de lo que algunos han llamado el “choque de las civilizaciones”.


Esta fórmula no es ciertamente la más exacta, pues se trata más de un choque producido por los sobresaltos del neo-colonialismo y por inadecuadas injerencias guerreras que han terminado por desestabilizar regiones enteras. Se ha llegado pues, como en nuestros tiempos pasados en Occidente, a desvíos religiosos inextricablemente vinculadas a conflictos de interés y hegemonía, relacionados con lo económico y lo político, al punto de que estas religiones ya no tienen nada que ver con ningún mensaje profético.

El sueño de Allan Kardec Con justa razón, Allan Kardec había imaginado que el espiritismo podría superar los movimientos religiosos y ponerlos a todos de acuerdo a partir de los nuevos conocimientos enseñados por el otro mundo. Porque, aceptando su interpretación, el espiritismo efectivamente ha permitido unificar un pensamiento alrededor de la supervivencia del espíritu, de su manifestación y de su reencarnación. Al mismo tiempo eso ha permitido comprender mejor el mensaje original de cada religión, descifrando, por ejemplo, el sentido de las palabras y parábolas de Jesús a la luz del mensaje espírita. Pero no se puede tratar de quitar tan fácilmente creencias milenarias, ancladas en las mentalidades y que forman parte de costumbres y tradiciones que marcan los códigos de vida en sociedad. Los puntos de referencia religiosos tienen la vida dura y cuanto más contradicen a las evoluciones intelectuales o científicas, más se repliegan sobre oscurantismos que resisten cualquier prueba. Si bien, por ejemplo, la religión católica ha hecho algunos progresos notables, especialmente desde el Concilio Vaticano II, hay otros movimientos que han tomado el relevo, entre las sectas pseudo-protestantes norteamericanas que están invadiendo el mundo entero. Se regresa a la creación del mundo hace algunos miles de años, a la culpabilidad del pecado original y al mito de Adán y Eva. Nada, ni ningún argumento, hace presa en esas viejas creencias vueltas a poner de moda por predicadores fanatizados, capaces de negar todas las evidencias establecidas por la paleontología, la etnología y todas las ciencias del evolucionismo desde Lamarck o Darwin. El sueño de Allan Kardec, consistente en poner de acuerdo a todas las religiones a partir del esclarecimiento espírita, ha tardado mucho. Aun en Brasil, donde el espiritismo se ha desarrollado ampliamente, el país ha permanecido como el


primer país católico del mundo y los Evangélicos, a su vez, han conquistado el territorio. En los tiempos del espiritismo naciente, era el catolicismo el que resistía. Hoy, ya no hay más oposición frontal de la Iglesia contra los espíritas, pero los viejos oscurantismos que se creía obsoletos, resurgen de otra manera, a través de principios de otras épocas, sostenidos por fanáticos que quisieran dirigir el mundo. ¿No habría allí una oportunidad de crear un frente común de resistencia espiritual anti-fundamentalista? Ese sería otro sueño, demasiado utópico sin duda, pero se llega al estado en que los católicos progresistas podrían sentirse más cercanos a los espíritas de lo que no están a todas las esferas de influencia religiosa que sufren la embestida integrista. Es como si las religiones clásicas estuvieran en vías de desaparición en pro de nuevos fanatismos religiosos, fuera de época, y que sin embargo en nuestro tiempo renacen en forma clara y evidente. El problema es vasto y nos sobrepasa pero, sin duda alguna, necesitamos mantener el sueño de nuestros precursores, de unificar las espiritualidades alrededor de la comunicación con el más allá, a partir de principios definidos por el otro mundo desde hace ciento cincuenta años, principios que se han confirmado por los nuevos estudios sobre las EMI, recuerdos de vidas pasadas, avances de la astrofísica, etc. Se llega con ello a ciertas evidencias que siempre tardan en ser reconocidas oficialmente, y al mismo tiempo, los desvíos religiosos están al servicio de poderes temporales como en los tiempos de la Inquisición. A los movimientos espiritualistas de hoy se les plantea otro problema: por una parte, los adeptos de todas las variantes de la Nueva Era se desinteresan de todas las cuestiones sociales, pues consideran que se puede evolucionar por el desarrollo personal; y, en otra esfera de influencia, los parapsicólogos o asimilados, siguen buscando lo desconocido y, allí donde el espiritismo ya tiene todos los datos, y en un plano más social o humanista, ellos no se sienten en absoluto concernidos. En cambio el espiritismo, como filosofía particular que emana de una reflexión sobre las manifestaciones y mensajes del más allá, debe dar a conocer sus posiciones de principio, no sólo en un plano metafísico, sino también respecto a las grandes cuestiones sociales, como la mencionada aquí del ascenso de los integrismos, una cuestión sensible en un mundo de inestabilidad.


Las religiones clásicas e instituidas están en declinación; los fundamentalismos regresan con fuerza; las “altas espiritualidades” ignoran estos movimientos de fondo; y los investigadores de lo paranormal están en sus respectivas ciencias, poco preocupados por los desvíos religiosos en nuestras sociedades. Ese es más o menos el estado actual referente a las influencias espirituales y religiosas sobre la tendencia del mundo. A partir de esta comprobación, es indispensable hacer escuchar otra voz, un eco diferente y divergente de todo esto: el de una reflexión alentada por un espiritismo mayor y responsable, dentro de un conocimiento que puede dar sentido, y que abrirá nuevas vías en la tormenta, no religiosas sino espirituales, dentro de la aceptación del otro mundo, que ya nada justifica que sea ignorado por mucho más tiempo. Es ese mundo, vuelto inteligible desde Allan Kardec, el que ha dado todas las claves de la vida, tanto de la vida desencarnada como de la vida encarnada. Entonces, ¡por qué esperar más y tergiversar con una ignorancia que mantiene la incertidumbre! Refugiarse en la duda permanente cuando se rechaza estudiar lo que puede el ser, es perder un tiempo precioso, pues el mundo necesita descubrir su ontología y su destino, para dispersar por fin todas las mitologías ancestrales de un oscurantismo que nuestro siglo ya no necesita… El Jornal espirita nº 93 julio del 2001

El espiritismo, un remedio contra el oscurantismo (jacques peccatte)  

EL ESPIRITISMO, UN REMEDIO CONTRA EL OSCURANTISMO Jacques Peccatte