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DE LA MATERIA A LO ESPIRITUAL: ¿UNA HISTORIA DE PARTÍCULAS? Etienne Berthaut Si bien los cuestionamientos sobre la creación del Universo han sido principalmente el hilo conductor de los exploradores de lo infinitamente grande a lo largo de los siglos, y en particular desde el comienzo del siglo XX, esa búsqueda científica ha logrado reunir muy pronto a los observadores de lo infinitamente pequeño. En efecto, en forma concomitante, desde fines del siglo XIX, la materia en su inmensidad sideral ha sido descortezada, y continúa siéndolo, con la posibilidad de técnicas y medios nuevos, para conocer su organización íntima en sus más ínfimos recovecos. De allí nació lo que se ha llamado la física de las partículas, partículas que se llaman igualmente cuantas de materia, cuando se comprobó que, de hecho, la materia estaba compuesta por un aglomerado de partículas elementales que responden a propiedades muy definidas, y están sometidas a interacciones particulares unas con relación a las otras.


El “Modelo Estándar” de las partículas La hipótesis de la noción de átomo está comprobada científicamente desde el último tercio del siglo XIX (aunque identificado desde 1805) pero, no obstante, podemos remontarnos a los filósofos griegos, cuatro siglos antes de Jesucristo, para que surja la idea de una materia compuesta de partículas a través de la doctrina filosófica llamada del atomismo (Demócrito). Mucho más cercanos a nosotros, están los trabajos y descubrimientos de ilustres sabios como H. Becquerel, los esposos Curie, M. Planck, A. Einstein, E. Rutherford, N. Bohr, P. Langevin y J. Rydberg, para citar sólo algunos, que sentaron las bases de una visión moderna de la estructura de la materia a principios del siglo pasado. Desde el electrón, la primera partícula elemental descubierta en 1891, esta visión nunca ha dejado de enriquecerse y complicarse a lo largo de los últimos decenios. Fue así como se imaginó a partir de los años ‘30, y se estableció luego a principios de los años ‘70, lo que se ha llamado el “Modelo Estándar”, teoría científica siempre vigente que describe al mismo tiempo las propias partículas, las fuerzas a las cuales están sometidas y los campos (o mediadores) intercambiados entre esas partículas y a través de los cuales se ejercen esas fuerzas. A partir de las observaciones a nivel atómico que finalmente no representan más que una primera puerta sobre lo infinitamente pequeño, hay todo un conjunto de partículas elementales más o menos teóricas que fueron inventadas así a lo largo de todo el siglo veinte, para poder responder a las complejas ecuaciones matemáticas que rigen la organización de la materia. Y todo el reto fue entonces, sobre todo desde los años 50-60, poner en evidencia de manera experimental la presencia, o la existencia, de todas estas partículas más o menos abstractas; la mayor preocupación era la duración de su vida, extremadamente corta, cuando se logra aislarlas. Esta búsqueda fundamental es actual todavía hoy, a través de experimentos de colisión de partículas realizados en los grandes aceleradores de partículas del CERN (*) como el LHC,(**) por ejemplo, en la frontera franco- suiza cerca de Ginebra. El último gran descubrimiento con fecha es el de julio de 2012 de la partícula del bosón de Higgs, apodada la “partícula de Dios”, pues fue inasequible desde hace decenios y es la que permitiría explicar por qué ciertas partículas tienen una masa y otras no… El “Modelo Estándar” se caracteriza por una clasificación de las partículas según diversos criterios (partículas cargadas eléctricamente o no, noción de masa, etc.) y en varias Sub-categorías:


• Doce partículas elementales llamadas ligeras clasificadas en tres grandes familias: la familia de los leptones a la cual pertenecen el electrón y los neutrinos, la familia de los quarks, y la familia de los bolsones vistos como soportes de las fuerzas entre partículas y de la cual forman parte, por ejemplo, los fotones de luz. • Partículas más pesadas que aglomeran a estas partículas elementales, más de una veintena catalogada hasta hoy: es la familia de los hadrones a la cual pertenecen, por ejemplo, los protones y neutrones de los núcleos de los átomos. Así, los protones y neutrones están compuestos cada uno por tres quarks cuya cohesión está asegurada por los bolsones llamados con razón y poéticamente ¡gluones! (*) Los electrones se asocian entonces con estos protones y neutrones, que gravitan alrededor de ellos para formar la estructura atómica en la gran diversidad de combinaciones posibles. Luego estos átomos, idénticos o diferentes, se aglutinan entre sí para formar moléculas o cadenas de moléculas. Éstas pueden combinarse entonces para formar estructuras más complejas. Y así sucesivamente... En cuanto a las fuerzas fundamentales del Universo que hacen interactuar entre ellas a todas estas partículas (y aglomerados), hay que precisar que se limitan simplemente al número de cuatro, según la visión científica actual: • La fuerza de gravitación que se ejerce sobre todas las partículas proporcionalmente a su masa. • La fuerza electromagnética que se ejerce sobre las partículas cargadas eléctricamente. • La fuerza nuclear llamada débil que es responsable de la radioactividad • La fuerza nuclear llamada fuerte que se ejerce entre los quarks y que asegura la cohesión del núcleo atómico. A semejanza, infelizmente, de la bomba atómica, es esta fuerza la que puede liberar una energía inconmensurable por medio de la fisión. Lejos de ser la palabra final, y a veces criticado por defectos manifiestos, este famoso “Modelo Estándar”, representa sin embargo al día de hoy, la descripción íntima más “satisfactoria” de la materia dentro de la visión materialista de la ciencia llamada moderna. Ha permitido explicar los resultados de numerosos experimentos y predecir con exactitud una gran variedad de fenómenos. Las extensiones más recientes del “Modelo Estándar” vienen a completarlo hoy con algunas teorías tan audaces como inverificables, como la teoría de las súper-cuerdas cuyo fin último es la búsqueda,


desde hace treinta y cinco años, de una armonización en un gran “todo” de las teorías existentes, principalmente la relatividad general y la mecánica cuántica, que siempre ha costado trabajo conciliar para explicar al mismo tiempo lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande. La teoría de las súper-cuerdas prevé, entre otras cosas, que las partículas elementales habrían surgido de las vibraciones de cuerdas microscópicas; más adelante veremos que esta hipótesis puede adquirir una resonancia particular respecto a una reflexión que deriva de las palabras de los espíritus. ¡Todo eso está muy bien! ¡Claro! Sí, pero, ¿y qué más? Pero, ¿dónde se esconde el espíritu entonces? ¿Dónde está lo espiritual, dentro de este hermoso y oscuro conjunto de ladrillos, partículas y fuerzas diversas? ¿Y si la solución a los problemas fundamentales de los científicos, mayoritariamente sustentados en el seno de la ciencia materialista, residiera justamente en la consideración de otra “fuerza”, la de lo espiritual, la de la divinidad, que asocia inteligencia y sentimiento, en la definición de una suerte de “partícula” pensante y activa que engendra esta organización tan coherente y tan armoniosa, de la materia?

Sueño magnético de Max Planck A mediados de los años ‘80, varios espíritus, físicos del más allá, que habían estudiado la física en la Tierra y que siguen trabajándola en el más allá, se manifestaron en nuestras sesiones espíritas para aportar algunos elementos de comprensión sobre la materia, justo a nuestro alcance de profanos no científicos. A partir de nociones científicas conocidas, han integrado la noción de lo espiritual dentro de una reflexión ampliada, que desde ahora es la suya en el más allá, gracias a su nuevo estatus como espíritus liberados de la encarnación. ¿Cómo interactúa el espíritu? ¿Cuál es el papel de las partículas? ¿Cómo opera el vínculo energético entre espíritu y materia, y de qué naturaleza es? ¿Y qué consecuencias morales y filosóficas se extraen finalmente de esta construcción armoniosa de la materia? El físico alemán Max Planck fue uno de ellos y ha aquí cuáles fueron sus palabras en un mensaje recibido por sueño magnético el 13 de octubre de 1986: “Mi búsqueda es un poco comparable a la música de mi compatriota Schubert. Es una sinfonía inacabada. Soy feliz porque ahora otros, en la Tierra, han podido tomar el relevo de la física. Algunos meses antes de mi muerte, yo había presentido las consecuencias de esta búsqueda. Había supuesto que no podía conducir sino a una sola conclusión, la de la realidad espiritual integrada al Universo.


La investigación física ha consistido en definir la energía radiante comparable a la materia, es decir de estructuras discontinuas. La materia es el resultado de un aglomerado atómico. La energía radiante es el resultado de un aglomerado de granos energéticos. Lo que yo, físico, llamo energía radiante, es comparable a la estructura de vuestro doble periespiritual, este doble es un doble energético que irradia. Está constituido por un aglomerado de granos energéticos. Cada partícula que compone la estructura del conjunto periespiritual es una partícula pensante y activa. Cuando en su tiempo, en su Libro de los Espíritus, Allan Kardec hablaba del fluido vital, ya había presentado en detalle todo lo que yo mismo y otros, más tarde, intuiríamos en nuestro recorrido científico, a saber, la existencia de una estructura infinita y organizada a nivel de la materia etérea, a saber, la realidad de la energía. La vida es el resultado de una explosión. Esta explosión misma corresponde a una extraordinaria fuente de pensamiento. Esta fuente de pensamiento comprende a la vez la inteligencia y el sentimiento, inteligencia y sentimiento universales, que el hombre intuye pero que no comprende. Es lo que en general él denomina Dios. En efecto, este sentimiento y esta inteligencia pueden asimilarse a una explosión permanente. Esta explosión de naturaleza energética da nacimiento inmediatamente a cientos de miles de millones de partículas de energía. Si esas partículas son el resultado de esta explosión inteligente y amorosa, contienen entonces el pensamiento y el sentimiento por cada una de ellas. Sin embargo, no son autónomas: es indispensable considerar la partícula energética como que no puede expresarse en forma autónoma. La partícula es llevada naturalmente a formar un cuerpo completo. El quanta es comparable a la hormiga, no puede tener existencia real y razonada sino a nivel del conjunto. Sola no es nada, dentro del grupo se convierte en todo. El grupo mismo se estructura inteligentemente, eso es evidente pues su fuente es inteligente. Es así como las energías del espacio no se dispersan al azar sino que se estructuran. La ley de programación perpetua, eterna, se multiplica al infinito. Entonces los cuerpos se afinan y las energías se transforman, lo cual aún no ha sido probado a nivel de la investigación física. El descubrimiento del quark es de gran importancia pero no es suficiente, pues en la subdivisión del estado de la materia, los hombres de hoy no siempre han comprendido, sino admitido, la realidad del comportamiento inteligente del electrón. La física de los quantas no puede sino aportar al hombre la respuesta que busca, quizás inconscientemente, es decir la de Dios, la de su espíritu, la de su supervivencia. Lo que es necesario decir en este mensaje, es que el periespiritu es


un cuerpo energético compuesto de miles de millones de partículas pensantes que no pueden, a nivel de la unidad, pensar por sí mismas, pero que se convierten en inteligencia dentro del aglomerado que da nacimiento a ese mismo cuerpo. No hay manifestación inteligente posible en el interior del mundo físico sin la existencia de estos cuerpos energéticos, tanto a nivel de la naturaleza humana como de la naturaleza animal, vegetal y, añadiré, mineral. Muy ciertamente, en los años por venir, la física cuántica va a encontrarse frente a este problema fundamental de la esencia espiritual de toda manifestación energética. He allí, una vez más, que la mentira intervendrá, si no es que interviene ya, pero sucede también que ciertos físicos, sinceros e inteligentes, tendrán el coraje de tomar la palabra. Vosotros ya que sabéis, que habéis vislumbrado estas cosas, estad allí para ayudarles, estad allí para responderles, pero también para escucharles. Desde el mundo de los Espíritus, somos numerosos, muy numerosos, los que queremos influir sobre todos los hombres que investigan en la Tierra actualmente. Nuestra influencia es limitada. Se limita a la moral de los que investigan en el planeta. Se limita a su propia libertad. Comparativamente al extraordinario descubrimiento de la presencia del espíritu en toda forma de materia, mi espíritu está inquieto por la posible utilización de la energía radiante. ¿Sería posible utilizar estas partículas para constituir, no periespiritu como se constituyen ellos naturalmente, sino quizás bolas energéticas capaces de destruir? Es lo que piensan ya algunos de mis colegas todavía vivos en ese globo. Hasta luego”. Materia viviente y materia inerte: un origen y una estructura idénticos M. Planck aborda ya la noción del doble energético muy bien conocido en espiritismo para describir ese vínculo entre el espíritu y la materia, entre el espíritu y la envoltura física, y que Allan Kardec había llamado “periespiritu”. Recordando que este doble tiene el carácter de una energía (la que ya Allan Kardec había llamado fluido vital, pues este periespiritu también es creado a partir de ese fluido en tanto que energía radiante en el Universo), él afirma que esta energía es de naturaleza semejante a la materia. En eso, responde pues a las características y propiedades de la materia dentro de una organización estructurada de partículas llamadas energéticas. Entonces constatamos ya una similitud, una coherencia, una armonía, en la composición misma de lo que se refiere al mundo de la materia y lo que se refiere al mundo de lo etéreo. El espiritismo corrobora la existencia de una fuerza inconmensurable, en el origen de todas las cosas, en un incesante e infinito proceso creativo, y al que se denomina Dios.


Esta fuente creadora es una extraordinaria fuente de pensamiento, definida por una inteligencia y un sentimiento que generan esta explosión mencionada por M. Planck, en todos los puntos, lugares y direcciones del Universo. Ahora bien, los Espíritus siempre han afirmado el carácter vibratorio y ondulatorio del pensamiento, cuando se transmite y se exterioriza, eso es válido a nivel de lo humano para el pensamiento emitido por el espíritu, y sin duda alguna puede trasladar al pensamiento creador hasta el nivel de la fuerza divina. Tenemos pues la situación de algo vibratorio, el pensamiento, que crea las partículas, en este caso energéticas: ¿osaríamos decir que, en otras palabras, encontramos una manifiesta analogía con la famosa teoría antes citada de las súper-cuerdas? Por supuesto, aún hay mucho camino que andar para establecer el vínculo, pero reconozcámoslo, ¡hay una asombrosa similitud! Esta explosión energética impulsa sin cesar partículas energéticas que llevan en sí los atributos de su creador, a saber la inteligencia y el sentimiento. Por definición, esa inteligencia y ese sentimiento llevarán a esas partículas a estructurarse inteligentemente por medio de un proceso de programación eterna para dar nacimiento a cuerpos que llevarán en ellos la inteligencia y el sentimiento, es decir finalmente, la vida. Volvamos a esta estructura idéntica de las partículas entre el mundo de la materia y el mundo de lo viviente. Marie Curie, en un mensaje recibido en escritura el 22 de octubre de 1985, deducía de ello la conclusión natural de que la materia inerte tenía entonces la misma paternidad, la misma fuente original y espiritual, en el origen de la vida, que la materia energética, pues la organización íntima y coherente de esas materias es idéntica: “La materia viviente y la materia inerte responden a la misma estructura, afirmo pues que el mineral está habitado por el pensamiento creador, por el acto divino. Entre el polvo y la roca, no hay ninguna diferencia de estructura, entre el polvo y el hombre, tampoco. La materia nace de lo que el espíritu ha querido que ella llegue a ser. En el plano espiritual, cada ser humano es consecuencia de una voluntad divina, en su historia espiritual y en su génesis cósmica, cada ser humano es una emanación del pensamiento divino. Al principio, el individuo no existía como tal. Nacido de un pensamiento, se volvió un átomo espiritual para convertirse finalmente en un espíritu. Para emprender un proceso evolutivo, el espíritu no podía permanecer solo en el espacio, penetró pues el fluido universal para dar nacimiento a la materia periespiritual, herramienta indispensable para la encarnación”. Todo lo que compone lo visible y lo invisible, lo material o lo etéreo, a nuestro nivel y en la infinidad del


Universo, proviene de un impulso divino, porta en su esencia la inteligencia y el sentimiento de ese soplo original, y se estructura dentro de lo infinitamente pequeño en una organización coherente de partículas.

Nada al azar Las consecuencias de esta similitud son de un alcance extraordinario para aquel que acepte los caminos hacia los que su reflexión y su análisis pueden llevarlo, a saber, el físico en particular y más en general el científico. Le conviene admitir que nada ha podido hacerse por azar, que la vida misma no ha venido de la suerte de un improbable ensamblaje molecular; que todo, tanto la materia que nos rodea, nuestros cuerpos, como también el Universo entero, nuestra conciencia, el espíritu mismo que transmite la vida al cuerpo por medio de la energía periespiritual, es de origen espiritual y divino. Eso significa también, para este científico, que la vida no puede venir de la sola materia inerte y, si sabe estudiar sus estados más íntimos a nivel de las partículas que la componen, no puede sino deducir de ello una construcción consciente e inteligente. Y entonces, esta investigación fundamental debe terminar naturalmente en la demostración del espíritu que insufla la vida en su manifestación tangible más íntima a nivel de la materia. Aun sin darse cuenta, parece pues que finalmente el físico puede, o podría, llegar al espíritu en sus peregrinaciones cuánticas. Es lo que nos aseveraba el matemático y físico sueco Janne Rydberg en un mensaje recibido el 21 de enero de 1984 por incorporación: “No existe diferencia fundamental entre el estado de la materia y el estado del espíritu. La vibración particular en estos estados simplemente acentúa la apariencia de diferencia; lo que se ha convenido en llamar materia sigue siendo el espíritu detenido. Allí, se debe establecer el conocimiento de la materia corpuscular. El hombre debe conocer la llamada materia en sus estados más ínfimos, los más sutiles, los más etéreos. Es allí a donde el físico dirige sabiamente su investigación, es allí donde no puede concluir en la inercia de la llamada materia, es allí donde en su reflexión no puede sino considerar la elaboración progresiva, consciente, inteligente y sutil, de las partículas en la participación del nacimiento de los órganos constituidos”. Uno de los mayores misterios del conocimiento humano actual, el del origen de la vida, encuentra así su resolución dentro de una explicación y un origen de orden espiritual.


El espíritu a nivel de las partículas Partiendo de la comprobación de una fuente y una presencia de lo espiritual al nivel más íntimo de la materia, ya sea ésta de naturaleza inerte o de naturaleza viviente, etérea o energética; la cuestión que se plantea entonces es saber cuál puede ser el papel de las partículas y por cuál intervención se opera la acción de lo espiritual, del pensamiento, sobre esas mismas partículas. El mensaje de M. Planck ya nos ilustra un poco sobre este punto, cuando sostiene el comportamiento inteligente del electrón. Otras palabras de los Espíritus nos habían recordado la afirmación de que el electrón parecía tener un lugar particular dentro del fenómeno, que permite al espíritu actuar sobre la materia a través del periespiritu. Gabriel Delanne, que aportó mucho al espiritismo dentro de su enfoque científico, nos dio también la siguiente reflexión en un mensaje recibido en incorporación el 25 de marzo de 1992: “En cuanto al electrón, con el cual fantasea al científico, es cierto que animado, penetrado por la energía periespiritual, el electrón no puede responder sino a un solo comando, a una sola dirección, la del espíritu que habita el cuerpo, que equilibra el cuerpo, que estructura el cuerpo; la del espíritu sin el cual no existiría el cuerpo, sin el cual no existiría el electrón”. La pregunta sobre el papel de las partículas más conocidas, a saber, los neutrones, los protones, los electrones y los quarks, en el interior del átomo, fue planteada de manera más explícita a los Espíritus. Al respecto, Paul Langevin aporta la siguiente respuesta (mensaje en escritura del 3 de junio de 1985): “El papel de los protones, los electrones y los quarks es conducir la energía del fluido universal dentro de los componentes de la materia. La materia, en su apariencia viva y tangible, se subdivide según esos mismos elementos que, sin embargo, no conocerían el movimiento si no existiera el fluido vital y, en su origen, el espíritu. Por consiguiente, cada partícula de materia está animada por el espíritu, y si bien, no se puede decir que el espíritu exista a nivel de estas partículas, sin embargo sí puede decirse que su proyección, su emanación, existe a nivel de cada célula. La materia inerte vive según este mismo principio. Sus moléculas de base están penetradas por la energía del pensamiento. El físico no puede comprender totalmente el comportamiento vibratorio de los neutrones, protones, electrones y quarks si no admite una presencia energética de naturaleza espiritual en esos mismos elementos”. Las partículas aquí citadas son pues agentes mediadores por medio de los cuales la energía vital surgida de un pensamiento espiritual actúa y vibra sobre la materia.


Las características físicas de las partículas, sus formas de vibración, sus interacciones de unas respecto a las otras, no son pues sino la trasposición, o manifestación, del pensamiento al nivel más íntimo de la estructura de la materia. Y esa trasposición puede impregnar las partículas, los átomos, las moléculas y los órganos constituidos, del mismo pensamiento que ha estado en su origen: el recuerdo y el reflejo de ese pensamiento espiritual, se inscriben entonces para siempre en la materia. La extensión de esta reflexión da una explicación, por ejemplo, al carácter preservador de la materia inerte, que puede descubrirse por medio de la facultad de la psicometría. Así, la historia de un objeto puede revelarse a una persona que posea esa facultad de clarividencia sobre la materia por el hecho de que ese objeto habrá sido penetrado por los fluidos cercanos, las vibraciones ambientales en las que se haya sumergido, registrando así situaciones, eventos, o ambientes. El “Modelo Estándar” de los científicos nos habla de la existencia de los bolsones, estas partículas, que son los agentes, los soportes o los mediadores de los campos de fuerzas, que hacen actuar a unas partículas con relación a otras. Formulemos una hipótesis: ¿sería posible afirmar aquí que, sin saberlo, algunos de estos bolsones pudieran aparecer como las partículas del pensamiento o, dicho de otra manera, que si el pensamiento pudiera ser objetivado por una partícula, entraría entonces fácilmente en la familia de los bolsones? Vibración de un pensamiento creador que crea partículas, vibración del pensamiento que impregna con su energía las partículas de materia inerte; es interesante precisar que en física siempre ha existido esta dualidad, incluso rivalidad, entre las nociones de vibración y de onda y las nociones de partícula o de corpúsculo. Esta dualidad ondacorpúsculo es un principio admitido definitivamente en la ciencia, que a nivel microscópico, todos los elementos presentan simultáneamente propiedades de ondas y de partículas, aunque a veces esos caracteres aparezcan como antinómicos. Por otra parte, este concepto forma parte de los fundamentos de la mecánica cuántica. Así, a título de ejemplo, desde los trabajos de Einstein se admite comúnmente que la luz ostenta todas las características de una onda vibratoria, pero que está compuesta de fotones que son partículas muy definidas.

El porvenir de la física de las partículas Sea como sea, probablemente a despecho de respuestas aún incompletas, se comprueba que todavía hay muchas investigaciones que hacer, muchas reflexiones


que producir, muchas hipótesis que formular y resultados por conseguir, para ir hasta el final del conocimiento del Universo en un sentido amplio, tanto en su manifestación material como en su manifestación espiritual. Para ello, es preciso ir hasta lo más recóndito de la materia para llegar al punto de convergencia o de contacto, al nivel más ínfimo donde ocurre la interacción entre las partículas elementales y las partículas energéticas de carácter espiritual. Pero también se comprueba que, finalmente, el mundo científico no está demasiado lejos de ello. Analogía entre las súper-cuerdas y la vibración del pensamiento que crea partículas energéticas, partículas pensantes y activas, de comportamiento semejante al de los bolsones: comprobamos que el poco camino recorrido por nuestra reflexión, a partir de los conocimientos científicos actuales por una parte, y las enseñanzas aportadas por el más allá por la otra, nos hace converger siempre en la misma dirección. Así es probable que los descubrimientos actuales ingresen ya, sin saberlo y sin formular la noción de espíritu o de estas partículas energéticas vinculadas con lo espiritual: en el “Modelo Estándar”, las partículas sin masa y sin realidad material aparente, pero cuyas demostraciones implican su existencia, se conviven con las partículas materiales más conocidas que componen la materia inerte. Así, todas estas teorías parecen venir a rozar de cerca una consideración natural y evidente de lo espiritual y del espíritu sin nombrarlo. ¿Basta entonces con abrir los ojos? Es evidente que, para que la investigación progrese, los científicos y los físicos deben salir ya del corsé de una visión atea y materialista que les imponen su formación universitaria y los organismos en que trabajan. Una apertura y una reflexión hacia la espiritualidad que se abriera al corazón y la razón, podría por una parte revolucionar la manera de abordar estos temas y por otra obtener resultados absolutamente benéficos para el porvenir de los hombres. Es un asunto de estado de ánimo, un asunto de conciencia, de aceptación, de coraje y también de humildad, todo a la vez. No obstante, parece que aquí o allá comienza progresivamente a hacerse una extrapolación espiritualista de la ciencia, para considerar lo presumible y que ya nosotros, como espíritas, damos por sentado: la existencia del espíritu. Por ejemplo, ciertos astrofísicos conocidos hoy, ante la armonía del Universo, su coherencia, su perfección y también su belleza, no se esconden para abordar la idea de un origen extra-normal, como es la noción de una suerte de Gran Arquitecto, luego de afirmar ciertas convicciones de orden espiritual a título más personal. Trinh Xuan Thuan, renombrado astrofísico vietnamita, y también budista, aparece como uno de ellos. Salimos allí de las probetas y las ecuaciones para ir al terreno de lo


filosófico y lo metafísico, pero sin que ello interfiera en la investigación fundamental oficial y sus complicadas consideraciones matemáticas. “Las matemáticas son el lenguaje de Dios” había dicho Isaac Newton… Citemos también, en particular, a cierto Emmanuel Ransford, epistemólogo francés y especialista en física cuántica, todavía poco conocido pero que desde hace años se interroga sobre los vínculos entre conciencia y materia. Propone el término holomateria (que también denomina psicomateria), síntesis que añade a la materia ordinaria que la ciencia cree inerte y pasiva, un componente inmaterial, una dimensión invisible —pero de efectos perfectamente localizables—. A partir de esta idea de holomateria, y apoyándose en recientes descubrimientos relativos al quanta y al electrón, reinterpreta las muy extrañas propiedades de las partículas, llegando a proponer un nuevo modo de abordar y comprender el cerebro consciente y los misterios de la psique. He aquí sus palabras: “El mundo de los objetos palpables no está hecho sólo de materia. Contiene una dimensión invisible pero esencial, que actúa en él y encierra varios secretos que escapan aún a la ciencia: el de la naturaleza del electrón, el de la naturaleza del espíritu y el del más allá”. ¡Es interesantísimo! a la luz de nuestros mensajes espíritas, recibidos hace ya cerca de treinta años. Él ha escrito muchas obras como La Nueva Física del espíritu, Las Raíces Físicas del Espíritu y los Quanta, Lo Invisible y el Más Allá, que acaba de salir.

Cuando la ciencia llegue al espíritu Entonces hay una cierta esperanza de un vínculo entre la ciencia y el espíritu, esperanza estimulada por los Espíritus del más allá, físicos de ayer que han participado en todo eso y que tratan de influenciar a estos investigadores encarnados de hoy, para que vayan en el sentido del tan esperado reconocimiento del espíritu a nivel de la estructura atómica de la materia. Y en las tentativas de estos Espíritus esa esperanza siempre está relacionada con una preocupación de orden humanista, que no puede separarse de lo espiritual en la medida en que esa investigación debe saber aliar la sabiduría, la razón y también la prudencia, en la dirección a seguir. Esto a fin de respetar al hombre y a la vida, para desarrollar siempre una ciencia que esté al servicio del hombre, y más generalmente dentro del sentido de la paz y la fraternidad, para beneficio de la humanidad entera. P. Langevin o A. Einstein ya lo habían comprendido muy bien cuando vivían, por ciertos compromisos humanistas, tal como estas palabras de Einstein: “El problema hoy no es la energía atómica, sino el corazón de los hombres”.


Para ilustrar esta esperanza, dejemos concluir al espíritu J. Rydberg: “Quiero ser para ustedes una infinita fuente de conocimiento, la suma de la ciencia y el espíritu, la fuerza desencarnada que debe establecer la síntesis entre la materia y el espíritu. El físico, en la Tierra, realiza progresos gigantescos. Su perpetua investigación del estado más ínfimo de la partícula, lo lleva a una reflexión diferente, nueva, cercana a la reflexión del cristiano. Descubrir la idea de Dios en la energía de la vida, en su movimiento, en sus diferentes formas, se convertirá en el propósito futuro de los físicos. Ya han vislumbrado la presencia de una fuerza creadora, fuente de organización y de construcción armoniosa en la conducta de los elementos que ellos observan. Pronto la idea del quark será superada. Cada vez más lejos, el físico podrá observar el comportamiento de la naturaleza doble, quiero decir de la energía preexistente a la materia organizada, quiero decir de la energía periespiritual. El difuso vínculo entre el espíritu y el estado más ínfimo de la estructura física de los átomos será descubierto. Puesto al día su mecanismo, imagino ya los evidentes conflictos por surgir entre las escuelas del porvenir, que entrarán progresivamente en la reflexión metafísica y las del pasado de las conciencias detenidas que en teoría rechazan la sola idea del espíritu. La materia recibe en forma directa la orden del pensamiento y del sentimiento, atributo esencial del espíritu. La investigación y el estudio del estado más íntimo llevan al descubrimiento del estado más íntimo. El que estudia la materia con frecuencia estudia el espíritu sin siquiera darse cuenta. El que siga afincado en esa misma investigación descubrirá la existencia del espíritu. ¿Será afirmada por el hombre de ciencia la amorosa sutileza de la vibración eterica, en correlación con la naturaleza de sus espíritus? He aquí nuestra aspiración, he aquí nuestro deseo. Que el físico pueda realizar progresivamente el indispensable estudio para poder establecer la certeza tan buscada, tan solicitada por la naturaleza misma del hombre, que de manera consciente o inconsciente aspira al sentido mismo de su eternidad. Ciencia, te convertirás en fuente de libertad pues te convertirás en la demostración misma del espíritu”. En 2002 habrían sido descubiertos trabajos inéditos de A. Einstein, en una de sus antiguas residencias norteamericanas. Puestos al día y siempre pendientes de estudio, estos documentos contendrían especialmente un ensayo de unas sesenta páginas que demuestran la existencia de Dios desde un punto de vista matemático. ¿Para cuándo la reconciliación entre la ciencia y lo espiritual?


Extraído de :LE JOURNAL SPIRITE N° 92 ABRIL 2013


De la materia a lo espiritual (etienne berthaut)