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Cuidar el cuerpo y el espĂ­ritu Mercedes Cruz La vida en el cuerpo se presenta bajo variados aspectos, que constituyen siempre

esa

su

realidad

realidad

existencial.

significa

el

Sin

embargo,

legitimo

vivir,

no el

expresarse con seguridad, el disfrutar plenamente la oportunidad y avanzar jubilosamente, sin remordimientos que resultan del pasado, ni ansiedades que marcan las ambiciones del futuro. Una existencia feliz no es, necesariamente, aquella que es breve o larga, sino aquella que se transforma en mensaje de alegrĂ­a y bienestar para la propia persona, asĂ­ como para


todos aquellos que la rodean. Cada existencia es un mensaje, cuyo contenido debe ser positivo, de forma que dignifique a otras, enriqueciéndolas de esperanzas. La enfermedad, los problemas, no son aspectos de infelicidad, sino convites del organismo y de la vida, para decir que es necesario estar lucido y consciente. Por eso mismo, la muerte no es un fracaso de la vida, sino una nueva admirable experiencia. El ser sicológicamente maduro sabe discernir cuales son los valores auténticos, para su realización y aquellos que apenas se presentan como indumentaria transitoria para el elenco de los movimientos existenciales. El desarrollo del ser en cada aspecto, es lento, pasando de una fase a otra, sin marcas inquietantes de in saciedad, de manera que en el próximo estadio se viva con las manifestaciones del anterior, de aquel que ya deberá estar superado

y

consolidado

en

los

cimientos

de

la

individualidad. Sin embargo, cada individuo alcanza la plataforma de la madurez

por

medio

de

diversas

experiencias.

Unos

consiguen crecer bajo el estimulo de los ideales y de las aspiraciones que guardan interiormente; otros lo hacen bajo la inspiración de la belleza, que se exterioriza en las artes, en la literatura, en la cultura general; muchos son atraídos por la tecnología y los diferentes recursos de las modernas conquistas; innumerables son conducidos por el amor, por la necesidad de fraternidad que cultivan con acrecentado cariño; entretanto,


La gran mayoría, es impulsada por el sufrimiento, ultima alternativa para el desarrollo de los recursos internos que dormitan en su íntimo. No

obstante,

no

hay

nadie

que

este

impedido

para

desarrollar su ser superior, oprimido momentáneamente por los peligrosos adversarios de sí mismo, que son el primitivismo, la ignorancia, el egoísmo y todo su sequito sórdido. El

ser

humano

sigue

un

destino

grandioso:

la

auto

realización total, bajo la atracción del Pensamiento Divino que todo lo invade y domina. Su origen trascendental lo lleva

ineludiblemente

a

su

Casualidad

Superior.

No

obstante, en cuanto no se da cuenta de ese obstinado destino,

transita

en

un

círculo

de

estrecho

ámbito

emocional, sin que la fuerza de atracción de la Vida le produzca cualquier influencia. Son valiosos todos los aspectos diferentes de la vida, durante la existencia física que deben ser experimentados de forma total. La vejez se torno antológica en el ser, este la considera como decadencia, amargura, soledad, dolencia y muerte, es la visión de la inmadurez psicológica. Para el ser, vivir es abrigar sueños permanentemente juveniles, sensaciones embrutecedoras y de efecto rápido, pasando de una hacia otra entre insatisfacciones y conflictos íntimos. La juventud, dígase con claridad no es solamente un estado biológico,

atinente

a

determinada

faja

estaría.

Sino

también todo el periodo en que se puede amar y sentir,


esperar y vivir, construir y experimentar necesidades nuevas y edificantes. El periodo juvenil, limitado entre la infancia y la edad de la razón, es de mucha significación para el desarrollo real del individuo, porque abre los espacios existenciales para el aprendizaje, fijación de los conocimientos, ansiedades de conquistas y realizaciones, en un calidoscopio fascinante. Es también, el periodo de la inmadurez, del desperdicio de oportunidades,

porque

todo

parece

tan

distante

y

abundante, que los perjuicios de tiempo y producción no tienen un significado profundo, dando nacimiento a futuros conflictos que necesitan ser vencidos. Sin embargo, es joven todo aquel que aspira a los ideales de ennoblecimiento

humano,

no

importando

el

periodo

existencial por el cual esté transitando. Manteniendo la capacidad de realizar y realizarse, de producir y multiplicar, de renovar y renovarse, disfruta del largo plazo de la juventud real. La vejez se presenta cuando el individuo se considera inútil, cuando

experimenta

el

desprestigio

de

la

sociedad

preconceptuosa, que elaboro juicios de vida en patrones torpemente materialistas, hedonistas. La ciencia médica está comprobando a cada instante que los periodos de la vida son ricos en oportunidades para aprender, para crecer y desarrollar la capacidad de la fijación de los valores humanos. Los conceptos ortodoxos de los límites para el inicio de la vejez, cuando surgen las señales de decadencia orgánica, están totalmente, están totalmente superados.


En ese contexto, la mente es un factor importante que genera energías incesantes, en uno y otro sentido, de forma positiva o destructiva y en cuanto se puede pensar con autoestima y confianza, los límites impuestos por la edad desaparecen, para facilitar la continuación de la existencia enriquecedora. Así también, cuando el joven se deja abatir y pasa a pensar destructivamente, se encarcela en las mazmorras de la decadencia psicológica y se degrada. El

cerebro,

que

antes

era

poco

identificado

en

sus

incomparables producciones, como la mayor glándula del cuerpo humano, hoy es conocido como un extraordinario y nada común conjunto armónico de setenta y cinco a cien billones de neuronas en circuito especializado y complejo, como la más notable computadora que la mente aun no puede concebir. Sus encimas, cerebrinas, globulinas y otras secreciones comandan las reacciones de todo el cuerpo, trabajando por la vida física y psíquica. Sin embargo, esa mente no es el fruto de la propia elaboración, procediendo de una fuente

generadora que lo antecede y sucede al

proceso del conjunto natural. Pesando en promedio, un kilo y

trescientos

gramos,

absorbe

oxigeno

en

cantidad

importante, es decir, el veinte por ciento de todo aquel que necesita el cuerpo total.


Cuando ocurre la muerte de cada célula nerviosa y la mente trabaja, investiga y se esfuerza para mantener los equipos

en

orden,

se

amplia,

transformando

sus

extremidades en árboles (demeritas), que facilitan el flujo de las informaciones, sin ninguna solución de continuidad, produciendo

las

maravillosas

sinapsis

(contactos)

electroquímicas, que mantienen todo el equilibrio de él mismo y del organismo en general. A semejanza de los músculos que, al no ser activados por el ejercicio, tienden a la fragilidad, a la flacidez, cuando no es movilizado por las energías mentales renovadoras, pierde las posibilidades de producción, porque, al morir células nerviosas, las restantes, sin nuevos estímulos no se amplían , fallando en la transmisión de mensajes que les cabe registrar, encaminar y responder. Durante milenios permaneció casi desconsiderado por la Ciencia,

habiendo

sido

estudiado

y

descubierto,

prácticamente por Gall, médico y anatomista, padre de la Frenología, como Lamark lo fue del transformismo. Hasta entonces, los conceptos se dividían entre los filósofos, los padres de la Medicina y de la Patristica religiosa, con sus supersticiones y conceptos ultramontanos. Pasando por extraordinarios estudiosos, entre muchos otros citaremos a Cabanis y Broca, la sonda de la investigación fue

penetrando

la

masa

grisácea

y

descifrando

protuberancias, que hoy nos dan una idea

sus

aunque muy

imperfecta de su mundo de infinitas informaciones aun por detectar.


Por tanto, en él están las disposiciones de la juventud y de la vejez, dependiendo sobretodo de la mente que lo vitaliza y lo moviliza, que lo acciona y mantiene. Muchos creen que vejez es señal de pérdida de memoria, de deterioro del raciocinio, del desequilibrio de las emociones... Sin dudas, con el suceder de los años, la maquinaria orgánica sufre el desgaste y seguramente, disminuye la capacidad

de

producción

y

eficiencia

de

resultados.

Entretanto, la pérdida de memoria no es el síntoma exclusivo del envejecimiento, por cuantos muchos factores contribuyen para ese acontecimiento en cualquier edad, como las enfermedades sutiles, tales como las infecciones urinarias,

las

intoxicaciones

por

medicamentos,

la

depresión, etc. Lo importante es el estado psíquico del individuo, quien le determina cual es la fase en que se encuentra y le agrada permanecer; si en la juventud que se prolonga o en la vejez que llega precozmente. La

acción

del

trabajo

en

ese

comportamiento,

es

de

extraordinario resultado, posibilitando la prosecución de los deberes, de los estudios, de las búsquedas y realizaciones nuevas, sin fatigas ni justificativas de imposibilidad para crecer y permanecer joven. La humanidad, en general vive en estado de sueño, en letargo, padece de

la enfermedad

más dominante, que es la ignorancia de si, del destino de cada uno, del significado de la existencia. Nos quejamos de la situación en que nos encontramos, pero no

hacemos

casi

nada

para

cambiar

los

factores

degradantes del conjunto social, normalmente presentes en nosotros

mismos,

nos

lamentamos,

por

necesidad

masoquista de inspirar compasión, nos entregamos a los


hechos por comodismo, no esforzándonos realmente, para conseguir superar todo obstáculo aparente que surge como amenaza o impedimento a nuestro progreso. El apóstol Pablo estaba tan seguro del valor del despertar de la conciencia, que en una memorable carta a los Efesios, conforme se encuentra en el capitulo, versículo catorce, con clamo: Despierta tú que duermes, levántate entre los muertos y el Cristo te esclarecerá. Esto es porque, el sueño es una forma de muerte, de desperdicio de la oportunidad educativa,

esclarecedora,

terapéutica,

enriquecedora.

Cuando se está despierto, Jesús lo esclarece, a fin de que avance con arrojo en la búsqueda de su auto identificación. Cuando se está despierto, las conquistas

y encuentros son

internos, resplandecientes y calmos, poderosos como el rayo y suaves como la brisa del amanecer. Estar despierto significa encontrarse construyendo, libre de preconceptos, y de límites, abierto al bien y a la verdad de la que se torna vanguardista y divulgador. La vida es un poema de belleza, cuyos versos están constituidos de propuestas de luz, escritas en la partitura de la Naturaleza, que exalta su presencia en todas partes. El destino de la criatura es la libertad, hacia donde sigue con los ojos puestos en el futuro.


Ser

libre

significa

no

depender,

no

tener

pasado

ni

inquietarse por el futuro, viviendo ampliamente el presente en transporte de paz y alegría. La alegría de vivir es una invitación para una existencia rica

en

producciones

morales,

espirituales,

artísticas,

culturales, estéticas y nobles. El destino de nuestra existencia deja de ser vivir bien, que es una de las metas humanas, para bien vivir, que es una conquista personal intransferible, especial, que jamás se altera o se pierde, fomentando la felicidad y trabajando por la paz que todos aspiran. Narra una historia, que un príncipe chino se enorgullecía de su colección de porcelana, de cuan rara como antigua procedencia, constituida por doce platos resaltados por una gran belleza artística y decorativa. Cierto día, su celador, en un momento infeliz, dejo que se quebrase una de las piezas. Tomando conocimiento del desastre y poseído por la furia, el príncipe condenó a muerte al dedicado servidor, que había sido víctima de una circunstancia fortuita. La noticia tomo cuenta del imperio y en la víspera de la ejecución del desafortunado servidor, se presento un sabio bastante viejo que se comprometió a devolver el orden a la colección. Emocionado, el príncipe reunió a su corte y acepto la ofrenda del venerable anciano. Este solicitó que fuesen colocados todos los platos restantes sobre un mantel de blanquísimo lino, bordado cuidadosamente y que los pedazos de la preciosa porcelana fuesen, esparcidos en torno de la mesa. Atendido en su solicitud, el sabio se acerco a la misma y en un gesto inesperado, tiró del mantel con las preciosas porcelanas, arrojándolas bruscamente


sobre el piso de mármol, rompiéndolas todas. Ante el estupor que domino al soberano y a su corte, muy sereno dijo: _ Ahí están, señor, todas iguales conforme prometí. Ahora podéis mandar a matarme. Dado que esas porcelanas valen más que las vidas y considerando que ya soy viejo y ya viví más allá de lo que debería, me sacrifico en beneficio de los que Irán a morir en el futuro, cuando cada una de esas piezas fuera quebrada. De esta forma, con mi existencia, pretendo salvar doce vidas, ya que ellas delante de esos objetos, nada valen. Pasado el choque, el príncipe conmovido, libero al anciano y al siervo, comprendiendo que nada hay más precioso que la vida en sí misma y la humana en particular. La vida ofrece las lecciones más severas, invitando a los individuos a la reflexión. Cuando se adquiere madurez psicológica, a pesar de que se preserven los bienes materiales, se valorizan más aquellos que son del Espíritu, de la realidad perenne, expresiones elevadas de la vida. Lo que poseemos de precioso, es la oportunidad de la existencia, ella nos brinda los acontecimientos y conquistas, permaneciendo como patrimonio inalienable del ser en su curso evolutivo. Cuando es lúcido, vive intensamente su momento, cada momento, floreciendo donde se encuentra, sin atormentarse por realizarse en esa o aquella otra parte, creando raíces y desarrollándolas, libre de las imposiciones de la ambición desmedida, de las pasiones perturbadoras, de

las

fijaciones

inquietantes,

abierto

a

las

nuevas


realizaciones que armonizan. De ese modo, nos tornamos parte integrante del Universo, en el cual nos encontramos y donde somos invitados a conquistarlo. Para

conseguir ese estado y aprender las lecciones de la

vida, debemos trabajar interiormente, educarnos, ya que a través

de

esa

contribución

nos

modificamos

y

perfeccionamos, liberándonos de los atavismos perniciosos y de los factores degradantes que aún permanecen en nosotros. La educación es un valioso instrumento para el trabajo de construcción de la persona feliz, que se convierte, a su vez en una lección viva de la vida para los demás, que siguen en la retaguardia Todo individuo enfrenta desafíos para crecer. La propia existencia terrestre es una invitación al esfuerzo. La mejor solución

para

enfrentar

los

problemas

es

intentar

resolverlos en sus fuentes, evitando las actitudes que los postergan, retornándolos más complicados. Lo que no hagamos hoy, seguramente mañana será, más difícil de ser conseguido. Solamente las actitudes correctas, basadas en la honradez y en la lealtad, consiguen zanjar en forma definitiva las dificultades y los

acontecimientos desagradables de la

marcha evolutiva. Vivir la vida es un desafió sublime y realizarlo con sabiduría es una bienaventuranza que se encuentra a disposición de todo aquel que decididamente se resuelve a avanzar, auto superarse y alcanzar la comunión con Dios.


Gracias al valioso concurso de las doctrinas psíquicas en general y de la psicología espirita en particular, existen excelentes contribuciones y se encuentran disponibles para todos aquellos que están sinceramente, interesados en la construcción de una conciencia saludable, de un ser responsable y lucido de una sociedad feliz. Todo depende de cada persona, de su esfuerzo, de su perseverancia y de su acción confiada. Lo que no consigamos en un momento, mediante la sana insistencia, lo alcanzaremos después. No nos encontraríamos encarnados en la tierra, si nuestra existencia física no tuviese una finalidad superior. Somos el producto de un largo proceso de desarrollo de los infinitos valores

que

duermen

aguardando

los

latentes,

medios

dentro

de

propiciatorios

nosotros, para

su

manifestación. Etapa a etapa, paso a paso realizamos progresos que se fijan mediante los hábitos que se incorporan a la individualidad, que resulta de la suma de las vivencias de variadas reencarnaciones. Somos adultos, hemos crecido y casi todos los que nos encontramos aquí encarnados podemos pensar que nuestras realizaciones de ahora en adelante pueden ser pocas. Nos

vamos

haciendo

cómodos,

porque

nos

sentimos

justificados, y sin darnos cuenta dejamos pasar la vida, contemplándola, sin esperar un puesto de trabajo, ya que cada vez podemos menos.


La gente que nos rodea, nos lo hace notar, tratándonos ya de mayores, los primeros suelen ser los hijos. No obstante estas lecciones nos demuestran que no es así, que lo mismo que debemos cuidar el cuerpo, debemos cuidar el alma, y esta puede estar activada y creciendo siempre. Debemos

sentir

la

vida

y

participar

de

ella,

no

contemplándola y con palabras solo pues estas se las lleva el viento, sino con hechos, sin ningún miedo ni temor. Si obramos con conocimiento y guardamos el equilibrio en todas las cosas, no nos dañaran el efecto que estas causen. Hemos de cargar nuestras maletas para que nada nos falte, pero nunca quedemos parados, temiendo lo que nos pueda suceder, siempre la regla del bien por medida, nos lleva a puerto seguro. Si activamos el cuerpo con una vida sana y unos buenos hachos, el organismo nos responderá. Por eso trabajadores de la viña del Señor, activemos nuestros

conocimientos

y

animo

a

la

obra,

no

nos

acomodemos en la silla y en la vida contemplativa, el movimiento espirita nos necesita, colaborar no significa oír la doctrina, es trabajar en ella, enseñarla, divulgarla, compartirla,

tolerar,

estudiar,

perdonar,

olvidar

etc.,

tenemos un amplio campo, ante los jóvenes que nos reemplazan y que siguen nuestros pasos. No dejemos la labor que nos compete a otros más jóvenes, ellos ya tienen la suya. Jóvenes somos, hemos de alargar los arbolitos de nuestro cerebro él es incansable, si nosotros lo activamos el crecerá más deprisa y ira generando vida a todo nuestro alrededor.


------------------extraído del libro VIDA, de Divaldo Pereira---------Trabajo realizado por Merchita, Mercedes Cruz Reyes, miembro fundador del Centro Espirita Amor Fraterno de Alcázar de San Juan Ciudad Real, España

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Cuidar el cuerpo y el espiritu (conferencia) mercedes cruz  

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