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CONCLAMACIÓN Luiz Marini Cuando escucho músicas compuestas para los niños, también recuerdo la época en que fui niño en la Tierra, nacida en un lugar remoto de un “sertão” que después más tarde fue llamado Contestado, por causa del problema que ocurrió en las divisiones de tierras, entre Paraná y Santa Catarina, y esto hizo con que la vida de nuestro pueblo se convirtiese en un infierno a partir de 1912. Cuando niño pude aprovechar la vida jugando en nuestro patio, en los árboles frondosos, en las aguas del río, en los campos verdes. Nuestra vida era así mismo, simple y calma en la bucólica región donde los pinos eran la riqueza mayor de una tierra olvidada por los gobernantes. Nacemos con la misma esperanza de otros niños de tener el corazón infantil seguro en esperanzas de crecer, de ser Espíritu que pudiera, desarrollar una misión en la Tierra. Preferiblemente que esta misión fuese llena de heroísmo y de victorias en las batallas que el mundo nos obligaba a desarrollar.


Dios nos pone en el mundo, en cualquier parte del mundo, con una misión a cumplir y para nosotros no importa el tipo, el lugar, nosotros debemos cumplir con galantería, con fuerza, con dedicación. Y nosotros, que nacemos en el “sertão”, en el medio del bosque, tendríamos también una misión de aprendizaje, porque todo en la vida es aprendizaje, sin embargo, vino la guerra y hizo con que fuésemos llevados a hacer frente a los ejércitos que llegaban para matar, sin piedad y sin clemencia, los colonos que se rebelaron por perder sus tierras para una compañía extranjera. En lugar de escuchar músicas infantiles, en lugar de frecuentar a una escuela, donde podríamos aprender, como se hace hoy en día, fuimos arrancados de nuestras casas y llevados a luchar y, mismo así, nunca desalentamos nuestras fuerzas para realizar bien esta función. Cuando vino la guerra, fuimos obligados a enfrentar la realidad, defender nuestra tierra, que es lo que todos los Espíritus que luchan por la libertad deberían hacer por el mundo, porque todos tenemos el derecho de vivir y ser feliz. Nadie tiene el derecho de matar a su prójimo simplemente para obedecer a las órdenes que llegan de gobernantes a mil kilómetros de distancia. El derecho a la vida y la libertad todos nosotros tenemos y debemos hacer de eso una obligación y luchar con el corazón abierto y lleno de emoción. En la espiritualidad, después de nuestro desencarne, fuimos aprender todas las cosas que la mediúmnidad nos traía en aquella época y que nosotros no sabíamos discernir y ni cómo actuar. Aprendemos, entonces, lo que el Espiritismo había explicado desde 1857, cuando Allan Kardec lanzó el Libro de los Espíritus. Fuimos aprender que debemos luchar por el bien, no acostarse o sentarse a la sombra de un árbol y quedar esperando el tiempo pasar, y dejar que los Espíritus por si mismo evolucionen, aprendan, desarrollen, porque si hicimos eso ellos van retrasar, con seguridad, miles de años para alcanzar la madurez espiritual. Aprendimos que somos responsables por nuestros destinos y también para mejorar el destino de los semejantes, llevándolos para buenos lugares en la espiritualidad donde podrán realizar sus funciones de aprendizaje.


Entonces Dios nos dio la oportunidad de trabajar para hacer con que los Espíritus sufridores pudiesen ser liberados de la esclavitud del mal, que pudiesen renacer para la vida y vivir eternamente en el bien. Nos dio la fuerza para hacer frente a los Espíritus malhechores, guerreros del mal, para que, siendo combatidos, no tengan fuerza para hacer el mal a aquellos que tienen voluntad de crecer con Jesús. Por eso, a partir de nuestro desencarne, es que fuimos aprendiendo con el Dr. Bezerra, con la abuela Maria, que en aquel tiempo era desencarnada y que estaba se preparando para renacer como Maria Daminélli, con muchos de los amigos que aquí están presentes, que era necesario luchar para que los sufridores pudiesen librarse de las ataduras del mal. Entonces empezamos a hacer el trabajo de crear el grupo de los guerreros de la luz que son los Espíritus que caminan con nosotros, por las jornadas por el umbral y por la oscuridad para de allí retirar los que ya tiene posibilitadles de ser llevados para lugares buenos, para recibir tratamiento y empezar la caminada para la luz. Estamos siempre felices en estas obras, porque tenemos una infinidad de amigos que caminan con nosotros y que, con el corazón abierto, cabalgan por los prados por el mundo, para hacer el bien y ayudar a los necesitados. Ayudando a ellos, podemos trabajar para que reencarnen en el futuro y cumplir misión en la Tierra en busca de la mejora espiritual. Nos gustaría de pedir a los amigos que busca caminar con Jesús iluminando sus caminos basados en Su evangelio de luz. Traten de prepararse para comprender cuál es su misión en la Tierra y traten de ayudar a su prójimo en todos los momentos. Esto hará con que alcancen la felicidad en la Tierra y, después, en el mundo espiritual. Piensen en Jesús, hagan aquello que Él nos enseñó, pues eso resultara en felicidad y permitirá que puedan decir mañana: Gracias señor por haber aprendido alguna cosa, por haber hecho el bien, por haber sido útiles mientras estuvimos en la Tierra.


Luiz Marini/Maria Rosa 02/05/12.


Conclamación (luiz mariani)