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COMO ERAN ENCARADOS POR JESUS LOS ENFERMOS DEL CUERPO Y DEL ALMA J. HERCULANO PIRES Libro: El Hombre Nuevo

Actitud cristiana ante el divisionismo de la antigüedad - El ejemplo del apóstol Pablo - Intervención del Cielo para librar a Pedro del sectarismo.

Hay ciertas formas de esclarecimiento que actúan en sentido contrario a las de la intención. En general, son así las tentativas de esclarecimiento contra el Espiritismo. Ahora nos deparamos con una de ellas, que en vez de esclarecer lo que pretende, esclarece otras cosas. Esclarece, por ejemplo, que el Espiritismo se asemeja más al verdadero Cristianismo, que las posiciones asumidas por aquellos que lo condenan. Las actitudes espíritas se encuadran mejor en los principios evangélicos y en el espíritu general de la enseñanza de Cristo. El ejemplo, que en este caso es dado por los adversarios de la doctrina, merece una opinión. Para justificar prohibiciones religiosas de la lectura de obras espíritas, alega un articulista que las personas sanas deben alejarse del contacto con las personas enfermas. Entiende, por eso, que los espíritas pueden leer de todo,


“pues nada tienen que perder”, ni la salud del alma. Y añade, como hacían los fariseos al censurar a Jesús al sentarse a la mesa con publícanos y pecadores: “No son los leprosos quienes deben cuidarse para no volverse leprosos, no son los tuberculosos quienes deben cuidarse para no volverse tuberculosos, sino las personas que tienen salud”. Examinando estos argumentos a la luz de los principios evangélicos, verificamos que están cargados de poderosa herencia anticristiana. Y que revelan gran carencia de comprensión humana, de aquel espíritu de caridad enseñado incesantemente por Jesús. Porque la actitud de Jesús de cara a los leprosos de su tiempo, o aún de los herejes, como vemos en su manera de tratar a los samaritanos no era esa. Por el contrario. En el tiempo de Jesús, los leprosos vivían aislados de la comunidad, alejados de toda la convivencia humana, y eran cuidadosamente evitados por las personas sanas. En ciertos lugares, usaban una especie de matraca; en otros, cascabeles; y en otros, eran obligados a gritar, cuando entraban en una carretera, para que las personas sanas pasaran de largo. Jesús enseñó y ejemplificó lo contrario, escandalizando a los fariseos. Pero con eso consiguió dos cosas extraordinarias: curó a los leprosos y curó la terrible enfermedad del egoísmo y de la pretensión sectaria, de muchos fariseos. En tiempos de Jesús, un judío no podía aproximarse a las personas consideradas impuras, hablar con ellas, y mucho menos hospedarse en sus casas. Jesús, sin embargo, enseñó y mostró, con el ejemplo, que las personas más impuras están a veces más cercanas a Dios que los doctores de la ley. La intolerancia agresiva de los fariseos fue superada por la enseñanza de Jesús, que es universalista, profundamente humana, contraria a los divisionismos sectarios que constituyen la amarga negación del principio del amor. En todo el Evangelio, vemos a Jesús insistir en el tema del amor al prójimo, que Él llega a considerar semejante al amor a Dios. El apóstol Pablo, antes de su encuentro con Jesús camino de Damasco, “respiraba amenazas y muertes”, como dice el Libro de los Hechos, y asolaba con persecuciones terribles a los herejes cristianos, o sea, a los cristianos primitivos, que él consideraba herejes. Pero después que se convirtió al Cristianismo, pasó a enseñar que: “Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo


son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan” (Romanos, 10:12.) Y condenando los excesos de la ley mosaica, y el sectarismo arrogante de los judíos, que se juzgaban hijos únicos de Dios, que decían tener la verdad y la palabra de Dios únicamente con ellos, no prohibía la lectura de los textos contrarios a esa nueva enseñanza. Antes los recomendaba, con estas sabias palabras: “No apaguéis al espíritu, no menospreciéis las escrituras. Examinadlo todo, retened lo que es bueno”. (Tesalonicenses, 5:1921). El cristiano, por lo tanto, no se cierra en su religión, huyendo a los otros, evitándolos y ahuyentándolos de la carretera, por miedo a contaminarse. Esa no fue la lección de Cristo. Esa no fue, tampoco, la lección de Pablo y de los apóstolos. Cuando el apóstol Pedro, en Jope, apegado aún a los formalismos judaicos y a la intolerancia del pueblo electo, podía negarse a atender el llamamiento de Cornelio, que era un centurión romano, un impuro, el propio Cielo se manifiesta para corregirlo, para retirarlo del sectarismo judío y devolverlo a la fraternidad cristiana. Ese bello episodio del Libro de los Hechos, relatado en el Cap. 10, es una página de luz contra el sectarismo antiguo y el moderno. Un ángel manda a Cornelio a buscar Pedro, pero el apóstol podía rechazarse a atenderlo. Entonces, mientras los enviados de Cornelio se dirigen a Jope, Pedro tiene una visión, en la cual una voz le enseña que el concepto judío de pureza estaba errado. Gracias a esa visión, el apóstol Pedro recibe a los enviados, atiende al llamamiento del impuro, del hereje, del demoníaco, del leproso o cosa semejante. Va a la casa de Cornelio, y allá llegando se reúne con los impuros y les declara: “Vosotros bien sabéis que no es lícito a un varón judío juntarse o llegar donde los extranjeros, pero Dios me mostró que a ningún hombre debo llamar impuro”. Luego acentúa el apóstol, en ese mismo capítulo: “Reconozco, en verdad, que Dios no tiene preferencias por personas, sino que le es agradable aquel que, en cualquier nación, obra como es justo”. Tenemos aquí, en este capítulo del Libro de los Hechos, uno de los más bellos episodios espíritas del Nuevo Testamento. Porque los extranjeros reciben el Espíritu, como entonces se decía, y pasan “a hablar lenguas y a loar a Dios”. Pedro, viendo que los Espíritus del Señor, como decimos hoy, se manifestaban a través de los impuros,


de la misma manera que a través de los circuncidados judíos o de los bautizados cristianos, quedó maravillado. En el cap. 11 vemos a Pedro ser llamado por los cristianos que estaban en Jerusalén, aún apegados al sectarismo judío, y explicarles: Me acordé entonces de las palabras del Señor, cuando dijo: “Juan ciertamente bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo”. Como se ve, no fue sin razón que el apóstol Pablo habló de la letra que mata y del espíritu que vivifica. No basta hacerse alguien un especialista en la letra, es preciso que busque, con humildad, ni pretensiones sectarias, la comprensión espiritual.

Como eran encarados por jesus los enfermos del cuerpo y del alma  

COMO ERAN ENCARADOS POR JESÚS LOS ENFERMOS DEL CUERPO Y DEL ALMA. J HERCULANO PIRES

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COMO ERAN ENCARADOS POR JESÚS LOS ENFERMOS DEL CUERPO Y DEL ALMA. J HERCULANO PIRES

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