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“CAUSA Y EFECTO” – UN LEY, MUCHAS HISTORIAS Y DOLOROSOS LLANTOS Jorge Hessen El Airbus A320, de la compañía aérea Germanwings, que cayó en el sudeste de los Alpes franceses, durante un vuelo entre Barcelona, de España, y Düsseldorf, de Alemania, con 144 pasajeros y seis tripulantes a bordo, provoco un sobresalto psíquico de la comunidad internacional. Según el The Weather Channel francés, las condiciones meteorológicas eran buenas en el momento del accidente. Todavía, el copiloto Andreas Lubitz, de 27 años, que sufría de trastornos de ansiedad generalizada (TAG), según informo el jornal francés "Le Parisien”, derrumbó el avión deliberadamente. Todos los actos dantescos precisan tener una explicación lógica y coherente, hasta porque en los Estatutos del Creador no hay espacios para injusticas y categóricamente el acaso es mera ficción, aun mismo cuando los hechos que pierden el norte se nos figuren


incomprensibles. No obstante, la insana actitud suicida de Andreas Lubitz, obviamente estamos ante un evidente acontecimiento de rescate colectivo. De esta forma, el resarcimiento de los débitos pretéritos, el rescate de nuestras acciones opuestas al bien y al amor puede y debe acontecer de diversas formas, hasta aun mismo colectivamente. A rigor, las transgresiones colectivas a las Leyes de Dios deben ser expiadas colectivamente por los mismos personajes que juntos las violaron, y los mentores están siempre trabajando, ayudando a todos nosotros, reuniéndonos en grupos de forma a favorecer la corrección del rumbo, amparándonos y fortaleciéndonos para que nos demos cuenta de aquello a que nos proponemos, además de equilibrarnos para poder auxiliar al otro con nuestros pensamientos positivos. Dolores que burilan a las almas El objetivo de los diversos dolores es “hacernos avanzar más deprisa” [1]. Los desastres colectivos, si observamos bajo el punto de vista espiritual, fundamentando nuestra reflexión en los principios de la Doctrina Espírita , tiene finalidades sanadoras que extraen densas sobrecargas de las mentes culpables y significan la concretización de la justicia integral, pues la Justicia Divina, para el reequilibrio del hombre , recurre a procesos depuradores e liberativos, de que no nos podemos escapar. Pues la función del dolor es ampliar horizontes para realmente que vislumbremos los sólidos caminos amorosos del equilibrio. Muchos de esos “ajustes de cuentas” son demostrados por los Espíritus, en diversas obras de la literatura espírita. André Luiz narra un desastre aéreo, en el que el piloto, confuso por la densa niebla, no consiguió evitar el choque de la gran aeronave, topándose contra la montaña. En este caso, un instructor espiritual comenta que "las víctimas ciertamente cometieran faltas en otras épocas, arrojando a hermanos indefensos desde la parte superior de torres altísimas para que sus cuerpos se aplastasen en el suelo; suicidas que se lanzaron de altos picos o edificios, que por no encontrar recursos de otra forma en tan angustiante episodio para transformar la propia situación". (2)


¿Como entender la magnanimidad de la Bondad de Dios y la enseñanza de Cristo, ante las muertes colectivas, ocurridas en l961, en aquel siniestro incendio del "Gran Circos Norte-Americano", en Niterói? ¿Como comprender los óbitos registrados en el terremoto que afectó a la ciudad histórica de Bam, en Irá, a finales de 2003? ¿Cómo explicar el accidente con el Boeing da Flash Airlines, que ocurrió no Egipto, provocando la muerte de 148 personas que estaban a bordo de aquella aeronave, el 3 de enero de 2004? ¿Cuál es el significado de los que fueron tragados por las aguas del Tsunami, tragedia, cuyas dimensiones dejaron al mundo entero consternado? ¿Qué pensar, aun, sobre el naufragio del Titanic, transatlántico que transportaba cerca de 2.200 personas? ¿Qué decir de las casi 3.000 víctimas provenientes del ataque en las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nova York, el 11 de septiembre de 2001? ¿Cómo interpretar tales episodios y ante los destinos humanos? En la consternación el hombre adquiere experiencia. Para las tragedias colectivas, solamente el Espiritismo tiene las respuestas lógicas, profundas y claras, que explican, esclarecen y, por vía de consecuencia, consuelan a los corazones humanos, ante los resabios amargos de esas situaciones. El hecho es que nosotros creamos la culpa, y nosotros mismos formateamos los procesos para extinguir los efectos. Ante las situaciones trágicas de la Tierra, el ser humano adquiere más experiencia y más energías iluminativas en el cerebro y en el corazón, para defenderse y valorizar cada instante de su vida. Con las verdades reveladas por el Espiritismo, se comprende, hoy, la justicia de las pruebas, entendiéndolas como siendo una amortización de débitos de vidas anteriores. Autores espirituales explican, a respecto de ese asunto, que individuos envueltos en crímenes violentos, en el pasado y, también, en el presente, la ley los trae de regreso, por haberse descuidado de la ética evangélica. Retornan y se agrupan en determinado tiempo y local, sufriendo muertes accidentales de variada naturalezas, inclusive en las calamidades naturales. Siendo así, antes de reencarnar, bajo el peso de débitos colectivos, somos informados, en el más allá del túmulo, de los riesgos a que estamos


sujetos, de las formas por las cuales podemos saldar la deuda, sin embargo, el hecho, por sí solo, no es determinístico, hasta, porque, dependen de varias circunstancias en nuestras vidas para su consumación , una vez que la ley del carma admite flexibilidad, cuando el amor rige la vida y "el amor cubre una multitud de pecados." (3) Nuestros registros históricos por las vías reencarnatórias, muchas veces acusan nuestro envolvimiento en tristes episodios, en los cuales causamos dolor y sufrimiento a nuestro prójimo. Muchas veces, en nombre de Cristo, lanzamos fuego a las personas, en los campos, en las embarcaciones y en las ciudades, en un proceso ciego de persecución a los "infieles". Con el tiempo, ante los azotes de la consciencia, deparándonos con el remordimiento, rogamos el retorno a la Tierra por el renacimiento físico, con previa programación, para la des encarnación colectiva, en dolorosas experiencias de incendios, ahogamientos y otras tantas situaciones traumáticas para aliviar el tormento que nos comprime la mente. Al reencarnar, atraídos por una fuerza magnética (sintonía vibratoria), consecuente de los crímenes practicados colectivamente, nos reunimos circunstancialmente y, por medio de situaciones drásticas, sufrimos el mismo mal que perpetramos contra nuestras víctimas indefensas de antaño. Por tanto, las faltas colectivamente cometidas por las personas (que retornan a la vida física) son expiadas solidariamente, en razón de los vínculos espirituales entre ellas existentes. Además, explica Emmanuel: "en la prueba colectiva se verifica la convocación de los Espíritus encarnados, participantes del mismo débito, con referencia al pasado delictuoso y oscuro. El mecanismo de la justicia, en la ley de las compensaciones, funciona entonces espontáneamente, a través de las propuestas de Cristo, que convocan las comparsas en la deuda del pretérito para los rescates en común, razón por lo que, muchas veces, llamáis– doloroso acaso – a las circunstancias que reúnen a las criaturas más dispares en el mismo accidente, que ocasiona la muerte del cuerpo físico o las más variadas mutilaciones, en el cuadro de sus compromisos individuales." (4) ¿Fatalidad o evento del destino?


¿Aunque muchos accidentes nos conmuevan profundamente, serían las tragedias suficientes para el rescate de crueles crímenes practicados en el pretérito remoto? Estamos convencidos de que no, aunque en condiciones- como esa del 24 de marzo de 2015 (la caída del Airbus A320)– nos llevan a cuestionar, como, por ejemplo: ¿Por qué esos acontecimientos funestos despiertan tanta compasión? ¿Sería una Fatalidad? Cosa del destino? ¿Qué conceptos están en los diseños semánticos de esas palabras? Para el espírita "fatal, en el verdadero sentido de la palabra, solo el instante de la muerte" (5), pues, como dijeron los Espíritus a Kardec: "cuando es llegado el momento de retorno para el Plano Espiritual, nada "te librará" y frecuentemente el Espíritu también sabe el género de muerte por el que partirá de la tierra", "pues eso le fue revelado cuando hizo la elección de esta o de aquella existencia". (6) Mas, aun: "Gracias a la Ley de Acción y Reacción y del Libre-Albedrio, el hombre puede evitar acontecimientos que deberían realizarse, como también permitir otros que no estaban previstos". (7) La fatalidad solo existe como algo temporario, frente a nuestra condición de inmortales, con la finalidad de "retomada de rumbo". Fatalidad y destino inflexible no son coherentes con los preceptos kardecianos. Quien cree ser "víctima de la fatalidad", culpa solamente al mundo exterior por sus errores y se recusa a admitir la conexión que existe entre eles. Pruebas elegidas.

El hombre común, en sus intereses mezquinos, no considera el dolor como rescate y pagamento, desconociendo el gozo de padecer por cooperar, sinceramente, en la edificación del Reino de Cristo. Aquel que se complace en el caminar por los atajos del mal, la propia Ley se incumbirá de traerlo de retorno a las vías del bien. El pasado, muchas veces, determina el presente que, por su vez, determina el futuro. "Quien con hierro hiere, con hierro será herido" (8), dice el Maestro. Sin embargo, cabe una exaltación, no todo sufrimiento es expiación. En el ítem 9, cap. V, de El Evangelio


Según el Espiritismo, Allan Kardec señala: "No se debe creer, entretanto, que todo sufrimiento por el que se pasa en este mundo sea, necesariamente, el indicio de una determinada falta: se trata, frecuentemente, de simples pruebas escogidas por él Espíritu para su purificación, para acelerar su adelantamiento".(9). Son claras las palabras del Codificador. No son correctos aquellos que generalizan y afirman que todo sufrimiento es el resultado de errores practicados en el pasado. El desenvolvimiento de las potencialidades, la elevación evolutiva, requiere trabajo, esfuerzo, superar desafíos. En este caso es la prueba, y no, la expiación, o sea, son las tareas a las que el Espíritu se somete, su propio pedido, con vistas a su progreso, para la conquista de un futuro mejor. La finalidad de la Suprema Ley Dentro del principio de Causa y Efecto, quien, en conjunto con otras personas, agredió al prójimo no tendría que resarcir el débito en conjunto? Es ese el llamado "carma colectivo". (10) Toda acción que practicamos, buena o mala, la recibimos de vuelta. Nuestro pasado determina nuestro presente no existiendo, pues, favoritismos, predestinados o arbitrios divinos. La doctrina espírita no predica el fatalismo y ni el conformismo ciego ante las tragedias de la vida, aun mismo de las llamadas tragedias colectivas. Lo que el Espiritismo enseña es que la ley es una sola: para cada acción que practicamos, recogeremos la a reacción. Lo importante a los que quedan por aquí, en la Tierra, para que tengan el avance espiritual debido, es no fallar por la lamentación, por la rebelión pues "las grandes pruebas son casi siempre un indicio de un fin de sufrimiento y de perfeccionamiento del Espíritu, desde que sean aceptadas por amor a Dios".(11) Ante lo expuesto, aseguramos que la función del dolor es expandir horizontes, para verdaderamente divisar los reales logros harmónicos del equilibrio. Por esto, ante los compromisos “cármicos”, en expiaciones colectivas o individuales, recordemos siempre de que la finalidad de la Ley de Dios es la perfección del Espíritu, y que estamos, cada día, caminando en este destino, donde nuestro esfuerzo personal y a búsqueda de la paz estará actuando


a nuestro favor, minimizando al mรกximo el peso de la as deudas del pasado.

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Causa y efecto (jorge hessen)  

CAUSA Y EFECO UNA LEY, MUCHAS HISTORIAS Y DOLOROSOS LLANTOS

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