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CANCIÓN DE LA INMORTALIDAD Divaldo Pereira Franco Joanna de Angelis. La vida física es un proceso evolutivo para el Espíritu que se viste de materia para las experiencias necesarias para su evolución. De esa forma, cada existencia carnal constituye bendecido deseo para el desenvolvimiento de los sublimes tesoros que duermen en germen en el ser. Paso a paso despierta la esencia divina de que todos se constituyen, en razón de su génesis que es el amor de Nuestro Padre Celestial. Mediante los pensamientos palabras y actos practicados, se edifican las futuras jornadas, siempre provenientes de las anteriores, cual acontece en una clase de estudios, cuya promoción para el nivel superior siempre depende de aprendizaje adquirida. Cuando ocurren descuidos y deslices morales, comportamientos insalubres y agresivos que perturban la marcha del conocimiento, es establecida la


necesidad de la repetición de lo ocurrido, a fin de que venga a constituir aliciente para la suma de nuevas informaciones. De igual manera ocurre en la adquisición de los inestimables recursos intelectuales y morales, que faculta al Espíritu ser el autor de la felicidad o de la desdicha que señala el camino rumbo a la perfección. No existen excepciones en los Códigos Soberanos de la Divina Justicia, todos experimentan los mismos desafíos, gracias a los cuales se presentan portadores de diferentes niveles de conciencia y de desenvolvimiento ético moral. La inmortalidad es, por tanto, la meta que conseguir a través de las sucesivas reencarnaciones, que son los diferentes grados a conquistar, en la simbología de la bíblica la escalera de Jacob, que conduce al infinito. En razón, por tanto, del impositivo de crecimiento para Dios, cabe a cada criatura el esfuerzo para desembarazarse de las pasiones primitivas que la mantienen en la ignorancia y en la sensualidad por donde transito, adquiriendo otros valores de naturaleza ennoblecida, que le facultaron la harmonía, la salud y el coraje para la lucha incesante. La muerte física, en consecuencia, es un fenómeno biológico natural que alcanza apenas la forma, el involucro material que es dejado después de su uso, prosiguiendo la vida en otra dimensión y vibración de energía en la condición de principio inteligente que es el Espíritu inmortal. Es necesario que se considere la inevitabilidad de la desencarnación, pensando diariamente en su ocurrencia, a fin de que no sea sorprendido cuando se diera. Distraídos por las sensaciones del cuerpo, el Espíritu se apega a la materia y a sus concesiones, se permite la fijación perturbadora, de la que tendrá que liberarse, no raro, por la contribución del sufrimiento, mediante la perturbación que lo asalta más allá de las fronteras carnales. Estas destinado a la plenitud o reino de los Cielos, conforme la promesa de Jesús. No recalcitres ante el impositivo de las Leyes, que no siempre responden como nos gustaría a los apelos aflictivos durante el transito carnal.


Sumerge el pensamiento y la emoción en las páginas libertadoras del Evangelio de Jesús, a fin de que puedas insculpirlas en la conducta diaria, sirviéndote de las mismas como metodología iluminativa ante las circunstancias oscuras del periodo existencial. Nada te acontece por acaso, por capricho del destino. Tuyo es el destino reservado a los triunfadores, que solamente depende de cómo te comportes y desees. Desde que comprendes la Ley de amor a la que Jesús se refirió y vivió, más fácilmente enfrentarás a los problemas que te surgirán al frente y los transformaran en lecciones de sabiduría. Mientras los insensatos se desesperan ante las ocurrencias más desagradables, se entregan a la rebeldía y a la blasfemia, como si fuesen electos e incorruptibles, que no mereciesen pasar por los mismos caldeamientos a que todos están sujetos, permanece fiel al deber, con paciencia y coraje, de modo a enfrentar todas las vicisitudes con alegría de alguien que se libera de las deudas adquiridas anteriormente. Jamás consideres que el sufrimiento es infelicidad o desgracia, ya que sabes que solamente eres llamado a rescatar compromisos que no fueron respetados y actitudes que fueron practicadas en agresión con los códigos del Bien. En la transitoriedad terrena, todos los dolores luego que pasaron y dejaron las marcas bendecidas o afligentes que transcurren de forma como las enfrentes. La desgracia real es el mal que puedas hacer, son las actitudes de soberbia y de resentimiento que cultives, las agresiones y rebeldías que ya deben formar parte de tu existencia. De la forma como te prepares para cualquier realización futura, tambien organízate para que la muerte, cuando te llegara, te encuentre rico de valores y de paz, no causándote cualquier tipo de aflicción o de choque. Más allá del túmulo, continuarás conforme te encuentres, dando proseguimiento a los compromisos abrazados, que no serán interrumpidos, porque la vida se extiende más allá de las vibraciones del organismo físico.


Podrás continuar amando a aquellos que quedaron en la retaguardia, ayudarlos en el crecimiento personal, de modo que el amor continuará leyendo la salud que, de alguna forma, es una expresión de ternura que el afecto coloca en el ser. * * * No te desesperes ante los seres amados que la muerte arrebató momentáneamente de tu lado. Ellos prosiguen viviendo y cantan el himno de la inmortalidad. Haz silencio interior para oírles las voces, sentirles las emociones, oraras con ellos y crecerás tambien rumbo a la espiritualidad. Ellos te esperan con inmensa alegría, porque saben cuan rápidamente pasa al periodo orgánico en la Tierra. Ora por ellos con la gratitud por todo cuanto te significan y los envuelve en cariño, pues el amor es la presencia de Dios en todo el Universo.

Joanna de Ángelis Psicografia de Divaldo Pereira Franco, el 30 de agosto del 2013, en el centro Espirita Camino de Redención, en Salvador Bahía. Traducido por Mercedes, Cruz Reyes


Canción de la inmortalidad (divaldo pereira franco)