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Canaliza bien tus pruebas, no todos pueden curarse Mercedes Cruz El origen de los males que azotan al hombre viene en su mayoría por los males ejercidos en otras existencias. El hombre fue creado simple e ignorante, su libre albedrio le hace autor de sus alegrías o desdichas. Es tiempo de que el hombre compruebe y se convenza de que la salud de su espíritu inmortal es la que regula y mantiene el equilibrio de la salud del cuerpo físico y transitorio. Además, en la antigua Grecia dé Sócrates, Apolonio de Tyana, Platón, Pitágoras y otros renombrados pensadores helénicos, se encaraban seriamente el concepto de "alma sana en cuerpo sano", como una advertencia de la influencia benefactora o maléfica, que la mente ejerce sobre el organismo carnal. En verdad, el hombre es el único autor de sus glorias o desdichas; cielo e infierno son sus creaciones íntimas, acordes con su


comportamiento espiritual. El pecador puede rehabilitarse rápidamente de los pecados de su vida actual o pasada, siempre que se dedique definitivamente a la práctica de las virtudes recomendadas por Jesús, las cuales dispensan del uso de las energías animales adversas, y liberan al espíritu de las expurgaciones dolorosas que se cumplen a través del cuerpo de la carne, en los charcos correctivos del astral inferior. El Evangelio resulta, así, el más acertado compendio de terapéutica, para la recuperación de la salud espiritual, por parte del espíritu encarnado, pues su autor, Jesús, además de ser el más sabio de los hombres, es el digno instructor moral de la humanidad terrena, y el Médico inconfundible de las enfermedades del espíritu. Los fluidos de naturaleza inferior, densos y nocivos, adheridos al periespíritu, son una "carga" molesta y perturbadora del metabolismo peri espiritual, y deben expurgarse a través del cuerpo carnal, que funciona como un "papel secante" para ser finalmente depositados en el seno de la tierra, al desencarnar. El hombre no debe quejarse de esas pruebas dolorosas, pues él mismo es quien las crea. Protestando contra las mismas, se asemeja a la criatura que, después de haber arrojado fuego contra sus compañeros, se queja de haberse quemado las manos. El dolor y el sufrimiento que atormentan al hombre durante el período de su limpieza psíquica, no son castigos determinados por Dios, sino tan sólo los frutos o efectos de la reacción natural, propia del tejido carnal afectado por la acción corrosiva de los elementos nocivos. Por lo tanto, el objetivo es purificar el alma. Si la semilla de trigo o los granos de uva tuvieran la facultad de sentir, también se quejarían al ser sometidos, para alcanzar mayor pureza o calidad, a aquellas dolorosas "pruebas" que finalmente los transforman, respectivamente, en la generosa harina y codiciado vino. La carga fluídica y deletérea acumulada en el periespíritu no se vaporiza por medio de un "pase de magia"; es una expurgación curativa y útil para el espíritu enfermo, de la cual no escapan, el niño, el viejo, el sacerdote, el bandido, la santa, la prostituta, el héroe o el sabio, porque en su ficha kármicas, consta que hay un porcentaje de veneno que impide al espíritu su ascenso angélico.


El hombre que, en un momento de desvarío, se arroja al charco repugnante y lodoso, aunque después se arrepienta y se entregue a la oración e inclusive, modifique su temperamento impulsivo, no se liberará del mal olor que emana su cuerpo. El recurso eficaz para quedar limpio consiste en tomar un baño saludable. Ahora, el lodo fluídica del periespíritu se lava en el "tanque de lágrimas" del mundo donde fue producido. El hombre pecador jamás puede protestar contra su sufrimiento redentor, pues desde su infancia sabe que las virtudes pertenecen al mundo angélico, y los pecados, al reino instintivo animal. Además, en todas las épocas, desde lo Alto se enviaron a la tierra, diversos líderes de la espiritualidad superior, para enseñar a los hombres y a los pueblos los caminos de la paz y la fraternidad. Buda, Confucio, Lao-Tsé, Hermes, Krishna, Zoroastro, Mahoma, Juan Hus, Gandhi, Ramakrishna, Francisco de Asís, Kardec y, por encima de todos, el sublime Jesús, desde hace milenios vienen preparando a los hombres terrenos para orientarlos hacia su pronta liberación de la vida animal. ; El Espiritismo no tiene por finalidad curar las enfermedades del cuerpo. Aunque sin alarde de ninguna especie, coopera en ese sector del orden humano, pero su objetivo principal es enseñar, orientar y liberar al espíritu de sus debilidades o instintos inferiores hasta alcanzar la "salud moral" de la angelitud. Por lo tanto, no pretende competir deliberadamente con la medicina del mundo, como presuponen algunos médiums y neófitos espiritas. Si ese objetivo hubiera sido el esencial, los mentores que orientaron a Allan Kardec en la codificación de la doctrina, le habrían indicado los recursos y métodos técnicos que aseguraran el éxito terapéutico en la lucha contra las enfermedades que afectan a la humanidad. Lo Alto inspira y coopera en las actividades terapéuticas utilizando a los médiums, pero sin la finalidad de deprimir o debilitar la noble profesión de los médicos, cuyos derechos académicos deben prevalecer por encima de las actuaciones de los legos. Si esto no fuera así, la medicina debería retornar a la vieja práctica del curanderismo supersticioso, que ejercía una terapéutica empírica y bastante fuerte.


Los espíritus benefactores ayudan, a través de la intuición, a los médicos honestos y piadosos que se dedican a curar a los humanos, y no debéis olvidar que los profesionales de la medicina son una legión de misioneros, útiles a la humanidad, pues además de sus funciones comunes se dedican a las investigaciones que tienen por objetivo curar las enfermedades rebeldes de consecuencias fatales. Por otra parte, instalan sus consultorios, dispensarios o laboratorios, invirtiendo grandes sumas de dinero, confiriéndoles el derecho de ser compensados por el esfuerzo realizado en beneficio del prójimo. Por eso, el Espiritismo no está destinado a concursar con los médicos terrícolas, ni tiene la pretensión de sobreponerse a su capacidad profesional. El alivio, el reajuste psíquico o las curas alcanzadas por medio de la facultad mediúmnica, tienen por objeto sacudir el ateísmo del enfermo, despertándole el entendimiento hacia las enseñanzas de la vida espiritual. Cuando Jesús curaba a los enfermos que iban a su encuentro, curaba los "cuerpos" para después alcanzar la cura del "alma" de cada uno. Y la mediumnidad de cura se propone igual finalidad. Varios espíritus de médicos desencarnados continúan de "este lado" ejerciendo su función por medio de la asistencia telepática hacia sus colegas encarnados. ¿Cuántas veces el éxito del médico en su actuación profesional, tuvo la cooperación de un colega desencarnado? De la misma forma, muchos médicos —aunque son inconscientes del fenómeno— actúan como verdaderos "médiums", alcanzando éxito y eficiencia en los resultados, superiores a los logrados por el médium lego en medicina. Aunque el médico no capte con fidelidad la intuición del espíritu qué lo asiste, está habilitado y prescribe al enfermo la medicina justa, debido a sus conocimientos fisiológicos y patológicos. Los médicos en general, también son hombres conscientes, pues sufren angustiosamente cuando verifican que se extingue la vida del paciente, que se han empeñado en salvar. Por esta razón, aunque les cabe el deber de salvar la vida y recuperar la salud de sus enfermos, la función de benefactores de la humanidad, les permite estar asistidos por lo Alto. Por esa causa, sería injusto que


los médicos terrícolas tuvieran que renunciar, cediendo a la "competencia gratuita" de sus colegas "fallecidos". La mediumnidad de cura mediante el Espiritismo, es una elevada cooperación de objetivo crístico, condicionada a la evangelización del hombre. Aunque el Espiritismo no sea un movimiento llamado a competir con la medicina oficial, corresponde a la promesa bendecida del Cristo, cuando prometió el envío del Consolador en el momento oportuno para curar a los enfermos del espíritu, aunque eso se consiga curando primero al cuerpo físico. El médico no merece censuras por los equívocos que comete en la tentativa justa de curar a su paciente; pues lo que sucede es que éste, por fuerza de la ley sideral, se disciplina bajo la cárcel de la enfermedad y, si sus males no ceden gracias a los medicamentos, es porque aún no es merecedor del alivio o la solución definitiva de su enfermedad. Una vez que estéis seguros y conscientes del proceso kármicas rectificador del espíritu, ejercido a través de las reencarnaciones expiatorias en el mundo de la materia, tendréis que admitir que, en base a las tropelías, desmanes y crueldades de las hordas famélicas y perversas del pasado, esos mismos espíritus belicosos necesitan retornar sucesivamente a la Tierra para la debida rectificación de su conciencia espiritual, todavía embrutecida. También es lógico, que no merecen un tratamiento suave, indoloro y benefactor por parte de la medicina terrena, por eso sus males físicos se agravan más, cuando tratan de eliminarlos por medio de drogas o intervenciones quirúrgicas. La nueva existencia, que obedece a los principios justos y constructivos de las recuperaciones espirituales, les brinda la misma crudeza que adoptaron en sus vidas pasadas en medio de la humanidad. Las personas de mejor graduación espiritual, o que se hallan al fin de sus pruebas kármicas dolorosas, debido a sus expurgaciones anteriores, en la actualidad, son elegidas y beneficiadas por la homeopatía, irradiaciones fluídica, pases mediúmnicos o agua fluidificada, liberadas de la medicina que produce reacciones tóxicas. Por eso hay tanta decepción y variedad con respecto al éxito de los tratamientos para los hombres en la Tierra, pues la


terapéutica salvadora para determinada criatura, es completamente inocua cuando se aplica a otro enfermo de las mismas condiciones físicas. Consecuentemente, no se puede culpar a los médicos por sus equivocaciones en el desempeño de sus funciones profesionales, porque el hombre no merece la salud física, ante el desvío psíquico que ejercen sobre sí mismos en el trato con las pasiones y vicios perniciosos que perturban la contextura delicada del periespíritu. Además, los hechos prueban que es inútil la movilización de los más espectaculares y avanzados recursos de la terapéutica del mundo, si el hombre no es merecedor de la salud física, pues si la medicina ha prolongado la vida, no puede vencer a la muerte. Éste es uno de los motivos de los grandes sucesos en la terapéutica médica y en la cura espirita mediúmnica. Sin embargo, ambas fracasan en ciertos casos, cuando los pacientes no son merecedores de cura, cualquiera sea el tipo de tratamiento aplicado. Extraído del Libro ”Mediumnidad de Cura” de Ramatis

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CANALIZA BIEN TUS PRUEBAS NO TODOS PUEDEN CURARSE MERCEDES CRUZ  

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