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ATMOSFERA ESPIRITUAL ALLAN KARDEC (Revista Espirita, mayo de 1867,p 129-132) El Espiritismo nos enseña que los Espíritus constituyen la población invisible del globo; que están en el espacio y entre nosotros, viéndonos empujándonos incesantemente, de tal modo que, cuando nos juzgamos solos, tenemos constantemente testimonios secretos de nuestras acciones y pensamientos. Eso puede, para ciertas personas, parecer constreñidor; más siendo un hecho, no se puede impedir que lo sea. Cabe a cada uno proceder como el hombre virtuoso que no temería que su casa fuese hecha de vidrio. Esa causa, sin duda, es la que se debe atribuir la revelación de tantas torpezas y malas acciones que se creían ocultas en las sombras. Sabemos, además, que en una reunión siempre hay, más allá de los seres corporales, los asistentes invisibles; que, siendo la permeabilidad una de las propiedades del organismo de los Espíritus, estos pueden hallarse en número ilimitado, aun mismo en un espacio circunscrito. Nos dijeron muchas veces que en ciertas sesiones había innumerables Espíritus. en la explicación dada al Sr, Bertrand acerca de las comunicaciones colectivas que obtuvo, se afirma que el


numero de Espíritus presentes era tan grande que la atmosfera estaba, por así decir, saturada de sus fluidos. Tal hecho no es nuevo para los espiritas; todavía, tal vez no se hayan deducido de el todos las consecuencias. Se sabe que los fluidos que emanan de los Espíritus son más o menos saludables, conforme su grado de depuración. Se conoce su poder curativo, en ciertos casos, también como sus efectos mórbidos, de un individuo sobre el otro. ¡Ahora, visto que el aire puede ser saturado de esos fluidos, no es evidente que, conforme la naturaleza de los Espíritus que se reúnen en un determinado lugar, el aire ambiente este impregnado de elementos saludables o malsanos, elementos esos que ejercen influencia tanto sobre la salud física como moral de los que en el se encuentren? Cuando se considera la energía de la acción que un único Espíritu puede ejercer sobre un hombre, será de sorprender la que resulte de una aglomeración de centenas o millares de Espíritus? tal acción será buena o mala, según sea benéfico o maléfico el fluido que los Espíritus viertan en un determinado ambiente, fluido que actúa de modo semejante a las emanaciones fortificantes o a los miasmas deletéreos que se diseminan en el aire. De ese modo se pueden explicar ciertos efectos colectivos que se producen sobre las masas de personas; la sensación de bienestar o malestar que se experimenta en determinados medios, sin causa aparente conocida; el arrastramiento colectivo para el bien o para el mal; los impulsos generosos, el entusiasmo o el des encorajamiento, la especie de vértigo que algunas veces se apodera de toda una asamblea de toda una ciudad, o mismo de todo un pueblo. Cada individuo sufre, proporcionalmente o su grado de sensibilidad, la influencia de esa atmosfera viciada o vivificante. En ese hecho indudable sobre las relaciones del mundo espiritual con el corporal, confirmado por la teoría y por la experiencia, encontramos un nuevo principio de higiene, que un día la ciencia hará sea reconocido por todos. ¿Podremos substraernos a esas influencias, que emanan de una fuente inaccesible a los medios materiales? ¡Sin ninguna duda! Pues del mismo modo que saneamos los lugares insalubres, destruyendo la fuente de los miasmas pestilentes, podemos sanear la atmosfera moral que nos envuelve, substrayéndonos a las influencias perniciosas de los fluidos espirituales malsanos; y de forma más fácil de lo que escapamos a las exhalaciones pantanosas, ya que eso depende únicamente de nuestra voluntad. Ese no será uno de los menores benéficos del espiritismo, cuando fuera comprendido, y sobretodo practicado, universalmente.


Un principio perfectamente comprobado para todo espirita es que las cualidades del fluido espiritual están en razón directa de las cualidades del espíritu encarnado o desencarnado. Cuanto más elevados y desprendidos de las influencias materiales sean sus sentimientos, más depurado será su fluido. De acuerdo con los pensamientos dominantes que tenga, un encarnado irradia fluidos impregnados de esos pensamientos, que los vician o sanean; fluidos realmente materiales, aunque impalpables, invisibles para los ojos del cuerpo, perceptibles sin embargo a los sentidos periespirituales y visibles a los ojos del alma, dado que impresionan físicamente y asumen apariencias muy diversas, para aquellos que son dotados de la vista espiritual. La mera presencia de encarnados en una asamblea determina, pues, que los fluidos ambientales sean salubres o insalubres, según sean buenos o malos los pensamientos ahí dominantes. Quien quiera que alimente pensamientos de odio, envidia, celos, orgullo, animosidad, codicia, falsedad, hipocresía, maledicencia, malevolencia – en una apalabra, pensamientos provenientes de la fuente de las pasiones malas - esparce a su alrededor efluvios fluidicos malsanos, que reaccionan sobre los que estén a su alrededor. En una asamblea en que, al contrario, cada uno traiga apenas sentimientos de bondad, de caridad, de humildad, de devoción desinteresada, de benevolencia y amor al prójimo, el aire estará impregnado de emanaciones saludables, en medio de la cuales sentimos el bienestar. Si consideramos, ahora, que los pensamientos atraen pensamientos de la misma naturaleza, y que los fluidos atraen fluidos similares, comprenderemos que cada individuo atrae consigo un cortejo de Espíritus que le son simpáticos, buenos o malos, y que así, el aire será saturado de fluidos correspondientes a los pensamientos predominantes. Si los malos pensamientos están en minoría, no impiden que las buenas influencias se hagan presentes, más estas quedan paralizadas. Si ellos dominan, enflaquecen la irradiación fluídica de los Espíritus buenos, o aun mismo, algunas veces, impiden que los fluidos buenos penetren en el ambiente, del mismo modo que la niebla debilita o barre los rayos del Sol. ¿Cuál, por tanto, es el medio de substraernos a la influencia de los malos fluidos? El resalta del estudio de propia causa que produce el mal. ¿Qué hacemos cuando reconocemos que un alimento es perjudicial para la salud? Lo retiramos, sustituyéndolos por uno más saludable. Ahora, visto que son los


malos pensamientos que engendran los malos fluidos y los atraen, es preciso que nos esforcemos para tener solamente buenos pensamientos, repeliendo todo lo que sea ruin, de la misma forma que repelimos un alimento que puede ponernos enfermos- en una palabra, es preciso trabajar por nuestra mejoría moral. Sirviéndonos de una comparación evangélica, debemos “no apenas limpiar el vaso por fuera, más si limpiarlo sobre todo por dentro”. Mejorándose, la Humanidad verá depurarse la atmosfera fluídica en medio en la cual vive, porque no le derramará sino buenos fluidos, siendo que estos operan una barrera a la invasión de los malos. Si un día la Tierra viniera a ser ocupada apenas por hombres que practiquen entre si las leyes divinas del amor y de la caridad, no habrá duda de que entonces ellos se encontraran en condiciones de higiene física y moral muy diferentes de las que existen hoy. Ese tiempo está ciertamente distante, más, mientras no llega, tales condiciones mejores pueden existir parcialmente, cabiendo a las asambleas espiritas justamente ofrecer el ejemplo. Los que conocen la luz serán tanto más reprensibles mientras hubieran poseído entre las manos los medios de iluminarse; serán responsabilizados por los atrasos que su mal ejemplo y su mala voluntad acarrearon para el proceso de mejoría general. ¿Se trata de una utopía, de una declamación vana? No; es una deducción lógica de los propios hechos que el espiritismo cada día nos revela. Efectivamente, el Espiritismo nos prueba que el elemento espiritual, que hasta hoy se consideró como la antítesis del elemento material, guarda con el una conexión intima, de donde resulta una multitud de fenómenos aun no observados o comprendidos. Cuando la ciencia haya asimilado los elementos ofrecidos por el espiritismo, de ahí sacará nuevos e importantes recursos para la propia mejoría material de la Humanidad. Vemos, así, ampliarse diariamente el circulo de las aplicaciones de la doctrina, que están lejos de restringirse al fenómeno pueril de las mesas giradoras, como algunos aun piensan. El espiritismo no tomó verdaderamente impulso sino cuando entró por la vía filosófica. Quedó entonces menos divertido para ciertas personas, que en el buscaban apenas una distracción: más por otro lado paso a ser apreciado por personas serias, y lo será cada vez más, a la medida que sea comprendido en sus consecuencias.

Traducido por M. C. R.

Atmosfera espiritual (allan kardec)  

ATMÓSFERA ESPIRITUAL (ALLAN KARDEC)