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EL ARGUMENTO JUSTO DEL LIBRO: Jesús en el Hogar

En casa de Simón, a la noche, se traslucía un velo de tristeza en la mayoría de los semblantes.

Tadeo y Andrés, atacados horas antes, en las márgenes del lago, por unos malhechores se vieron obligados a reaccionar apresuradamente. No surgió ninguna consecuencia grave, pero se sentían ambos atormentados e irritados. Cuando Jesús comenzó a hablar acerca de la gloria reservada a los buenos, los dos discípulos dejaron traslucir, a través del llanto discreto, la amargura que les dominaba el alma y, no pudiendo contenerse, Tadeo clamó, afligido:


_Señor, aspiro sinceramente servir a la Buena Nueva; pero, soy portador de un corazón indisciplinado e ingrato. Oigo, con devoción, las explicaciones del Evangelio; allá fuera, sin embargo, en el trato con el mundo, no paso de ser un espíritu obstinado en el mal. Lamento... lamento... pero ¿cómo trabajar a favor de la Humanidad en estas condiciones?

Embargándosele la voz, se adelanto Andrés, alegando, en llanto: _Maestro ¿qué será de mi? A su lado soy una oveja obediente; no obstante, al alejarme... basta una insignificante palabra de incomprensión para desarmarme. Reconozco que soy incapaz de tolerar un insulto o una pedrada. ¿Será justo proseguir, enseñando a los demás la práctica del bien, imperfecto y mal como me veo?... Callándose Andrés, interfirió Pedro, considerando: _A mi vez, observo que no paso de ser un mísero espíritu endeudado e inferior. Soy el peor de todos. Cada noche, al retirarme para hacer mis oraciones habituales, me espanto frente al coraje loco dentro de lo cual vengo abrazando los actuales compromisos. Mi fragilidad es grande y mis débitos enormes. ¿Cómo servir a los principios sublimes del Nuevo Reino, si me encuentro insuficiente e incompleto? A la palabra de Pedro, ser unió la de Tiago, hijo de Alfeo, que asevero, abatido: _En la intimidad de mi propia conciencia, descubro que lejos me encuentro de la Buena Nueva, verdaderamente aplicada. Muchas veces, después de reconfortarme ante las disertaciones del Maestro, me recojo en mi habitación solitaria, para sondear el abismo de mis faltas. Hay momentos en que pavorosa desilusiones se apoderan de mi de improviso. ¿Seré en realidad un discípulo sincero? ¿No estaré engañando al prójimo? Me tortura la incertidumbre... ¿Quién sabe si no paso de ser un simple mistificador?

Otras voces, desalentadas y llenas de amargura, se hicieron oír en el cenáculo. Jesús, sin embargo, después de señalar las opiniones enunciadas con desanimo y el desaliento, sonrió, tocado de buen humor, y esclareció:

_En verdad, el paraíso que soñamos, aún está muy lejos y no veo aquí a ningún compañero halado. A mi parecer, los Ángeles con su indumentaria celeste, aun


no encuentran domicilio en el suelo áspero y oscuro que pisamos. Somos aprendices del bien, camino del Padre, y no debemos menoscabar la bendita oportunidad de crecer hacia El, en el mismo impulso de la viña que se eleva hacia el Cielo, después de nacer en el oscuro seno de la tierra, creciendo compasiva, para transformarse en vino reconfortante, destinado a la alegría de todos. Pero, si ustedes se declaran débiles, deudores, endurecidos, y malos y no son los primeros en trabajar para hacerse fuertes, redimidos, dedicados y buenos a favor de la obra general de salvación, no me parece que los Ángeles deban descender de la gloria de lo Alto para sustituirlos en el campo de las lecciones de la Tierra. El remedio, antes de todo, se dirige al enfermo, la enseñanza al ignorante... de otro modo, pienso que la Buena Nueva de Salvación se perdería por inadecuada e inútil... Las lágrimas de los discípulos se transformaron en intenso rubor, que se irradiaba en el semblante de todos, y una oración sentida del Amigo Divino imprimió el punto final al asunto.

Argumento justo (chico xavier)  

ARGUMENTO JUSTO (LECCIÓN DE CHICO XAVIER)