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APOYO AFECTIVO • Francisco Cándido Xavier “Los temas enfocados eran los asuntos actuales de la familia, destacándose el divorcio. Después de muchas opiniones contradictorias, al inicio de las tareas, El Evangelio Según el Espiritismo nos ofreció para el estudio el ítem 2 del capítulo XXII, sobre las cuestiones que preocupaban a la asamblea de frecuentadores de nuestros trabajos. Al termino de la reunión, nuestro querido Emmanuel escribió las anotaciones que titulo el Divorcio y hogar, que a continuación se expone.”


NOTA – El capítulo XXII del Evangelio Según el Espiritismo tiene por título “No separéis lo que Dios junto”. Examinando el problema del divorcio, ante el dogma de la indisolubilidad del casamiento., Kardec estudia los versículos 3 y 9 del capítulo XIX del Evangelio de Mateo, esclareciendo de inicio: “A no ser lo que procede de Dios, nada es inmutable en el mundo. Todo lo que procede del hombre está sujeto a cambios.” Luego afirma: “En el casamiento lo que es de orden divino es la unión conyugal, para que se opere la renovación de los seres que mueren. Más las condiciones que regularizan esa unión son de tal manera humanas que no hay, en todo el mundo, y aun mismo en la cristiandad, dos países en que ellas sean absolutamente iguales. Y no hay un solo país que no haya sufrido modificaciones a través del tiempo. Concluye Kardec que, en la unión conyugal, la ley divina es el amor, acentuando: “Dios quiso que los seres se uniesen no solamente por los lazos carnales, sino también por los lazos del alma, a fin de que el mutuo afecto de los esposos se extienda a los hijos”.

DIVORCIO Y HOGAR• Emmanuel Indudablemente el divorcio es comprensible y humano, siempre que la pareja se encuentre a la vera de la locura o de la delincuencia. Cuando alguien enloquece, reconocidamente, da la segregación en la cárcel o en el sanatorio especializado en terapias de la mente, a través de irreflexiones con las que señala la propia inseguridad, es imperioso se le aplique recurso adecuado para el reequilibrio. Hecha la asertiva, y atentos que debemos estar a los principios de causa y efecto que nos orientan en los engranajes de la vida, es razonable se pida a los cónyuges el máximo esfuerzo para que no interrumpan los compromisos a que se confiaron en el tiempo. Para que se atienda a eso es justo anotar que, muchas veces, el matrimonio, a efecto de organismo vivo y actuante, adolece por desidia de una de las partes.


Dos seres, uniéndose en casamiento, no están únicamente llamados al rendimiento posible de la familia humana y al progreso de las buenas obras a que se dedican, más están también y principalmente - muy principalmente – al amparo mutuo. ¿Considerado el problema en la formula exacta, qué decir del hombre que, a pretexto de negocio y administración, luchas y cuestiones de naturaleza superficial, dejase a su mujer sin apoyo afectivo en el que se comprometió con ella al buscarla a fin de que compartiese la existencia? ¿Y qué pensar de la mujer que, bajo la disculpa de obligaciones religiosas y encargos sociales, votos de amparo a causas públicas y contrariedades de parentela, recusasen el apoyo sentimental que debe al compañero, desde que se decidió a compartir su camino? Dos corazones que se entregan uno al otro, desde que se funden en las mismas promesas y realizaciones reciprocas, pasan a responder, de manera profunda, a los impositivos de causa y efecto, de los cuales no pueden definitivamente escapar. Todos sabemos que del equilibrio emocional, entre los compañeros que se responsabilizan por la organización doméstica, depende invariablemente la felicidad casera. Por eso mismo, en el dialogo a que somos habitualmente impelidos, en el intercambio con los amigos encarnados en la Tierra, acerca del relacionamiento de que carecemos en la sustentación de la tranquilidad de unos para con los otros, divorcio y hogar constituyen temas que no nos será licito olvidar. ******* Si te encuentras en las olas pesadas de la desarmonía conyugal, atendiendo para el divorcio o cualquier otra especie de separación, no menosprecies buscar alguna isla de silencio con el fin de pensar. Considera las propias actitudes y, a través de criteriosa examen, indaga por tu propio comportamiento en el área afectiva en la que te comprometiste, en la garantía de la paz y de la seguridad emotiva de la compañera o del


compañero que elegiste para la jornada humana. Y tal vez descubras que la causa de las perturbaciones existentes reside en ti mismo. Hecho esto, si tienes la conciencia vinculada al deber, acabarás donando al corazón que espera por tu apoyo, con el fin de trabajar y ser feliz, la cuota de asistencia debida que se le hace en materia de alegría y tranquilidad, amor y comprensión.

LO QUE DIOS JUNTO• J. Herculano Pires (Hermano Saulo) Es la ley del amor lo que une a las almas. El casamiento por interés o conveniencia ligan apenas los cuerpos, cuando los ligan. “El juramento pronunciado al pie del altar se torna un perjuicio, si fue dicho como simple formula”, enseña el Evangelio Según el Espiritismo. De eso resulta que hay casamientos indisolubles porque determinados por la ley del amor, que es la ley de Dios, más también existen casamientos insustentables porque efectuados según las leyes variables de los hombres, obedeciendo a intereses o conveniencias puramente humanas o ilusiones pasajeras de los sentidos. Esa es la razón principal de la separación de los casados. Lo que Dios junto por el amor permanece unido por la propia fuerza del amor. Y si alguien lo separara estará cometiendo una acción contraria a la voluntad divina. Más lo que los hombres unieron por intereses no tiene posibilidad. Por eso los propios hombres crearon leyes humanas que preservan la sociedad de la desagregación producida por las separaciones inevitables. Kardec enseña: “El divorcio es una ley humana, cuya finalidad es separar legalmente lo que de hecho ya estaba separado. No es contraria a la ley de Dios, pues solo reforma lo que los hombres hicieron.” Los que acusan al espiritismo de divorcista no conocen la posición verdadera de la doctrina ante ese problema. Mantener la unión legal de una pareja ya de hecho separada es atentar la moral de la sociedad, pues los casados separados se renuevan con la formación de dos nuevos compañeros, ambos ilegítimos, de los cuales resultaran naturalmente los hijos ilegítimos. Eso es un mal social, una enfermedad de la sociedad, para la cual solo existe un remedio, que es el


divorcio, legalizando la separación y permitiendo la legitimidad de los nuevos hogares constituidos. El Espiritismos es realista, ve las cosas como ellas son y no como queremos que sean. Más, como vemos en el mensaje de Emmanuel, el espiritismo solo admite el divorcio en los casos extremos, enseñando que las obligaciones morales asumidas en la vida terrena tienen la sanción de la ley divina de causa y efecto, de la acción y reacción. Jesús mismo permitió el divorcio, como vemos en Mateo, XIX: 3-9. Por causa de este permiso evangélico, la legislación del divorcio en el estado de Nova York [en los Estados Unidos] solo admite como motivo el adulterio. Las personas interesadas en el esclarecimiento del asunto deben leer el capitulo XXII del Evangelio Según el espiritismo.

Artículo publicado originalmente en la columna dominical “Chico Xavier pide Licencia” del periódico Diario de S. Paulo, en la década de 1970 Traducido por: M: C. R


Apoyo afectivo (analizando con chico xavier y j heculano pires)