Page 1

Un minuto apenas Lucia era una mujer feliz. Creo, que como muy pocas. Casada con el hombre por quien se apasionó en los verdes años de la adolescencia, vivía el sueño de la mujer realizada. Un hijo le había venido a coronar la felicidad. ¿Qué más podría desear? Despertaba por la mañana y saludaba el día canturreando. Con alegría realizaba las tareas del hogar, cuidaba al hijo, aguardaba al marido. Todo iba muy bien. Hasta el día en que descubrió que el hombre que tanto amaba, la traicionaba. Y no era de ahora. El problema venía tomando cuerpo desde hacía algún tiempo. Amargada se dirigió al marido. Le exhortó y le habló del respeto. La respuesta fue brutal, violenta. El hombre encantador se volvió rabioso, peleador. Llego hasta golpearla. Fue ese día que Lucía tuvo la certeza de que su matrimonio había terminado. Era el colmo. No podía seguir viviendo con alguien que había llegado a la agresión física.


Entonces se despertó en la mañana de tristeza, después de una noche de angustia y tomó una seria decisión. Se mataría. Acabar con la propia vida. Más que esto. Ella deseaba venganza. Por eso, tomó al hijo de cuatro años de la mano y decidió que lo mataría. Quería que el marido se quedara con drama de conciencia. Su destino era el Faro de la Barra, en la ciudad de Salvador, en Bahía, donde residía. Ella sabía que era un lugar donde el mar golpeaba con violencia en el acantilado. La calle por donde transitaba era movida. Muchos coches. Mientras esperaba para atravesar la calle, el niño le escapó de las manos y corrió, entre los coches. Ella se desesperó. Extraña paradoja. Condujo al niño de la mano y tenía la intención de tirarla del acantilado al mar para que muriera. Pero cuando la ve correr peligro, se olvida de sí misma, va a su encuentro, la agarra, hasta un poco rabiosa. Tira de la mano. En este momento, el niño se baja, ajeno a todo lo que pasaba, y recoge del suelo un papel. Lucia lo arranca de las manos del pequeño y un título, en letras grandes, le llama la atención: Un minuto sólo. Ella lee: En un minuto sólo, la tormenta se calma, el dolor pasa, el ausente llega. El dinero cambia de mano, el amor parte, la vida cambia. Va caminando, tirando del niño y leyendo la página. Era una página mediúmnica que venía firmada por un Espíritu. Ella terminó de leer. Pasó el ímpetu. En un minuto. Paró, miró alrededor y comprobó que había llegado a su destino. El acantilado estaba cerca. Se sentó y tuvo una crisis de llanto. El impulso de matarse había desaparecido. Ha vuelto a leer el mensaje. Ella se acordó de un señor que era espírita y trabajaba en el banco, en el mismo donde su marido trabajaba.


Fue a casa. Recordó que un día, cenando en su casa, él había hablado algo sobre el espiritismo. Algo que ella y su marido, por tener otra formación religiosa, rechazaron de inmediato. Ella le llamó, le pidió orientación y él la encaminó a un centro espírita. Atendida por compañero dedicado, que le oyó los gritos del alma afligida, pasó a buscar en la oración sincera, en la lectura noble, en el pase reconfortante, las necesarias fuerzas para superar la crisis. El marido, notándole el cambio, la calma, en el transcurso de los días, la siguió en una de sus salidas del hogar. Desconfiado, adentró él también a la casa espírita. Para descubrir una fuente de consuelo y aclaración. Hoy, ambos trabajan en la mina espírita. Reconstituyeron su vida, se refirieron. Los años rodaron. El chico es un adolescente y dos hijos más se sumaron a él. **** Cambio de rumbo. La vida cambia. En un minuto sólo. En un minuto sólo Dios provee el socorro. Puede ser un corazón atento, una mano amiga o un pedazo de papel impreso caído en la acera. Papel que el viento no se llevó lejos. Un minuto apenas y el amor vuelve. La esperanza renace. Un minuto sólo y el sol rompe las nubes, aclarando todo. No se desespere. Espera. Un minuto. El socorro llega. El panorama se modifica. La vida resurge. Tenga paciencia. No se entregue a la desesperanza. Espera. Mientras usted sufre, Dios provee la ayuda. Espera. Un minuto. Sesenta segundos. Una vida. Un minuto más... ******* En un minuto sólo, la Misericordia Divina se derrama, llena de bendiciones, en las callejuelas oscuras de los pasos humanos.


Corrige, sanea, repara, transformándolas en carreteras luminosas en el rumbo de la vida mayor. Redacción del Momento Espírita, con base en el cap. 24, del libro El sembrador de estrellas, de Suely Caldas Schubert, ed. LEAL. En el CD Momento Espírita, v. 1, ed. FEP. El 26.4.2018 *********** COMENTARIO AL RESPECTO: Un minuto... parece increíble... parece tan poquito y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida. Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo. Alguien alguna vez dijo: "Vive cada minuto como si fuera el último". Si todos recordáramos esa frase a diario aprenderíamos a vivir la vida intensamente. Aprenderíamos a no posponer las emociones más hermosas de la vida pensando que "si no es hoy será mañana". Tu tiempo es ahora... el futuro es incierto... Vive cada minuto intensamente. La vida es hoy... Que el reloj de tu vida marque cada minuto al compás de los latidos de tu corazón.

******************

Apenas un minuto redacción de momento espirita  

APENAS UN MINUTO

Apenas un minuto redacción de momento espirita  

APENAS UN MINUTO

Advertisement