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ALIMENTAR EL ALMA Richard Simonetti Por varias veces, Chico rechazó la invitación para ir a pescar. Como los amigos insistieron, acabo por aceptar, a fin de no sustentar una negación que podría disgustarlos. En una bella mañana, se reunió el grupo a la vera de un barranco en el rio. Horas después, los amigos habían pescado una buena cantidad de peces. ¡En cuanto al médium, ni una mísera mojarra! Los peces pasaban junto a su anzuelo sin ningún interese, y luego eran agarrados por los demás pescadores. ¡Extraño! ¿Sería un fenómeno mediúmnico? Animado a responder sobre el asunto, Chico explico: -Es que no puse el cebo -¿Ahora eso, por qué? -No quería incomodar a los peces…


*** La actitud de Chico es típica de los Espíritus evolucionados que vienen a la Tierra para grandiosas misiones en favor de la Humanidad. Ellos cultivan lo que Albert Schweitzer llamaba de Reverencia por la Vida. El notable médico alemán, una de las figuras humanas más ilustres del siglo pasado, era incapaz de matar a una mosca. Dirá el apreciado lector, llevada a las últimas consecuencias, ese principio, sería el fin de la vida animal en la Tierra, ya que, vertebrados e invertebrados, no nos alimentamos de minerales. Somos todos heterótrofos. Quede tranquilo. Es una palabra grande, no una palabrota. Heterótrofos son los seres que no consiguen acumular energía directamente, vía luz solar, como los autótrofos (otra palabrita), los seres del reino vegetal. Heterótrofos, estamos integrados en la famosa cadena alimentaria, en que seres vivos se alimentan de otros tantos. Los Espíritus superiores viven en planos más altos del Infinito, donde no existen los hábitos alimenticios que hacen la matanza que en la Tierra. Cuando vienen a nuestro planeta para gloriosas misiones, les repugna la idea de que deben alimentarse matando sus hermanos inferiores. De ahí esa reverencia por la vida, ejercitada por figuras inolvidable como Chico Xavier y Albert Schweitzer. *** ¿Pero, al final, preguntará usted, de que se alimentan los Espíritus que viven en planos más altos del Infinito? Creo que la respuesta está en Jesús (Juan, 4:32-34): ¡Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos! La voluntad de Dios es que nos amemos unos a los otros, conforme enseñaba el Maestro, lo que significa que el Amor es el alimento de las almas. Y, cuanto más se aproxima el Espíritu a la perfección, superando las ataduras de la materia, mayor su capacidad de amar, nutriéndose de amor, en plano donde no existen las necesidades biológicas, en cuerpos de materia densa.


*** Considerando que somos Espíritus encarnados, obviamente necesitamos de dos tipos de alimento: Para el cuerpo, ejercitando la heterotrofia… Para el alma, ejercitando el amor. Cuanto a este último, hay un detalle importante. Para alimentar el alma, no vale el amor que recibimos. Este solo alimenta el ego. Solo vale el amor que damos, ejercitando el empeño de hacer al prójimo el bien que nos gustaría que nos fuese hecho, como enseñaba Jesús. Así como es preciso alimentar al cuerpo, diariamente, es fundamental atender al alma. Personas que no lo hacen, son desnutridos espiritualmente, habilitándose a tristezas y angustias, en crónica infelicidad, la anemia del alma. ¿Hablando de eso, amigo lector, usted ya alimento su alma hoy? Richard Simonetti Del libro “Libro Riendo y Reflexionando con Chico Xavier” Fragmento traducido por Jacob

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