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ADOLESCENCIA Y VIDA SEGÚN LA DOCTRINA ESPIRITA (1ª parte) Mercedes Cruz Reyes El tema que intento desarrollar aquí, es modesto, y así lo expresa el autor del libro del cual saque el material, pero aporta un granito de arena en el camino de los adolescentes, pues es un tema que palpita en todos los hogares de la tierra, sobre todo en aquellos hogares donde hay adolescentes. En el cuadro primaveral de la adolescencia todo parece fácil, esto sucede por la falta de vivencia de la realidad humana. El adolescente observa el mundo a través de las lentes límpidas del entusiasmo, cuando se encuentra contento, o mediante las pesadas manchas del pesimismo que dominan de momento sus paisajes emocionales. La realidad, sin embargo, difiere tanto de una como de otra percepción, sin los altos vuelos del encantamiento ni los abismos profundos del existencialismo negativo.


La vida es un conjunto de posibilidades que se presentan para ser experimentados, facultando el crecimiento intelecto moral de los seres. La forma como cada persona se sirve de esos recursos redunda en el éxito o en el pesar, no siendo la misma responsable por la gloria o por el pesar de aquellos que la buscan y en ella se encuentran envueltos. Para el joven soñador, que todo lo ve de color de rosa, hay muchos caminos para recorrer, que exigen esfuerzos, buena dirección para la opción y sacrificio. Toda ascensión impone inevitable cuota de dedicación, como es natural, hasta que la conquista de los altiplanos delinee nuevos horizontes aun más amplios y fascinantes. Es por esa razón, que las posibilidades del adolescente están en el ímpetu que el aplica para la conquista de lo que traza como objetivo. En ese periodo, se tiene prisa, porque todas las manifestaciones son rápidas y los acontecimientos obedecen a un organograma que no puede ser anticipado, esperando que se consuman los mecanismos propiciatorios para su realización. Ansioso por los vuelos que pretende efectuar, piensa que sus aspiraciones pueden ser transformadas en realidad de uno para otro momento, y, cuando eso no ocurre, se deja abatir por graves frustraciones y desanimo. Es en ese vaivén de alegrías y desencantos el pasa a entender que los fenómenos en la existencia son independientes de sus imposiciones, proviniendo de muchos factores que se conjugan para ofrecer el correspondiente resultado. La ignorancia es la causante de los incontables males que afligen a la criatura humana y confunden a la sociedad. Igualmente es perversa la información equivocada, destituida de fundamentos éticos y carentes de estructura de lógica. En la gran educación de la sociedad futura, que promete más justicia social y menos suma de tribulaciones para la criatura humana en estos momentos, se está desafiando a psicólogos, pedagogos, sociólogos, teólogos y principalmente a los padres para bien conducir a los jóvenes, ya que la criatura humana, en este momento, camina con los pies en la infancia y la juventud. La adolescencia es el periodo propio para el desarrollo físico y psicológico, que se inicia aproximadamente a los catorce años para los rapaces y a los doce


para las mozas, prolongándose hasta los veinte y dieciocho años, respectivamente, en los países de clima frio, siendo que en los trópicos hay una variación siendo para más jóvenes. En esa fase, hay un desdoblamiento de los órganos secundarios del sexo, dando surgimiento a los factores que propician la reproducción, como es el caso del espermatozoide en el fluido seminal y el catamenial. Los jóvenes experimentan alteraciones en la voz, mientras las mozas presentan desenvolvimiento de los huesos de la Bacía, de los senos, lo que ocurre con cierta rapidez, normalmente acompañados por el surgimiento de la afectividad, del interés sexual y de los conflictos en el área del comportamiento, con son la inseguridad, la ansiedad, la timidez, la inestabilidad, la angustia, facultando espacio para el desenvolvimiento y definición de la personalidad, el surgimiento de las tendencias y de las vocaciones. Completando la reencarnación, el adolescente pasa a vivir la experiencia nueva, definiendo los rumbos del comportamiento que el tiempo madurará a través de la vivencia de los nuevos desafíos. Siendo un inepto en el nuevo medio social en el cual se encuentra, sufre el conflicto de no ser un niño más, encontrándose, sin embargo, sin una estructura organizada para los juegos de la edad adulta. Es, por tanto, el periodo intermediario entre las dos fases importantes de la existencia terrena, que se encarga de preparar al ser para las actividades existenciales más profundas. Inseguro, en cuanto a los rumbos en su futuro, el joven enfrenta el mundo que le parece hostil, refugiándose en la timidez o en la expansión del temperamento, según sean las circunstancias en las cuales se presenten las propuestas de la vida. Las bases de sustentación familiar, religiosa y social, le sientan las bases de los desafíos que enfrentan, pues relaciona todo cuanto aprendió con lo que encuentra al frente. No poseyendo madurez en el discernimiento, y fascinado por las oportunidades encantadoras que le surgen en algunos momentos, se lanza con frenesí a los placeres nuevos sin darse cuenta de los compromisos que pasa a firmar, entregándose a las sensaciones que dominan su cuerpo.


El ser humano es esencialmente el resultado de la educación, cargando los factores genéticos que lo compone como consecuencia de las experiencias anteriores, en reencarnaciones anteriores. Modelarlo siempre, teniendo por miras un padrón de equilibrio y de levador valor, le faculta el desenvolvimiento de los valores que duermen en él latentes ampliándolos posibilitando así la conquista de la meta a la que está destinado el ser, que es la perfección. El niño y el adolescente, sin embargo, aunque se presenten ingenuos, puros, en la acepción del conocimiento de los errores, no siempre lo son en profundidad, pues el Espíritu que habita en ellos es viajero de largas jornadas, en sucesivas experiencias, en las cuales no siempre se desarrollo con los valores que se espera, por el contrario contrajo débitos que deben ser resarcidos en la actual existencia. En razón de eso, se torna necesaria e indispensable la educación en su sentido más amplio y profundo, para que sean lícitas la liberación de los vicios anteriores y la adquisición de nuevos valores que los contrabalecem, superándolos. Procurar infundirles costumbres sanas desde los primeros días de la existencia física, es la principal tarea de los padres, ya que la tarea de la educación comienza en el instante de la vida extra-uterina, y no más tarde, , cuando el ser está habilitado para la instrucción. Para ese hermoso ministerio son indispensables el amor, el conocimiento y la disciplina, para así poder insculpirles no fino las lecciones que los acompañaran para siempre. El cuerpo del adolescente es un laboratorio de hormonas que trabajan a favor de las definiciones orgánicas, al tiempo en que el psiquismo se adapta a las nuevas formulaciones, pasando un periodo de ajustamiento que debe facultar la madurez de los valores éticos y de comportamiento. Los jóvenes no poseyendo la madurez en el discernimiento, y fascinado por las oportunidades encantadoras que le surgen en todo momento, se da con fragilidad a los nuevos placeres sin darse cuenta de los compromisos que pasa a firmar, entregándose a las sensaciones que dominan todo el cuerpo. Otras veces, victima de los conflictos naturales que surgen de la incerteza de cómo debe comportarse, se refugia en el medio de asumir responsabilidades provenientes de las actitudes y hace cuadros psicopatológicos, como la


depresión, la melancolía, la irritabilidad, escamoteando el miedo que lo asalta y lo intimida. En los días actuales las licencias morales son muy agresivas, invitando al joven, aun inadecuado a los juegos veloces del placer, a lances audaces en el área del sexo, que parece constituir en él la meta prioritaria en la que revuelca hasta el cansancio, dando surgimiento a la ausencia de recursos escapistas, que no atienden a las necesidades presentes, antes, por el contrario, lo perturban, comprometiéndolo de una manera lamentable. Como es comprensible, la escala de la valoración de la vida se modifica ante el mundo extraño y atrayente que le descubre, contestando a todo cuanto antes le constituía seguridad y estabilidad. Los nuevos paneles le presentan colores deslumbrantes, y no encontrando conveniente orientación, educación consistente, firmadas en el entendimiento de sus necesidades, contesta y agrede los valores convencionales, elaborando un cuadro compatible con su concepto, en el cual pasa a complacerse, ignorando los cánones y paradigmas en los cuales se basan los grupos sociales, que pierden, para el, momentáneamente, el significado. La velocidad de la telecomunicación, la disminución de las distancias a través de los recursos de la prensa, de la computadora, de los viajes aéreos, amedrantan los caracteres más frágiles, mientras estimulan los más audaces, proponiéndoles el descubrimiento del mundo y el sorber de todos los placeres casi de un solo golpe. Los deportes, que se pierden en un incontable número de propuestas, lo llaman y los otros deberes, aquellos que dicen respecto a la cultura intelectual, a la vivencia religiosa, al comportamiento ético-moral, porque exigen sacrificios más demorados y respuestas más lentas, quedan al margen, casi siempre despreciados, a favor de los otros esfuerzos que gratifican de inmediato, ensoberbeciendo el ego y exhibiendo la personalidad. El culto del cuerpo, en los campeonatos de glorificación de las formas, les agrada, elaborando programas, algunas veces de sacrificio inútil, en razón de la propia fragilidad de que se reviste la materia en su transitoriedad orgánica y constitucional.


La música alucinante y las danzas de exaltación de la sensualidad lo llevan al ardor sexual, sin que tenga resistencia para los embates del gozo, que exige nuevas y diferentes formas de placer en constante exaltación de los sentidos. La moderación cede lugar al exceso y el equilibrio pasa a un plano secundario, porque el joven, en ese momento, recela en perder las facilidades que se multiplican y lo agotan, sin darse cuenta de las finalidades reales de de la existencia física. El Espiritismo ofrece al joven un proyecto ideal de vida, explicándole el objetivo real de la existencia en la cual se encuentra sumergido, cuando está viviendo en el cuerpo y, después fuera de él, como un todo que no puede ser disociado solamente porque se presenta en etapas diferentes. Le explica que el Espíritu es inmortal y el viaje orgánico constituye un recurso precioso de valoración del proceso iluminativo, libertador y placentero. Esclareciéndolo, en cuanto al investimento que a todos es exigido, lo despierta par la siembra por intermedio del estudio, del ejercicio del aprendizaje, del equilibrio moral por la disciplina mental y la acción correcta, a fin de poder tomar por mucho tiempo, durante todos los años de la vida carnal, los resultados hermosos, provenientes del empeño por la propia dignificación. Los padres y los educadores son invitados, en esa fase juvenil, a caminar a su lado, dialogando y comprendiendo las aspiraciones, aunque ejerciendo una postura moral que infunda respeto e intimidad, al mismo tiempo fortaleciendo el coraje y ayudándole en los desafíos que son propuestos, para que él mismo se sienta confiado para proseguir avanzando con seguridad rumbo al futuro. Es muy importante la conducta de los adultos, que, aun mismo sin desearlo, sirven de modelos para los aprendices que transitan en la adolescencia, pues los hábitos que se arraigan permanecerán como definidores del comportamiento para toda la existencia física.

El amor, en su total esplendor, será siempre el gran educador, que posee los mejores métodos para atender la búsqueda del joven, ofreciéndole los seguros mecanismos que facilitan el éxito en los emprendimientos enfrentados, así como en los que están por venir.


La continencia moral, el comedimiento de a actitudes constituyen preparativos indispensables para la formación de la personalidad y del carácter del joven, en ese periodo de claro-oscuro discernimiento, para el triunfo sobre si mismo y sobre las dificultades que enfrentan todas las criaturas, durante la marcha física en la Tierra. En la adolescencia, el despertar de la sexualidad es como romper un dique, en el cual se encuentran reprimidas inconmensurables fuerzas, que se escapan, desordenadas, produciendo daños y prejuicios en relación a todo cuanto encuentran al frente . En el pasado, el tema era tabú, que la ignorancia y la hipocresía preferían esconder, pero en la actualidad, liberado de los preconceptos perniciosos, se dio paso al libertinaje, sin que haya habido un periodo de madurez emocional entre lo prohibido y lo liberado, lo que era considerado vergonzoso y sucio y lo que es biológico y normal. La sociedad contemporánea se encuentra en grave momento de conducta en relación al sexo, particularmente en la adolescencia. Superada la ignorancia del pasado, contempla, asustada, los desastres morales del presente, sufriendo terribles dudas acerca del futuro. La orientación sexual sana es la única alternativa para el equilibrio en la adolescencia, como base de seguridad para toda la reencarnación. Las inseguridades y miedos, muy comunes en la adolescencia, proceden de las actividades mal vividas en las jornadas anteriores, que imprimieron matrices emocionales o limitaciones orgánicas, deficiencias o exaltación de la libido, preferencias perturbadoras que exigen correcta orientación, así como una terapia especializada. A los padres les cabe la tarea educativa inicial. Aunque mal equipados de conocimientos sobre la conducta sexual, castran a los hijos por el silencio constreñidor a respecto del tema, dejándolos desinformados, a fin de que aprendan con los colegas pervertidos y viciados, o los liberan, aun sin estructura psicológica, para que atiendan a los impulsos orgánicos, sin cualquier ética o lucidez a respecto de ocurrencias y de sus consecuencias inevitables.


La cuestión de la sexualidad merece tratamiento especializado, comforme lo exige la propia vida. el ser humano no es solamente un animal sexual, más también racional, que despierta para el comando de los instintos bajo el amparo de la conciencia. El sexo merece en el adolescente el mismo tratamiento y dignificación que son dispensados a los demás órganos, con la gravedad de tratarse del aparato reproductor, que posee una alta y expresiva carga emocional, de ese modo necesitando mayor suma de responsabilidad, así como de higiene y respeto moral. El control mental, la disciplina moral, los hábitos saludables en el paso de las horas, el trabajo normal, la oración ungida de amor y de entrega a Dios, constituyen metodología correcta para la travesía de la adolescencia y el despertar de la edad de la razón con madurez y equilibrio. El sexo cuando es orientado reposa y se estimula en el aura del amor, que debe constituir el guía seguro para ecuacionar todos los problemas que surgen y preservarlo de los abusos que alucinan. Sexo sin amor es agresión brutal en la búsqueda del placer de efímera duración y de desastroso resultado, por no satisfacer ni calmar. Cuanto más sea usado en mecanismo de desesperación o fuga, menos tranquilidad proporciona. La orientación del sexo ha de iniciarse en la infancia, de forma que el joven se dé cuenta que el sexo existe en función de la vida y no está como un instrumento de él. El propósito de vida del joven debe centrarse en la búsqueda del conocimiento, en la vivencia de las disciplinas morales, con el fin de prepararse para las luchas, no siempre fáciles del proceso evolutivo, en la reflexión, también en la alegría de vivir, en los placeres éticos, en la recreación, en las cuales encuentra resistencia y renovación para los deberes que son parte integrante de su proceso de crecimientos personal. El adolescente actual es Espíritu envejecido, acostumbrado a realizaciones, no siempre meritorias, lo que le produce ansias y disgustos aparentemente inexplicables, inseguridad y miedos sin justificativa, que son provenientes de


su conciencia de culpa, en razón de los actos practicados, que ahora vino a reparar, superando los limites y avanzando en otra dirección por el camino de la iluminación interior, que es el esencial objetivo de la vida. El proyecto existencia del adolescente no puede prescindir de la visión espiritual de la vida; de la realidad transpersonal de el mismo; de las aspiraciones de lo noble, de lo bueno y de lo bello, que serán las realizaciones permanentes en su interior, dirigiendo sus pasos hacia la felicidad. Para ese cometido, la buena orientación sexual se hace indispensable en la fase de la afirmación de la personalidad del adolescente, como ocurre en todos los diferentes periodos de la vida física. El hogar es el mejor educador, el más eficiente, porque las lecciones administradas son vivas e impresionables, cargadas de emoción y de fuerza. No siempre, sin embargo, la familia está constituida por Espíritus afines, afectivos, comprensivos y fraternos. La mayoría de las veces, la familia está formada para auxiliar a los equivocados a que se recuperen de los errores morales, para reparar daños que fueron causados en otras ocasiones en los cuales fracasaron. Es por esa razón que existen familias bendecidas y familias de pruebas. Las primeras son aquellas en las que se reúnen los Espíritus que se identifican en los ideales del hogar, en la comprensión de los deberes, en la búsqueda del crecimiento moral, beneficiándose por la armonía frecuente y por la fraternidad habitual. Las segundas son caracterizadas por los conflictos que se presentan desde temprano, en las animosidades entre sus miembros, en las alucinadas disputas, en los conflictos continuos, en las revueltas sin descanso. Amantes que se corrompieron, y se abandonaron, renacen en la codición de padres e hijos, afin de alterar el comportamiento afectivo y sublimar sus aspiraciones; enemigos que se mataron en duelos políticos, religiosos, afectivos, empuñando armas e hiriéndose, matándose, retornan casi siempre en la misma consanguinidad, con el fin de superar antipatías que continúan; traidores de entonces ahora se refugian al lado de las victimas para conseguir su perdón, vistiendo la indumentaria del parentesco próximo, porque nadie huye de sus actos.


La familia, de este modo, es el laboratorio moral para las experiencias de la evolución, que caldea los sentimientos y trabaja las emociones, proporcionando la oportunidad del equilibrio, desde que el amor sea aceptado como el gran moldeador de los desafíos y de las dificultades. En razón de esto, el adolescente experimenta en la familia esos choques emocionales o se siente atraído por las vibraciones positivas, de acuerdo con los vínculos anteriores que mantiene con el grupo en el cual se encuentra comprometido. Esa aceptación o repulsión lo afectar de una manera muy significativa en el momento actual, exigiendo, cuando es negativa, de terapia especializada y gran esfuerzo del paciente, con el fin de poder ajustarse a la sociedad que le parecerá siempre un reflejo de lo que vivió en el nido domestico. Los padres deben unirse aun mismo ante la dificultad en el relacionamiento personal, con el fin de ofrecer seguridad psicológica y física a los hijos. Esa tarea desafiadora es de gran valía para el conjunto social, los divorcios y las separaciones, legales o no, agrava la economía moral de la sociedad, que sufre el daño de creciente desequilibrio. El adolescente, en un hogar desajustado, naturalmente experimenta las consecuencias nefastas de los fenómenos de agresividad y de la lucha que tienen allí, escondiendo las propias emociones o dando largas a los vicios, con el fin de sobrevivir, cargado de amargura y asfixiado por el desamor. Pese a todo esto, el adolescente en formación de su personalidad, le cabe comprender la situación en la que se encuentra, aceptando el desafio y compadeciéndose de sus genitores y demás familiares envueltos en la lucha infeliz, como siendo seres enfermos, que están lejos de la cura o que se niegan a la terapia de la transformación moral. Es, sin duda el más grande desafío que enfrentan el joven, pagar ese elevado precio, que es entender a aquellos que deberían entenderlo , a aquellos que siendo más viejos, y por tanto, más experimentados, deberían comprenderlo a el y orientarlo. El hogar es el gran formador del carácter del joven. Cuando los adultos adquieran la dignidad, maduren emocionalmente antes de asumir los


compromisos de la procreación, habrá un cambio radical en los paisajes de la familia, iniciándose la época de la verdadera fraternidad. Cuando el sexo sea ejercido con responsabilidad y no agresivamente; cuando los individuos comprendan que el placer cobra un precio, y este, en la unión sexual, aun mismo con los cuidados de los preservativos, es la fecundación, habrá un cambio real en el comportamiento general, abriendo espacio para la adolescencia bien orientada en la familia en equilibrio. Sea cual sea el hogar en el cual se encuentre el adolescente, tendrá el campo para la comprensión de la fragilidad de los padres y de los hermanos, para la valoración de sus meritos. Si no es comprendido u amado, debe esforzarse en amar y comprender, teniendo en vista que es deudor de los genitores, que podrían haber interrumpido el embarazo, y sin embargo, no lo hicieron. El adolescente, siendo esto así, tiene para con su familia, una deuda de cariño, aun mismo cuando sus genitores no se den cuenta del inmenso débitos que tienen para con el joven en formación. Por eso el adolescente debe procurar, entender y disculpar, orando y contará siempre con el auxilio divino que nunca falta y la protección de sus Guías Espirituales, que son responsables por su nueva experiencia reencarnatorio. La adolescencia es aun la fase de amoldamiento, de adaptación, al mismo tiempo de transformaciones que merece y exige paciencia y habilidad psicológica.

La adolescencia es aun la fase de amoldamiento, de adaptación, al mismo tiempo de transformaciones, que merece y exige paciencia y habilidad psicológica. Por un lado existe el interés familiar, que trabaja para lo mejor del educando, más por otro lado se encuentra el grupo social, no siempre equilibrado, en la Escuela, en el Club, en la calle, en el trabajo, conspirando contra las actitudes saludables que se desea ofrecer y que naturalmente atraen al adolescente, porque a el le gusta ser igual que los demás, no llamar la atención, o cuando, se trata de un conflicto, quiere destacar, exhibirse, exactamente porque vive inseguro, experimenta dramas, que oculta bajo el disfraz del cinismo aparente…


Con la tranquilidad del flujo sexual, mediante la reflexión y el trabajo a través del estudio y de las aspiraciones superiores que se deben administrar con cuidado, el pasa a identificarse con el mundo, con las personas y por fin con el mismo. Esa auto-identificación es más demorada, porque es más profunda, prolongándose durante toda la existencia bien orientada por el deber y por las aspiraciones ennoblecidas. El idealismo se torna para el un alimento que debe ser ingerido con frecuencia, a fin de que no haya carencia emocional y pérdida de identidad en el tumulto de las propuestas sociales, económicas y artísticas… En esta fase de inseguridad del adolescente, es necesaria toda la vigilancia para poder auxiliarlo a encontrarse y a definir su ideal en la vida, entregándosele confiado y rico de perseverancia hasta conseguir la meta ambicionada. La perseverancia y el idealismo sin exceso responderán por el emprendimiento iniciado. El adolescente no debe temer nunca al porvenir, porque eso seria limitar las aspiraciones, ni subestimar las lecciones de lo cotidiano, que deben constituir mensajes de advertencia, propias para enseñarle como ha de conseguir los resultados superiores. Siendo así, en ese periodo de formación, de identificación consigo mismo, la docilidad en el trato, la confianza en las realizaciones, la gentileza en la afectividad, el trabajo constante, al lado del estudio que aprimora los valores y desenvuelve la capacidad de entendimiento, deben ser el programa normal de vivencia. Los placeres, los juegos apasionados del deseo, la búsqueda interminable del gozo ceden lugar a los compromisos iluminativos, que diseñan la felicidad en el alma y la materializan en el comportamiento. Ser joven no es, solamente poseer fuerza orgánica, capacidad de soñar y de producir, es sobre todo, poder discernir lo que es necesario hacer, como ha de ser hecho, y para que lo realicemos. La escala de valores personales necesita ser muy bien considerada, a fin de que el tiempo no sea empleado de forma caótica con proyectos de secundaria


importancia, en detrimento de otras labores primacías, que constituyen primera meta existencial, de la cual discurren todas las otras realizaciones. Son infinitas, por tanto, las posibilidades de la vida, limitadas por las circunstancias, por el estado de evolución de cada hombre y de cada mujer, que deben, desde la adolescencia, programar el camino de la evolución y seguir con seguridad, etapa a etapa, hasta el momento de su auto realización. Es imposible garantizar que un adolescente concreto llegará a ser un adulto maduro, responsable y capaz. La influencia de los padres es mucho mayor de lo que se cree. A pesar de episodios frustrantes y al límite de la paciencia manténgase al tanto de su hijo, pues nadie lo va a hacer por usted. Aprenda todo lo que pueda sobre los adolescentes, su mundo es fascinante. No deje pasar la oportunidad de disfrutar de una etapa esencial en el crecimiento de su hijo o hija. · Cuanta más información tenga sobre la adolescencia, mejor podrá anticiparse a los cambios y las decisiones que tome serán mucho más eficaces. · Manténgase al tanto de la vida de su hijo dentro y fuera de la escuela. Una buena relación con los padres es la mejor protección para crecer y explorar el mundo. Sea imaginativo para seguir conectado a su hijo. · El afecto incondicional y unas normas claras, razonables y razonadas son los cimientos para que su hijo se desarrolle y se sienta seguro. · Hable con su hijo de los temas importantes en la vida y no evite los temas delicados o difíciles. · Márquele metas altas pero realistas. Dígale que espera de él su mejor esfuerzo. · Valore la educación, mantenga el contacto con los profesores, y supervise su evolución académica. · Ayúdele a descubrir sus puntos fuertes y elógielo por lo que hace bien.


· Conozca a los amigos de su hijo y a sus padres. Hable con él sobre los amigos, la amistad y las cosas que pueden pasar cuando esté con sus amigos. · No deje a su hijo solo frente a los medios de comunicación y la publicidad. Converse sobre las películas, los video-juegos, las revistas que lee y la música que escucha. · Los valores que usted desea para su hijo tienen que vivirlos en la familia para luego ponerlos en práctica. · Esté alerta ante los problemas graves que pueden surgir durante la adolescencia. Si no puede afrontarlos busque ayuda profesional cuanto antes. · No se desanime ante las dificultades, la mayoría de adolescentes las superan con éxito si los padres están disponibles para ayudarles y no se rinden. · Escuche a su adolescente. Trabajo realizado por Mercedes Cruz Reyes Extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Adolescencia y Vida” por el espíritu Joanna de Angelis y de internet.


Adolescencia y vida segun la doctrina espirita (conferencia ) mercedes cruz